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El obispo Rolando Álvarez y la Virgen de la Merced

Monseñor Rolando Álvarez, obispo dela Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí, cumplió ayer un mes de estar preso con casa por cárcel, más los 16 días que estuvo encerrado en la Curia Episcopal de aquella ciudad, víctima del asedio policial.

La salud de monseñor Álvarez se ha deteriorado, dijeron a LA PRENSA fuentes ligadas a la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que por razones obvias no quisieron ser identificadas. Él padece de complicaciones cardíacas que se han agravado, seguramente por el estrés que le causa su crítica situación personal y la persecución que sufre la Iglesia católica.

Hace dos días, LA PRENSA también informó que la Policía prohibió la procesión de la Virgen de la Merced, patrona de Matagalpa, que debía celebrarse este 24 de septiembre y que ha sido siempre majestuosa y multitudinaria. De manera que los católicos matagalpinos no podrán pedir en su procesión a la Virgen de la Merced —quien en la tradición católica es precisamente la abogada de los prisioneros y los perseguidos—, por la libertad de su obispo, sacerdotes y seminaristas presos.

La devoción a la Virgen de la Merced (también llamada Nuestra Señora de las Mercedes) es muy antigua y tiene gran arraigo en Nicaragua. Originado en España en el año de 1218, el culto a la Virgen de la Merced fue traído por los frailes mercedarios que vinieron con los primeros conquistadores españoles. Entre ellos el famoso fray Nicolás Bobadilla, quien en 1528 construyó en León Viejo el primer Convento de la Merced.

Siendo la Virgen de la Merced la abogada de los presos y perseguidos, es oportuno pedirle ahora que interceda por la libertad de los presos políticos de Nicaragua, ante todo del obispo de Matagalpa.

En las actuales circunstancias es apropiado recordar las palabras que dijera monseñor Rolando Álvarez hace tres años, en la misa de la Virgen de la Merced, del 24 de febrero de 2019:

 “Señora de las Mercedes, Señora de las Misericordias —exclamó el prelado matagalpino—, ha corrido sangre de hermanos en este suelo; hermano contra hermano se persigue, se calumnia, se difama, se encarcela al que se ve como enemigo… Se priva de la libertad, pero también se priva de la dignidad. Las cárceles necesitan humanizarse cada vez más  y es doloroso escuchar, en cambio, que muchas veces se les considera lugares de violencia e ilegalidad, donde abundan las maldades humanas…”

El obispo de Matagalpa no podía prever que también él y otros sacerdotes serían encarcelados.  O tal  vez sí, por su reconocida visión profética. Y ahora, en ocasión de la festividad de la Virgen de la Merced, a pesar de que no se le pueda sacar a las calles en procesión, todas las personas católicas estarán rogándole por la libertad del obispo Rolando Álvarez, de los sacerdotes, diáconos y laicos encarcelados y perseguidos, y de todos los presos políticos de Nicaragua.

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