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Fracaso de la ONU en sus dos principales razones de ser

Desde el martes 20 de septiembre se está realizando en Nueva York el debate general del 77 período de sesiones de la Asamblea General de las  Naciones Unidas (ONU).

     En este debate pronuncian sus discursos los jefes de Estado y de Gobierno (o sus representantes) de todos los países miembros, que en la actualidad son 193. Es la oportunidad para que se luzcan hablando de sus países, dando a conocer sus apreciaciones sobre los principales problemas actuales de la humanidad y presentando las propuestas que quieran.

     Los temas centrales del actual debate en la Asamblea General de la ONU son la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la inestabilidad económica mundial causada por la misma guerra, el creciente deterioro del medioambiente, la crisis global de alimentos. No incluye las violaciones masivas a los derechos humanos en diversos países, aunque algunos gobernantes ya las han denunciado.

“No nos hagamos ilusiones”, expresó Antonio Guterres, secretario general de la ONU, al inaugurar este martes 20 de septiembre el debate general de este año en la Asamblea General. Navegamos aguas turbulentas —dijo—. Se avecina un invierno de descontento a escala mundial. La crisis del costo de la vida está haciendo estragos. La confianza se desmorona. Las desigualdades se disparan. Nuestro planeta está ardiendo”.

Guterres mencionó solo indirectamente el conflicto bélico en Ucrania y los crímenes de guerra que Rusia está cometiendo allí. Omitió los crímenes de lesa humanidad que se cometen en otras partes del mundo. Estos son los problemas más importantes que sufre actualmente la humanidad, y su persistencia demuestra que la ONU ha fracasado en sus dos principales razones de ser: evitar la guerra e impedir las violaciones masivas a los derechos humanos.

Según la Carta de las Naciones Unidas su propósito es: “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz…”

Además, como se dice en el portal de la ONU, con su creación la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades contra las personas humanas. Y agrega que “los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento”.

Esa hoja de ruta y compromiso permanente de todos los Estados y  gobernantes es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, esta es respetada solo en los países donde hay democracia. En la mayor parte del mundo se violan de manera impune, inclusive mediante crímenes de lesa humanidad.

Los gobernantes autocráticos alegan que la soberanía nacional está por encima de los derechos humanos, incluyendo el de vivir en libertad y democracia. Pero la soberanía que invocan es la de sus regímenes, no la de las naciones y las personas.

De esto hablan algunos oradores en la Asamblea General de la ONU. Pero solo hablan, no hay voluntad ni capacidad para poner fin a la guerra, ni para castigar los crímenes de guerra y contra la humanidad, y menos para obligar el respeto a los derechos humanos.

Esa es la realidad. Y lo seguirá siendo mientras la mayor parte de países miembros de la ONU no sean democráticos. Mientras haya superpotencias, como Rusia, que con su poder de veto impiden que la ONU cumpla la tarea de evitar la guerra, castigar a los agresores y poner en el lugar que merecen a los violadores de derechos humanos. 

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