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El periodista mexicano Edgar Hernández y Daniel Ortega, durante la celebración del 19 de julio en 2017. LA PRENSA/ ARCHIVO/ TOMADA DE EL 19 DIGITAL

Edgar Hernández, periodista de La ofensiva final: “Daniel Ortega está a tiempo de irse al exilio, de lo contrario le va a suceder un final violento”

El reportero mexicano cuenta cómo el régimen Ortega Murillo lo utilizó a él y a su compañero Pedro Talavera en la celebración del 19 de julio de 2017 y cómo los amenazaron después de que ambos condenaron la matanza de civiles en 2018

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El periodista mexicano Edgar Hernández, uno de los autores del documental La ofensiva final, que narra los últimos 36 días de la guerra entre los sandinistas y la Guardia Nacional de Anastasio Somoza Debayle, cuenta a la Revista DOMINGO como él y su compañero Pedro Talavera fueron utilizados en 2017 por el régimen Ortega Murillo, cuando fueron invitados a la celebración ese año del 19 de julio.

Hernández, de 74 años de edad, también cuenta como él y Talavera fueron amenazados por personas allegadas al orteguismo, en 2018, luego de que ellos condenaron en una carta pública la masacre que el régimen Ortega Murillo desató contra la población civil tras las protestas de abril de ese año.

Tanto él, como Talavera, denunciaron que el régimen Ortega Murillo se ha apropiado de los derechos de autor sobre el documental La ofensiva final. Talavera, quien no habla en esta entrevista, pero está al tanto de la misma, y la apoya, expuso: “Como una muestra más de la violación sistemática del derecho a la información, el gobierno de Daniel Ortega se arrogó los derechos del programa La ofensiva final, grabada, editada y producida por el equipo de noticias del Canal 13 de México. El programa solo podrán verlo los que paguen por los derechos a la televisión nicaragüense. Es el plagio del programa que durante 40 años se transmite en el aniversario de la revolución Sandinista”.

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En la entrevista, Hernández critica a Ramón Fregoso, uno de los mexicanos que también estuvo en Nicaragua en 1979 y era ayudante de cámara del equipo que grabó La ofensiva final, ya que Fregoso apareció recientemente en El 19 Digital apoyando a los Ortega Murillo, luego de que el también periodista mexicano Otoniel Martínez publicó el reportaje “Duele respirar”, en TV Azteca.

¿Cómo está viendo la situación actual de Nicaragua?

Siendo mexicano, me siento verdaderamente congratulado y hermanado con Nicaragua, porque como periodista me permitió la mayor realización que he tenido en mi vida: participar en una revolución. No cualquiera tiene ese privilegio que a veces se traduce en desgracia por el número de muertos que provoca. Pero, observar que una revolución como la nicaragüense, que sucede hace más de cuatro décadas, regresa al punto cero de su historia me parece verdaderamente deleznable. ¿Qué pasó con los guerrilleros? ¿Qué pasó con todo ese grupo libertario? ¿Qué pasó con toda esa gente que luchó por los ideales y se dejó guiar por los que en ese momento eran prohombres y que se convirtieron en un espejo de lo que rechazaron, que se convirtieron en tiranos, como es el caso de Daniel Ortega Saavedra? Para colmo de males lleva a su esposa, que no tiene mayor mérito en la revolución que haber sido una secretaria en el Frente Sandinista, a la vicepresidencia. Alzo mi más enérgica protesta para que se termine esta escalada infernal que ha desatado Daniel Ortega contra sus enemigos. No los va a echar al volcán, pero los tienen en mazmorras y eso me parece terrible, eso me parece una regresión histórica 40 años para atrás que solamente una nueva revolución habrá de salvar.

¿Se refiere a los presos políticos, a Dora María Téllez y a Hugo Torres?

Me estoy refiriendo a los vivos y a los muertos, a los que ya no están, a los que participaron en la insurgencia, a los que se prostituyeron, a los que aceptaron situaciones como Edén Pastora, situaciones contrarias a la causa revolucionaria, a la propia familia de Daniel Ortega, Humberto. Entra en un camino sin retorno Daniel Ortega, en donde encarcela a la familia Chamorro. La causa que dio origen al estallido final de la revolución nicaragüense, que fue el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director y propietario del periódico baluarte La Prensa, hoy regresan la historia al tomarse hace un año las instalaciones del periódico La Prensa y en estos días, en estos meses, mandar al exilio a todos los periodistas, mandar al exilio a toda la Redacción, que se van a Costa Rica, que se van a Guatemala,  que se van Honduras, que se vienen a México. ¿Por qué ese atropello? Si somos los que construimos, los que están en la cárcel y los que estamos en libertad, ayudamos a construir la Nicaragua que queríamos, no la Nicaragua de Daniel Ortega.

En 2017 vino a Nicaragua junto a su compañero Pedro Talavera, invitado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, ¿qué pudo ver?

Pasaron cosas verdaderamente complicadas. Nosotros recibimos una invitación de parte de la embajada, en donde se nos aseguraba que íbamos a hacer objetos de una distinción, de la Orden Rubén Darío, Pedro Talavera y yo. Aceptamos gustosos en el entendido que íbamos a sostener un diálogo con Daniel Ortega, quien ya dejaba ver sus afanes reeleccionistas. No sabíamos de la fuerza y el poder de Rosario Murillo, no sabíamos cómo estaban conformados al estilo Cuba, al estilo Venezuela, todos estos grupos sectoriales de vigilancia y represión, el equivalente a los escuadrones de la muerte de Anastasio Somoza. Llegamos a Managua y nos encontramos con un pueblo alegre, porque Nicaragua es un pueblo alegre. Y nos encontramos también con que nos rinden un homenaje por un documental que forma parte de la historia de la liberación de Nicaragua, que es La ofensiva final. Nos sentimos muy congratulados. Sin embargo, empezamos a notar que ya había signos de autoritarismo, de tiranía, de conducta de carácter dictatorial. Por ello, publicamos (en julio de 2018) una carta abierta en el periódico La Prensa, en donde manifestamos nuestro repudio a la escalada represiva que desató Daniel Ortega.

¿Cómo se comportaron Ortega y Murillo mientras ustedes estuvieron en Nicaragua?

Se comportaron muy desprendidos con nosotros. Sí notamos un exceso de vigilancia hacia nuestro desplazamiento, hacia nuestra conducta. Nos coparon. Me recordó la vieja Unión Soviética, donde no te dejaban salir del hotel si no llevabas una compañía. Recuerdo también el contacto con la población y cómo se acordaban. Ya nosotros viejos, se acordaban de los jóvenes que habíamos trabajado como corresponsales de guerra. Recuerdo también cuando visitamos una de las televisoras que manejan los hijos de Daniel Ortega, que los derechos de autor de La ofensiva final ellos los tenían de manera injusta, porque quienes producimos esa información fuimos los mexicanos que estuvimos ahí presentes. Y yo hice públicamente una declaración en el sentido que el trabajo de La ofensiva final era producto de más de 500 horas de vídeo que habíamos conjuntado 20 reporteros y 35 camarógrafos, en donde no participó ninguno de los hijos de Daniel Ortega. ¿Por qué tienen los derechos de autor? Me parece verdaderamente deleznable. ¿Por qué se los vendieron a una empresa norteamericana? Y para acceder a La ofensiva final, yo que estoy en México, tengo que pagar 16 dólares para ver el documental que nosotros producimos. Es terrible.

¿En qué momento se dieron cuenta de que habían usurpado esos derechos de autor?

Desde el primer momento. Cuando nosotros estábamos revisando a través de nuestra laptop el acceder al testimonial de La ofensiva final, veíamos que nada más se podía acceder en Managua a través del canal oficial. Y yo le decía a Pedro que se me hacía muy raro. A nuestro regreso a México, cuando de nueva cuenta volvimos a tratar de acceder, yo quería dar una cátedra del tema de Nicaragua en la corresponsalía de guerra, yo soy maestro, de 22 años atrás en la Universidad Nacional. Me encontré con que no podía acceder porque violentaba los derechos de autor. Me pareció que era un robo, que era un asalto el apropiarse de un testimonial que ni siquiera pertenece a nosotros del Canal 13, pertenece al pueblo nicaragüense, porque son los testimoniales del triunfo de una revolución.

¿Se sintieron como secuestrados en Nicaragua?

Sí. Además, por las plazas de visita, ya estaban muy atrapadas por autoridades afines a Daniel Ortega. No lo percibíamos en un principio porque había mucha cordialidad, había mucho afecto, pero ya después nosotros sentimos que ya estaba muy atosigante el querernos mover de una manera encapsulada. Eso me dio una mala espina. Sin embargo, era tanta la alegría de la gente en los lugares que recorrimos, como en el caso de León, donde se proclama el triunfo de la revolución nicaragüense, donde estuvimos en Masaya, que fue un lugar tan típico como heroico, realmente se nos iba pasando el tiempo. Ver a Edén Pastora ya muy muy acabado, ya muy en secreto manifestándome la inconformidad contra Daniel Ortega, aunque había recibido ya prebendas de él. Entonces, había cosas que resultaban un poco contradictorias, pero en ese maremágnum, de una visita relámpago, pues a lo mejor lo pasamos por alto, pero no así las consecuencias en contra de la población nicaragüense. Al paso de los días, las semanas y los meses.

¿Edén Pastora se expresó en términos negativos de Daniel Ortega?

Sí, incluso, me decía que debíamos de tener alguna reunión privada. Me decía que nos juntáramos en la embajada para volver a platicar. Ya no se dieron las condiciones por la agenda tan apretada que traíamos.

¿Qué dijo Pastora de Ortega?

No hubo mucha expresión, sobre todo porque había gente del gobierno y él me dijo que no estaba de acuerdo con las cosas, que estaban preparando algo, pero ya no pudimos vernos. Me dejó su teléfono, pero, cuando intenté contactarlo me fue verdaderamente imposible.

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¿Qué imagen se llevó de Daniel Ortega?

La de un hombre mandilón que prácticamente hacía todo lo que le ordenaba su señora esposa. Me llevé la impresión de que no le gustaba mostrarse, digamos, a cielo abierto en el sol. Me decían que le hacía daño el sol. Me llevé la impresión de que era muy titubeante y repetitivo, como si estuviera enfermo. Me llevé la impresión de que siempre portaba, no sé si a la fecha, permanentemente, desde que yo llegué hasta que me fui, las pocas veces que lo vi, traía una chaqueta, una chamarra azul celeste, que la portaba como si fuera su uniforme. También me di cuenta que tenía muy pegado el estilo de Fidel Castro, de discursos largos, largos, largos, larguísimos. Hablaba sin sentido, decía muchas cosas y la verdad es que se volvía ininteligible toda esa arenga y todo ese discurso. Por otra parte, yo le guardé un buen recuerdo de las veces que lo vi, hace 40 años, era un hombre muy diferente al que me encontré ya después en el 2017.

¿Y de Rosario Murillo?

Era muy detallista, muy acaparadora, no dejaba suelto ningún detalle. Tenía un ejército de sirvientes que al más mínimo pestañeo acudían con una disposición a acatarla de manera inmediata. Se veía de que disponía de todo el material, y seguramente económicos, pero se veía que era una mujer que actuaba en una excesiva protección a su marido. Incluso, le señalaba la hora que se tenía que levantar del asiento, a la hora que tenía que decir las cosas, a la hora que tenía que terminar. Era muy gesticuladora. Y me llamaba la atención lo estrafalaria como viste.

En 2017, Pedro Talavera y usted fueron el centro de la celebración del 19 de julio, ¿qué sintió?

Sí. A pesar de que había llegado el vicepresidente de Cuba, hoy presidente, recibimos una atención muy señalada. También la población despertaba un cierto morbo, un cierto apetito por conocernos. Ya viejones conocernos, pero finalmente así fue.

¿Qué pasó cuándo se fueron de Nicaragua?

Ellos (Ortega y Murillo) pretendían mantener la relación de amistad, pero no fue posible ni física ni a larga distancia, porque Pedro vive en la ciudad de México y yo vivo en una provincia que se llama Veracruz. Yo lo que creí, y así lo comenté con Pedro en su momento, fue que, en algún momento, por alguna razón, nos utilizaron como bandera para su causa, reviviendo el origen de la revolución sandinista y la insurgencia de los últimos 63 días y que nosotros éramos una especie de banderas para la causa sandinista, que ya estaba prostituida cuando nosotros la encontramos en el 2017.

“Daniel Ortega está todavía a tiempo de pedir perdón a los nicaragüenses, de reivindicarse, de renunciar e irse al exilio, de lo contrario, lo que le va a suceder es un final violento”

Edgar Hernández, reportero mexciano del documental La ofensiva final.

¿Cómo supieron que fueron utilizados?

Nos dimos cuenta de que había mucha manipulación. Nos dimos cuenta también la manera tan cerrada como nos movían, para no tomar contacto con ninguna postura de carácter disidente. Yo solicité hablar con Sergio Ramírez, porque yo soy amigo de él. Me decían que sí, sin embargo, ya estando allá me entero que él forma parte de una disidencia democrática. Yo intento buscar a doña Violeta Chamorro, pero ya ella prácticamente está recluida o por lo menos no recibe, en mi caso no nos recibió. Percibimos que parecía que ya había dos bandos, un bando que iba pugnando contra la reelección, con afanes de mantenimiento en el poder, y otro bando que no estaba totalmente inconforme. Cuando yo llegué a México, hubo críticas hacia mi persona, que por qué, en mis recorridos, cuando estaba en Nicaragua, usaba el pañuelo rojinegro, con el cual yo me identifiqué. Sin embargo, ese pañuelo rojinegro ya tenía otra connotación, una connotación que reflejaba el autoritarismo y el avance de la nueva dictadura.

Un año después ocurrió la represión de 2018, ¿cómo la vivió?

Empezamos a mirar que ya había una actitud francamente agresiva hacia la población, de parte del gobierno de Daniel Ortega. Y empezamos a observar que había abusos de autoridad y abusos de poder. Empezamos a observar en la prensa internacional como se daba el encarcelamiento de la disidencia, cómo se atropellaba a niños y hasta bebés que fueron baleados. Y así empezó a crecer, de manera paulatina, la escalada represiva, que después se desencadenó con la Iglesia y después con la prensa independiente, no solamente para el periódico La Prensa, para toda la prensa independiente de Nicaragua. Yo traté de hablar con el encargado de negocios de la embajada, aquí en México, y jamás me volvió a tomar la llamada. Acaso alguna vez me mandó algunos boletines. Y ya recientemente, me entero que incluso están utilizando a gentes que se dejaron manipular. Este periodista, este ayudante de camarógrafo, de canal 13, Ramón Fregoso, te quiero decir, que ahora que sale en las portadas y en las entrevistas dándose el lujo de haber participado en una insurgencia que nunca vio, ahora es el baluarte de Daniel Ortega, descalificando a los que sí estuvimos y conocemos la verdad histórica. Yo no entiendo por qué Ramón Fregoso, a lo mejor está recibiendo prebendas, eso no lo sé, pero yo no entiendo por qué Ramón Fregoso se lanza en tan abierta defensa de Daniel Ortega cuando hay una descalificación mundial. Y, además, cómo se atreve a decir que él llevó alimentos a la gente en la insurgencia cuando no era la dinámica de llevar alimentos, era salir a pelear, cómo se atreve a decir que recorrió colonias, cómo se atreve a decir que hay amistad con Daniel Ortega, cuando Daniel Ortega estaba en el norte de Nicaragua, cómo se atreve a decir que él filmó las guerras, los estallidos sociales, cuando él era un ayudante. Y te voy a decir qué es el ayudante de camarógrafo en esa época, es cargar una casetera que traía una vídeo grabación que se conectaba a una cámara. Luis Virgilio Cuevas era el camarógrafo, tesonero de la insurgencia, como José Manuel Nieto, como Pedro Talavera, reporteros como Abel Magaña, que estuvieron en el frente de guerra, como Paulino Cárdenas Cruz, esos sí si realmente se partieron el alma para trabajar a favor de la verdad histórica de la guerrillainsurgente. No Ramón Fregoso que es un aprovechado y sobre todo es un mercenario del periodismo.

Él apareció hace unos días en El 19 Digital hablando a favor del gobierno de Daniel Ortega. Lo hizo después que salieron unos reportajes del periodista de TV Azteca, Otoniel Martínez.

Él adopta una actitud sumamente parcial porque da la impresión de que llegó un acuerdo con alguna autoridad gubernamental. Yo no quiero pensar que se sentó a platicar con Daniel Ortega, porque no tiene ninguna calificación este señor Fregoso. Ramón Fregoso, que yo lo recuerdo, era un jovencillo de escasos 20, 21 años. Era un tipo taimado, un tipo que no hacía nada más que ir a traer a las tortas y comprar los tacos cuando trabajamos en edición, en Canal 13. Él no tenía ninguna representatividad. Cuando yo fui gerente de noticias de Canal 13, él era un ayudante todavía, jamás progresó.

Me decía que ustedes reaccionaron a la masacre que estaba perpetrando el régimen de Daniel Ortega en 2018, ¿cómo fue eso?

Nos empezamos a enterar por las noticias que fluían, a través de la Organización de Estados Americanos, a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a través de la Sociedad Interamericana de Prensa y a través de las agencias informativas y de lo que publicaba su propio periódico La Prensa, que a mí me llega, me llega virtual hasta la fecha, en donde se daba cuenta de toda esta escalada represiva que había desatado el régimen de Daniel Ortega y es cuando nos enteramos de que realmente se había hecho una mascarada con nuestra visita. Por eso publicamos una carta abierta en donde señalábamos que estábamos en contra, en donde incluso nos ofrecíamos a servir modestamente como mediadores para alcanzar la paz social, dada la tendencia que tenemos ante la opinión pública nicaragüense, dado el reconocimiento que tenemos de la ciudadanía, hubiéramos sido útiles, a cambio de nada, a cambio del fortalecimiento de la democracia y la libertad. Hubo silencio como respuesta de parte de Daniel Ortega a la carta que se publicó en el periódico La Prensa.

¿Hubo alguna reacción de parte de personas allegadas a Ortega?

Algunos emisarios, que me voy a permitir omitir sus nombres, porque son colegas periodistas pero que están pagados por el gobierno de Daniel Ortega, me hablaron para advertirnos a Pedro y a mí de la gravedad de la carta. No le dimos mayor caso, menos que esas advertencias iban acompañadas de amenazas. Nosotros trabajamos en una guerra, vivimos lo que es el peligro de muerte, no las amenazas que te mandan telegrafiadas.

Recientemente, Daniel Ortega terminó de confiscar a La Prensa.

Eso lo vemos con enorme preocupación, sobre todo porque México está transitando el mismo camino de Nicaragua. Lamentablemente, desde 2018 que se giró hacia la izquierda este país, sigue las mismas reglas que marca Cuba, que marca Venezuela, que marca Nicaragua, y eso nos preocupa muchísimo sobre todo porque van encaminadas a la eliminación de la libertad de expresión, a callar a la crítica a como dé lugar. Nosotros llevamos una escalada de muerte que está ganando peor que en los países de guerra como en Ucrania, somos el primer lugar en asesinatos de periodistas. 15 han muerto tan solo en este 2022 y ya van más de 70 periodistas masacrados que por el crimen organizado, que por los cacicazgos, que por las autoridades abusivas, etcétera. Pero siempre hay una mano atrás, sobre todo que está escondida por la condena del propio gobierno mexicano, en contra de los periodistas, a los que descalifica e insulta todos los días. Es la misma técnica que tiene Daniel Ortega.

¿Vio los reportajes de Otoniel Martínez?

Sí. Les faltó un poco de objetividad, pero sí dan cuenta de parte de la realidad que está viviendo Nicaragua.

Usted entrevistó a Somoza.

Me gané el premio nacional de periodismo por la entrevista de Somoza. Ello me llevó a refugiarme en mi embajada, allá en Managua. Y de ahí mandaron un avión del Estado Mayor de la presidencia de México a recogerme. Como todavía no llegaba el fin de la liberación de Nicaragua, yo le pedí a mi jefe, que era Joaquín López Dóriga, que me permitiera volver a Nicaragua y él me respondió que no quería niños héroes. Yo le insistí, que, si había cubierto tantos meses la información, desde prácticamente la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, por qué se me negaba seguir participando en la lucha de libertaria. Llegamos a un acuerdo de que yo iba a entrar por Conventillos, al sur de Nicaragua, para que ahí me uniera a la heroica guerrilla sandinista de aquella época, no como la de ahora, en donde la encabezaba Edén Pastora, el comandante Cero y Hugo Spadafora, panameño.

Ya que habló con Somoza, ¿cómo lo valoraría?

Siempre pensé que Anastasio Somoza Debayle era un líder, pero de la maldad. Tenía una mirada profunda. Tenía una estatura y una obesidad que apantallaba, como decimos aquí los mexicanos. Era un hombre que buscaba aplastarte con la pura mirada. Era un hombre que no pestañaba si te desaparecía. Era un hombre que no tenía la menor compasión, si ponía un zoológico con seres humanos. Era un hombre que disponía del ejército, pero sobre todo de un escuadrón de la muerte, similar a los cárteles de México, en donde no te matan, primero te torturan. Luego te vuelven en pedazos y luego te asesinan y después, para que aprendas la lección, matan a tu esposa, a tus hijos, a toda tu parentela, hasta exterminarte, así era Anastasio Somoza.

¿Lo compararía con Daniel Ortega?

No tienen comparación, sobre todo porque no tienen los tamaños. Yo creo que Daniel Ortega no se parece. Es un dictador, pero no se parece a Anastasio Somoza. Y no por elogiar a Somoza, sino porque realmente el manejo que tiene es más forzado que el de Somoza, que te sometía de una forma diferente. Este (Ortega) hace las cosas demasiado toscas, demasiado burdas. No porque las hiciera bien Anastasio Somoza, sino porque hasta para ser dictador hay que saber hacerla bien.

¿Qué mensaje le enviaría a Rosario Murillo y a Daniel Ortega?

A Rosario Murillo, a quien hace 40 años la conocí como una militante menor, y que ahora la veo como vicepresidente, le deseo que ojalá y de veras no se vaya a equivocar porque la equivocación es sobre una pila de cadáveres. Y a Daniel Ortega Saavedra le invito a que reflexione lo que le resta de vida, sea mucha o sea poca, al daño que está provocando al pueblo de Nicaragua, a la cerrazón en aras de una causa ideológica no entendible para los nicaragüenses. Hay izquierdas moderadas, hay izquierdas democráticas, hay ejemplos en el mundo de ellos. Él trae una dictadura disfrazada de una democracia que solamente él entiende y terminó con lo siguiente: Daniel Ortega está todavía a tiempo de pedir perdón a los nicaragüenses, de reivindicarse, de renunciar e irse al exilio, de lo contrario, lo que le va a suceder es un final violento.

Edgar Hernández y Pedro Talavera llegaron a Managua en julio de 2017, invitados por Daniel Ortega y Rosario Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO

Plano personal de Edgar Hernández

Edgar Hernández es de Veracruz, México. Nació el 27 de diciembre de 1947.

Tiene más de cuatro décadas de experiencia periodística, tras graduarse como licenciado en comunicación social en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo de su país en cuatro ocasiones, por sus trabajos como reportero y corresponsal de guerra.

Cubrió la guerra de los sandinistas contra Anastasio Somoza Debayle entre 1978 y 1979, hasta el final de la misma.

En 2017, Daniel Ortega lo condecoró con la Orden Rubén Darío, por su contribución a la lucha contra Somoza, ya que junto a otros periodistas y técnicos mexicano elaboraron el documental La ofensiva final, un documento histórico valioso.

Actualmente es autor de la columna “Línea Caliente”, una de las más leídas e influyentes en el Estado de Veracruz, donde radica.

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