El discurso de odio, violencia e impunidad que repiten Daniel Ortega y Rosario Murillo hace eco en su militancia que, sin reparos, lanzan abiertas amenazas de muerte a todo el que adverse al régimen, con tal de adularlos. Esto es lo que refleja la cuarta entrega de los reportajes que el periodista Otoniel Martínez, de la cadena mexicana TV Azteca, muestra en la serie «Duele Respirar Nicaragua» que transmiten cada mañana desde el lunes 15 de agosto.
«Aquí nosotros no andamos con eso de rencores y cosas, solamente que no se pongan de frente, así de sencillo. Yo sé quienes son, sí se van a ir, garantizado que se van a ir en bolsa plástica y no es amenaza, es una promesa. Se quedan acá y sus cabezas, en la montaña se las vamos a enterrar», le dijo con orgullo un un militante sandinista ante el lente del programa internacional.
«Es polarización encarnada, una posición que no tiene medias tintas, en este país pasas de la luz a las sombras con una sola opinión», asegura el periodista mexicano al concluir la entrega de este jueves 18 de agosto, donde se presenta el contraste político y social que encontró durante su visita a Matagalpa, ciudad situada a 130 kilómetros de la capital.
Orteguistas amenazan libremente
El hombre que se encontraba en un parque de la ciudad de Matagalpa le dio declaraciones al periodista mexicano, pero a diferencia de los opositores que piden anonimato y ocultar sus rostros por temor a las represalias del régimen o la violencia de sus fanáticos, él se mostró orgulloso y amenazante lanzado promesas de muerte mezcladas con opinión, ante las cámaras de TV Azteca.
«Aquí hay hombres y mujeres que aman a esta patria, la patria de Sandino y nosotros queremos a esta madre que se llama Nicaragua y no vamos a dejar que la mancille nadie», advirtió el militante sandinista ante las cámaras.
La cuarta entrega de la serie empieza en Managua, en la rotonda Hugo Chávez, donde una pareja de vendedores de camisetas alusivas a Daniel Ortega, banderas rojinegras y otra propaganda oficialista expresan su admiración por el dictador.
«¿Cuántos líderes de América Latina se acercan al pueblo, a la población, lo abrazan y se toman fotos? El presidente Ortega es el estadista que más fotos tiene con el pueblo», le asegura una vendedora al periodista mexicano que tuvo que entrar clandestinamente al país; y durante su permanencia, burlar el acoso y la persecución policial.
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La mujer también le asegura que «si es necesario empuñar las armas nuevamente para evitar que a usted lo derroquen, nuevamente lo vamos a hacer». Esta afirmación contrasta con el discurso oficial de que durante las protestas sociales de 2018 no se proporcionó armas a los grupos de choque del oficialismo.
Opositores en la clandestinidad pagan
En Matagalpa, el equipo de TV Azteca recorrió algunas calles y entrevistó a varios opositores que narraron el estado de asedio permanente en el que viven. Una de ellas es una profesora que perdió su plaza por participar en las protestas de 2018. Ahora ella ni de empleada doméstica puede trabajar porque si alguien la contrata, la policía llega a amenazar y ordenar que la despidan. Incluso durante la entrevista, una patrulla de la policía asediaba su vivienda
Otoniel Martínez es uno de los pocos periodistas internacionales que, desde la rebelión popular de 2018, logró burlar el cerco que el régimen mantiene también contra la prensa extranjera. Viajó a Costa Rica para desde ahí trasladarse a Nicaragua y entrar en calidad de turista.
Permaneció en el país durante dos semanas. En este tiempo, retrato una realidad que califica como la de un país «fachada», en el que unos pretenden normalidad e incluso bienestar y prosperidad, pero que al acercarse se percibe un clamor de ayuda, miedo e indignación y se repite la frase: «duele respirar». «Duele respirar», la frase que alcanzó a decir el niño Álvaro Conrado, antes de ser asesinado en abril de 2018. Él recibió un disparo cuando intentaba llevar agua a los estudiantes que eran atacados por la policía con bombas lacrimógenas. Aunque fue trasladado aún con vida a un hospital capitalino, ahí además le negaron la atención médica, arrebatándole el último aliento de esperanza para salvar su vida.