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Desde abril de 2018 las madres que perdieron a sus hijos en la represión han llevado el dolor por dentro, reclamar justicia les ha merecido el exilio forzado a la mayoría. LA PRENSA/ Oscar Navarrete.

Madres de Abril: “Mientras estemos vivas exigiremos justicia”

Comparten el dolor de perder a un hijo. Viven su día a día desde el exilio entre la añoranza de justicia y la incertidumbre de encontrar otro empleo temporal

Limpia casas cuando encuentra trabajo.Tiene ocho meses de vivir en Estados Unidos. Trabaja para los hijos que dejó en Nicaragua. Por 39 meses a su billetera la ha acompañado una pequeña fotografía de su hijo menor, Orlandito, como prefiere llamarlo. Yadira Córdoba, una madre de la Asociación Madres de Abril (AMA) que desde el exilio reclama justicia por el asesinato de su hijo y de todas las víctimas de la represión iniciada en 2018.

Está dispuesta a elevar su voz con firmeza. “Las madres de los asesinados no nos rendimos y vamos a seguir reclamando justicia desde donde nos encontremos”, dice. “A mí no me van a callar y siempre lo voy a repetir que mientras yo viva Orlandito tendrá una madre que hable por él”.

El 30 de mayo de 2018, Yadira Córdoba conoció la tristeza. Su hijo de quince años, Orlando Aguirre Córdoba, fue asesinado de un balazo en la manifestación celebrada en solidaridad con las madres que desde abril habían perdido a sus hijos. “Ese día mi vida cambió para siempre”, dice.

El 30 de mayo, Yadira Córdoba perdió a su hijo Orlando Aguirre Córdoba de quince años. Su vida no volvió a ser la misma. LA PRENSA/ Oscar Navarrete.

De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el ataque a la manifestación opositora dejó 15 muertos y 199 heridos, cifras que fueron proporcionadas por el propio gobierno y estuvieron analizadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

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Yadira reclama justicia para todos los asesinados y culpa al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo por la muerte violenta de su hijo Orlandito Córdoba. “Mi hijo no murió por una enfermedad. No. A mi hijo me lo mataron porque al Estado de Nicaragua no le pareció que alzara la voz”, reprocha.

Separación familiar

Por dos años, Yadira Córdoba estuvo exiliada en Costa Rica. Llegó a ese país huyendo del asedio policial. “Me ofrecieron dinero para callarme y yo me negué porque no voy a vender la memoria de Orlandito. No voy a acusar a gente inocente”, relató vía telefónica.

Orlandito Córdobas era el menor de sus cuatro hijos. Dice que ahora vive separada de los otros tres. El mayor vive en Costa Rica porque al igual que ella recibió amenazas en Nicaragua y sus hijos menores viven en el país, pero quiere llevarlos con ella cuando se encuentre estable. “Yo nunca antes me había separado de mis hijos. La vida nos cambió para siempre a nuestra familia”. En la mente de esta madre se mantiene intacta la memoria de aquel niño apasionado por la música y el fútbol.

A cuatro años de la pérdida de sus hijos estas madres siguen reclamando justicia, libertad y no repetición. LA PRENSA/ Oscar Navarrete.

Los padres de Alvarito Conrado, el adolescente asesinado el 20 de abril de 2018 intentan mantener la memoria de su hijo a la distancia. La familia está separada.Lisseth Dávila viajó al extranjero a reclamar justicia para honrar la memoria de su hijo mayor y su esposo Álvaro Conrado dice que desde ese momento ella recibió amenazas de grupos de choque advirtiéndole que si volvía al país sería encarcelada. “Estoy intentando sobrevivir sin mis hijos. Me toca trabajar y salir adelante por ellos, pero no es tan fácil desde el exilio forzado sin derecho a visitar la tumba de mi hijo”, lamenta Dávila.

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Un sueño mal contado

Nelson Lorío, es padre del bebé Teyler, una de las víctimas más pequeñas de la represión del régimen de Ortega. Tenía solo catorce meses de edad cuando fue alcanzado por una bala en su cabeza aquel fatídico 23 de junio de 2018. Lorío ha vivido los últimos meses en Estados Unidos. Llegó a ese país en busca de refugio para él y su familia.

Cuenta que para pagarse el viaje remató su casa en Managua, pero no tardó en desencantarse de ese sueño mal contado. “He aguantado hambre, he pasado humillaciones y hay gente que se aprovecha porque aquí el trabajo es temporal y mientras uno no tiene papeles es muy difícil tener estabilidad”, dice Lorío.

A Susana López también la necesidad la empujó a abandonar el país. Su hijo Gerald Vásquez fue asesinado de un disparo en la cabeza el 14 de julio de 2018. Cuenta que intentó quedarse en el país, pero las amenazas, los ataques y hasta la discriminación laboral la obligaron a huir de Nicaragua y separarse de sus cuatro hijos menores.

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López tiene casi año y medio de vivir en Costa Rica. Los primeros meses los pasó desempleada. “No es fácil dejar tu vida atrás”, dice mientras explica que ha tenido problemas para conciliar el sueño y ha entrado en fases depresivas. “Los daños no solo son físicos, también emocionales”.

Con los presos políticos

Estas madres coinciden que ellas que han sufrido en carne propia no pueden ser ajenas al dolor de los familiares de presos y presas políticas. “Exigimos justicia y libertad”. Por considerar injusto que las personas que reclaman por familiares asesinados se vuelvan rehenes del régimen.

El GIEI recomendó al Estado de Nicaragua “la implementación de un Plan Integral de Reparaciones”, que repare y compense la violación a los derechos humanos, así como las pérdidas o daños sociales, morales y materiales sufridos por las víctimas.

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Susana López sostiene que Daniel Ortega y Rosario Murillo no se harán responsables de la muerte de su hijo porque criminalizaron las protestas y con la persecución a la iglesia católica y la privación de libertad a sacerdotes demuestran que no van a tolerar más voces críticas en el país. “Nuestro compromiso como familiares es seguirles recordando que a las madres no nos callarán y mientras estemos vivas vamos a continuar exigiendo justicia”.

La separación familiar es una constantes entre las madres que reclaman justicia por sus hijos asesinados desde el extranjero y los hijos que mantienen en Nicaragua. LA PRENSA/ Oscar Navarrete.

La Prensa Domingo
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