En su discurso del martes 8 de noviembre, Daniel Ortega arremetió también contra el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, y la cumbre mundial sobre el cambio climático que se está celebrando en Egipto.
Se llama cambio climático a la variación global del clima de la Tierra, la cual se debe a causas naturales y a la acción humana. Internacionalmente hay un consenso casi generalizado, acerca de que el modo de producción y el consumo energético mundial generan una alteración climática global, que está provocando graves impactos sobre el planeta y los sistemas socioeconómicos.
Al inaugurar el domingo 6 de noviembre la cumbre sobre el cambio climático, en la que participan jefes de Estado, de Gobierno y representantes de 197 países y territorios, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió que “el cambio está ocurriendo con una velocidad catastrófica, devastando vidas y medios de subsistencia en todos los continentes”.
Por estas palabras del secretario general de la ONU, Daniel Ortega lo atacó en su discurso del 8 de noviembre. “¿Quiénes son los asesinos del medio ambiente?”, preguntó Ortega y él mismo se respondió: “Son los países ricos, son los países capitalistas los asesinos del medioambiente”. Y dirigiéndose al secretario general de la ONU, como si lo tenía ante él, le espetó: “Dígalo, tenga el valor de decirlo».
Según Ortega, “la Tierra está «enfrentando a una pandilla de asesinos que tiene el control de la economía mundial y el control del armamento atómico». Olvidó que en esa “pandilla de asesinos” están Rusia y China, que son sus protectores y forman parte del grupo de grandes potencias que controlan la economía mundial y las armas atómicas.
Pero haciendo caso omiso de la retórica de quienes culpan a los países desarrollados por la contaminación y el calentamiento global —mientras depredan los bosques para lucrarse con la explotación de la madera, y saquean y envenenan la tierra para explotar sus minerales—, lo cierto que el tema del cambio climático es de la mayor importancia. Y hay que enfocarlo con objetividad y sentido de responsabilidad.
Así lo hacen los expertos Andrew Steer y Kelly Levin, presidente y director ejecutivo el primero y la otra jefa de ciencias y cambio de sistema del Bezos Earth Fund. En una publicación de Project Syndicate, ellos informan que “el coste de la energía solar ha bajado 99 por ciento desde que el presidente Jimmy Carter pusiera paneles en el techo de la Casa Blanca en 1979; y 2022 ya parece ser un año de máximos en cuanto a energías renovables…”
Dicen que “cerca de 100 países —representando más de 75 % de las emisiones globales— se han comprometido a alcanzar cero emisiones netas para mediados de siglo. Y Estados Unidos acaba de hacer una enorme apuesta por su futuro verde con la Ley de Reducción de la Inflación, que podría movilizar cerca de 800,000 millones de dólares o más en inversiones relacionadas con el clima”.
Pero también presentan el lado negativo del problema, como el de que con apenas 1.1 grados Celsius de calentamiento el cambio climático ya está generando costes sin precedentes. Y advierten que por el calentamiento han ocurrido últimamente terribles catástrofes medioambientales en Pakistán, China, la Gran Barrera de Coral, el sudeste de América del Norte, el este de la Antártida y otros lugares del planeta.
Señalan los expertos mencionados que “para empeorar las cosas, la guerra de Rusia en Ucrania ha generado una carrera por los combustibles fósiles, y corporaciones, bancos y gobiernos están teniendo más dificultades que lo esperado para cumplir sus promesas climáticas. Vamos en camino a aumentos de temperatura muy por encima del umbral de 2º C establecido en el acuerdo climático de París. Sería difícil de reconocer hoy un planeta así de caliente”.
“Necesitamos un cambio sistémico en todos los ámbitos de la actividad humana —señalan finalmente Andrew Steer y Kelly Levin—, desde cómo cultivamos nuestros alimentos y energizamos nuestros hogares a cómo construimos nuestras ciudades y transportamos nuestros bienes y a nosotros mismos”.
Son planteamientos constructivos, que ayudan a entender el problema y a buscar cómo resolverlo. Lo contrario hacen los que van a las conferencias climáticas a pedir dinero mientras atacan a quienes buscan soluciones. Y los activistas ambientalistas y anticapitalistas fanáticos, que destruyen obras de arte universal porque según ellos así defienden el medioambiente global.