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han pasado desde el arresto de nuestro gerente Juan Lorenzo Holmann, y la toma de las instalaciones. Nuestra Redacción está hoy en el exilio. ¿Vas a permitir que la dictadura se salga con la suya?

“Con Rosario Murillo se hace más cruel la posición de la dictadura”

Luis Carrión: “No me siento a gusto llamándome sandinista”

El antiguo comandante sandinista Luis Carrión reconoce en Ortega "un instinto bastante desarrollado para manejar el poder" y considera que la muerte del caudillo del régimen sería "una moneda al aire" para Nicaragua.

Luis Carrión mide cada palabra. Excompañero de Daniel Ortega en la Dirección Nacional del Frente Sandinista, durante los años 80, sabe que todo lo que diga puede ser usado en su contra por grupos que no aceptan a quienes, salidos del sandinismo, se declaran opositores al régimen de Daniel Ortega.

“El hecho de haber estado ahí en algún momento no significa que nosotros no podamos oponernos radicalmente a las viejas y nuevas prácticas dictatoriales de Daniel Ortega”, refuta en esta entrevista, en la que además esboza, desde su punto de vista, una radiografía de la Nicaragua actual, y las posibles salidas a la crisis que vive.

Luis Carrión, de 69 años, es miembro del partido político Unamos, que antes se llamó MRS, y tiene a varios de sus compañeros presos por razones políticas en las cárceles del régimen y muchos más en el exilio. El mismo Carrión debió salir al exilio para no ser apresado. “Nosotros hemos tenido un recorrido de lucha contra Daniel Ortega absolutamente impecable y estamos pagando el precio por eso”, dice.

¿Cómo definiría situación actual de la crisis en Nicaragua?

El régimen no ha logrado superar la profunda crisis política que lo aqueja y que se manifiesta en la falta de reconocimiento internacional, la falta de apoyo interno y la pérdida de una parte, más o menos importante, que lo sostenía. Tal vez no el núcleo duro, más fanático, pero sí de los círculos más externos de gente que de alguna manera aun creía en Ortega como alguien diferente, alguien que podía impulsar un cambio favorable para la población. Esta gente quedó profundamente chocada, desencantada, más cuando se produjeron las masacres de 2018. Y han visto como ha continuado la crueldad, la represión del régimen. Según algunos estudios, hay un grupo grande, incluso dentro de las filas del Frente Sandinista, que no está de acuerdo con que Ortega tenga prisioneros a los líderes políticos, no le creen el discurso de que son terroristas y, por otra parte, sus alianzas, las alianzas que tenía con la empresa privada, con sectores de la Iglesia católica, están fracturadas y no se les ve perspectivas de recomposición. De tal manera que Ortega tiene que recurrir, casi obligatoriamente, al uso de la fuerza para sostenerse y para ejercer alguna forma de gobierno.

Tampoco se ve a Ortega buscando alianzas, más bien se le ve dinamitando alianzas…

Efectivamente. No es porque le convenga, sino que no tiene opción. Ortega sabe que lo que está reclamando la comunidad internacional es el retorno a la democracia o que se sienten las bases para la democracia en Nicaragua: elecciones libres, restitución de los derechos de la gente, justicia para los responsables de crímenes. Eso es algo que Ortega no puede ceder, porque su objetivo es permanecer en el poder. El objetivo de la oposición, y el objetivo de muchos países a nivel internacional, es que se establezca un régimen democrático en Nicaragua. Como no es posible para él recomponer esa situación, pues entonces se va al otro extremo y busca alianzas con China, Irán, Rusia, etc. A nivel interno, en las circunstancias actuales, Ortega está apostado a que haya una cierta reanimación económica en el país y que la gente se vaya olvidando. Con la empresa privada no le interesa recomponer nada a estas alturas, porque no puede darle nada. La legitimidad que le dio en el pasado no se la puede volver a dar en las circunstancias actuales. Por el contrario, la empresa privada se desprestigiaría y se bañaría en la ilegitimidad de Ortega.

Pero se le ve cómodo en esa posición de control del país por medio de las armas y cerrado a todo mundo.

Si. Yo creo que esta cómodo mientras tenga el control de los instrumentos de represión, incluyendo el Poder Judicial, mientras tenga la lealtad de un núcleo duro de fanáticos sandinistas, y mientras la situación económica no entre en una crisis más profunda, que pueda cimbrar la disposición de grupos económicos de nueva factura, que vean que el rumbo que llevan con Ortega es más negativo que la eventualidad de un cambio. Él está apostando a tres cosas: al miedo de la gente, a la corrupción y el interés económico de los grupos que están alrededor de él y a la lealtad de las fuerzas del Ejército, la Policía, el Poder Judicial y otros del sector público.

¿Quiénes estarían sacando ventajas de la situación que vive Nicaragua?

Los empresarios de nuevo cuño que surgieron al amparo del dinero venezolano y de las ventajas que sacaban del Estado y del gobierno de Ortega. También las cúpulas del Ejército y de la Policía deben estar recibiendo prebendas incrementadas con respecto a la situación anterior, porque Ortega necesita asegurarse su lealtad. Algunas empresas internacionales como las mineras, debido a que el precio del oro está altísimo. Todos los demás sectores empresariales, medianos, pequeños, viven en una situación de incertidumbre y temor que los retrae a la hora de invertir. Esos no están ganando, definitivamente.

¿Qué tan sostenible en el tiempo es esta situación?

Es difícil decirlo. Un régimen que no tiene un sustento político, como es el caso de Ortega, es un régimen que está permanentemente inestable, porque su permanencia depende casi exclusivamente del poder de las armas, del uso de la violencia y de mantener al pueblo en un estado generalizado de miedo, de temor. Eso se va acumulando casi siempre debajo de la superficie hasta que comienza a manifestarse, a explotar, a carcomer la indiferencia con la que se sostiene a Ortega. ¿Cuándo va a ocurrir eso? No puedo saberlo. ¿Va a haber otra nueva explosión social? Tampoco lo puedo saber. Pero si veo yo en el mediano plazo un deterioro creciente de las bases de Ortega.

¿Hay oposición en Nicaragua?

Hay un sentimiento opositor generalizado en Nicaragua, y afuera, donde estamos muchos de los que estuvimos en la lucha todos estos años. Las organizaciones opositoras que surgieron como producto de la insurrección cívica de abril 18, están golpeadas. Sus dirigentes nacionales están en prisión y hay una persecución muy fuerte sobre ellas. Pero ahí están. Se mantienen, con organización, vigencia y actividad política, pero obviamente no pueden manifestarse. No es realista pretender que hoy en Nicaragua salga la gente las calles.

¿Quién podría ser la contraparte de Daniel Ortega en un escenario en el que se tenga que negociar o administrar otro estallido social?

En este momento no está muy claro. No hay líderes reconocidos de la oposición en el extranjero, porque en el interior del país no hay ni puede haber. Dentro de la oposición hay grupos que no son democráticos, hay grupos que están hablando de lucha armada, por ejemplo, Álvaro Somoza, que tienen un discurso muy excluyente. La oposición realmente democrática tiene que buscar una convergencia, no necesariamente de todo el mundo, pero sí de los grupos más relevantes, los que tienen algún grado de reconocimiento, aunque sea poco, en el interior del país. La libertad de los reos políticos es crucial para poder construir más rápidamente ese sujeto político. Por eso es esencial que los logremos arrancar de las garras de Ortega.

¿Qué razón tendría Ortega para liberar a los presos políticos?

Independientemente que no se vea en este momento qué ventajas le puede reportar a Ortega la liberación de los presos políticos, eso no quiere decir que no se pueda conformar una situación, ya sea porque quiere quitarse presión, ya sea porque puede ganar algo con algunos gobiernos con los cuales en este momento está alineado. Pueden abrirse posibilidades…

¿Una negociación interna?

No la veo factible en este momento. Los que tendrían que negociar están en la cárcel. Primero los tendría que sacar de la cárcel… Un escenario de negociación con sectores de la oposición, que es de lo único que podríamos hablar para la liberación de los presos políticos, no está sobre la mesa. Es una pregunta demasiado hipotética. No hay condiciones y hay que crear las condiciones que permitan esa posibilidad.

¿Queda algo de aquel viejo sandinismo en que usted militó?

Para mí, de ese viejo sandinismo no queda gran cosa. La revolución se acabó en 1990. Todo lo que ha venido después es simplemente la construcción de un poder familiar, personal. Ya no hay elementos ideológicos, elementos políticos. Yo no veo ideales y valores nobles, de alguna forma, en el comportamiento de los grupos que aún permanecen fieles a Ortega. Ahora lo que hay es orteguismo puro y duro. Hay culto a la personalidad. Hay toda una promoción de él y de Rosario Murillo.

¿Usted se considera sandinista todavía?

Se me hace difícil usar ese apellido porque para la mayoría de la gente no representa nada bueno. Representa todos los crímenes y la represión que se ha venido desarrollando desde el 2018. El sandinismo, como elemento político, había logrado cierto grado de aceptación, porque antes del 2018 el Frente Sandinista había ganado espacios en sectores radicalmente liberales o que habían sido base de la contra. Se le estaba dando un voto de confianza. Pero el 2018 reveló su verdadera naturaleza. Lo que hubo fue una profundización de las heridas que estaban a flor de piel, aparentemente no tan visibles, pero que ahorita han explotado y se ha polarizado muchísimo la sociedad nicaragüense. Yo no me siento a gusto llamándome sandinista.

Hay grupos que eran hasta hace poco simpatizantes del régimen y ahora muestran inconformidad con él. El llamado “Sandinismo Histórico”, por ejemplo. ¿Esos podrían ser factores de cambios?

Pienso que no. Este es un grupo de gente bastante mayor. Ya una parte de ellos ha muerto, otros están enfermos, y tienen agravios, reclamos, pero no cuestionan la esencia del régimen de Daniel Ortega. No lo están cuestionando políticamente. El Chino Enoc reivindicaba ser paramilitar. Este grupo se está debilitando cada día que pasa y no tiene toda la cohesión ni la fuerza necesaria para producir una fractura significativa.

Cuando usted aparece dando alguna declaración hay quienes salen responsabilizándolos de la situación actual, en tanto ustedes fueron dirigentes de una revolución que parió a este régimen.

A mí, Dora María (Téllez), y otros, nos quedó claro desde el 94 la deriva autoritaria y la no renuncia a la violencia como forma política de Daniel Ortega, porque a todo lo largo de los años 90 él estuvo recurriendo a la violencia de diferente tipo para imponer su voluntad a los gobiernos electos. Nosotros rompimos completamente. La mayoría de la Dirección Nacional se apartó, unos pasando a la oposición activa y otros simplemente se apartaron, de tal manera que Ortega quedó solo, y él fue construyendo su poder personal. En los años 80 están algunos elementos que contribuyen a mantener un estilo autoritario, porque en los 80 el Frente Sandinista no tuvo compromiso con la democracia. No estaba entre sus objetivos.

¿Si reconoce que la de ustedes fue una dictadura?

Reconozco que hubo una dictadura en los 80. Definitivamente. Lo importante es que hubo algunos que, una vez que se abrió la puerta para construir la democracia en Nicaragua, comprendimos que había que cambiar el rumbo, que Nicaragua tenía que seguir por ese camino, y desde entonces nos hemos opuesto al régimen de Ortega. Por eso mis compañeros están en la cárcel.

El argumento de estos grupos es que lo que hace Daniel Ortega ahora también lo hicieron ustedes en los años 80.

Me resulta difícil hacer comparaciones exactas. Si creo que hay diferencias entre el autoritarismo de los 80 y lo que yo hoy considero que es un régimen totalitario. El hecho de haber estado ahí en algún momento no significa que nosotros no podamos oponernos radicalmente a las viejas y nuevas prácticas dictatoriales de Daniel Ortega, que en aquel tiempo tenían un contrapeso porque había otras personas que incidían. Ahora es un dictador familiar. Una familia sola. Nosotros hemos tenido un recorrido de lucha contra Daniel Ortega absolutamente impecable y estamos pagando el precio por eso.

Ante estos señalamientos, el MRS en algún momento propuso que se estableciera una comisión de la verdad…

Eso está en el programa de Unamos, antes MRS. Es un asunto que se discutió, no es una cosa que se dijo para salir del paso, sino que está en el programa. Hay que revisarlo todo. Y si alguien tiene responsabilidades por las que rendir cuentas pues tendrá que hacerlo. Y somos serios en eso. Verdaderamente creemos en eso.

¿La crisis de Nicaragua ha llegado a este punto por las particulares personalidades de Rosario Murillo y Daniel Ortega o porque hay un plan que la ha llevado hacia ahí?

Yo creo que hay de las dos cosas. Hay una estrategia forzada por el aislamiento político, nacional e internacional, en que se encuentran, pero también influyen las personalidades. Rosario Murillo tiene, hoy por hoy, una incidencia muy grande en las decisiones políticas que se toman dentro de esa familia, y ella es una persona sumamente rencorosa, llena de odio. Vos podés revisar sus escritos de años pasados, donde vomitaba prácticamente. En sus discursos después del 2018, yo nunca había oído a alguien desgranar tal cantidad de insultos diferentes como los de Rosario Murillo. Yo creo que Rosario Murillo hace más cruel la posición de la dictadura, y hay un ánimo de venganza. Y no solo contra la gente de Unamos-MRS, sino contra todos los que de alguna manera se lanzaron contra ellos, especialmente contra aquellos que en algún momento ellos consideraron sus aliados. Tienen preso a José Adán Aguerri, a Luis Rivas, a Michael Healy, a Álvaro Vargas… Esos eran sus aliados, sus amigos, y de pronto se les voltearon. A nosotros porque nos responsabilizaron de casi todo lo que pasó. Y contra otros también. Pero hay una especial saña contra los que alguna vez ellos consideraron sus amigos.

De Daniel Ortega algunos dicen que es inteligente y otros “atontado”. ¿Qué piensa usted que fue compañero de equipo en la Dirección Nacional?

Yo tengo desde el año 95 de no tener ningún contacto, así que ¿qué evolución puede haber tenido esa personalidad? Para mí es difícil decirlo. Pero a Daniel Ortega muchos lo subestiman. Tiene un instinto bastante desarrollado para manejar el poder, y él no habría llegado a la posición que ha llegado, el control que ha llegado a desarrollar, si no fuera hábil precisamente en ese tipo de cosas. Tal vez no sea alguien demasiado culto, o educado formalmente, pero sí tiene un gran instinto para gestionar el poder.

¿Cree que es real o simulado ese conflicto que hay con su hermano Humberto Ortega?

Yo creo que es real. Lo que pasa es que Humberto Ortega ya no representa nada. Ya no tiene ninguna influencia en el Ejército, y, dentro del Frente Sandinista, Daniel Ortega se ha encargado de desprestigiarlo y de liquidarlo políticamente. Es irrelevante Humberto Ortega.

¿Dónde ve la sucesión de Ortega?

El relevo obvio, inmediato, es Rosario Murillo. Antes de pasar a otras manos, Rosario Murillo va a tener un rol de transición. Es el relevo que le da más confianza a él. Incluso, los hijos son un riesgo en el sentido que no tienen el recorrido político, la malicia, la autoridad, para que los reconozcan dentro de sus propias filas. Después de Rosario Murillo no sé qué es lo que van a hacer para pasar a la siguiente generación, que obviamente es lo que ellos quisieran. Otra cosa es que estos muchachos están acostumbrados a una vida tranquila, a la buena vida, mucho dinero, mucha diversión.

¿Pero sí cree que el mecanismo de sucesión activado es familiar y no de otro tipo?

Si. Lo cual no quiere decir que, si ellos no logran estructurar una transición razonablemente segura a uno de sus hijos, no pueda a ver alguien más. No lo descarto. Pero el objetivo es la sucesión familiar.

¿Qué solución le ve a la crisis de Nicaragua?

Mientras no se fracture el poder de Daniel Ortega, la salida se va a prolongar. Ortega va a salir, pero no está a la vuelta de la esquina. Tenemos que recomponer la oposición, encontrar los espacios para reactivar la resistencia dentro de Nicaragua, consolidar una convergencia de fuerzas opositoras relevantes, y se tienen que desgastar más las bases de sustentación del régimen. Una parte de la solución corresponde a la oposición, otra parte al efecto que puedan tener las sanciones, otra parte a los errores y las contradicciones políticas que el mismo ejercicio del poder autoritario genera, y, por último, a la situación económica, que no va a mejorar en los próximos años. Las cifras económicas que ellos alegremente proclaman son el efecto de la reacción, del rebote, después del Covid, del 18… Pero de aquí en adelante lo que se ve es estancamiento. Crecimientos pírricos, posiblemente inferiores al crecimiento poblacional, y empobrecimiento. Por eso vemos decenas de miles migrando.

¿La muerte de Daniel Ortega, dado su edad, cambiaría las cosas en Nicaragua?

Si eso ocurriera, ahí habría temblores dentro del régimen. Ese es el riesgo de la transición para ellos, y especialmente si es una cosa repentina. Tienen que reacomodarse a la fuerza, porque no todos los sectores que se nuclean alrededor de Daniel Ortega están felices con Rosario, incluso tiene adversarios fuertes dentro del Frente Sandinista y tendría que haber un reacomodo interno. Puede ser que el Ejército tome una cierta distancia… Es una moneda al aire. Pueden abrirse oportunidades para algunos cambios, aunque sean modestos o, por un tiempo, puede más bien profundizarse la represión. Si Murillo tiene temor o se siente insegura, su recurso va a ser profundizar la represión.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 semanas

    Aunque nunca fui Sandinista cuando triunfaron tenia solo 19 anos. Y este comandante nos llamaba la atencion por ser mas guapo. Viendolo ahora me viene la mente la cancion de Pablo Milanes – El tiempo pasa nos vamos haciendo …. bueno el comandate como conocedor de Trova Cubana puede seguir la cancion.

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