El sacerdote jesuita Arnaldo Zenteno Vargas, quien se vio obligado a salir de Nicaragua en agosto de 2023 como consecuencia de la brutal represión de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la Compañía de Jesús, falleció este 10 de mayo a sus 91 años de edad.
El jesuita de origen mexicano llegó a Nicaragua en 1980 y desde ese momento buscó crear diversos proyectos sociales en beneficio de población más vulnerable, entre ellos mujeres, niños y niñas. La Compañía de Jesús informó su deceso este viernes.
La abogada y autora del Informe Nicaragua ¿Una Iglesia Perseguida?, Martha Patricia Molina, escribió en su cuenta de la red social X un emotivo mensaje. «Fallece hoy 10 de mayo 2024, a sus 91 años de edad, en San Salvador. Con gran gratitud con Dios por la vida y también por la tierra que lo adoptó por años, Nicaragua».
Asimismo dijo que «también con gran dolor en su corazón por que se le negó la oportunidad de ser sepultado en la tierra que él eligió para que descansaran sus restos al momento de su fallecimiento».
Quería ser sepultado en Nicaragua
Molina dijo a LA PRENSA que el jesuita «sufrió mucho al dejar Nicaragua en 2023, pero era peligroso que siguiera en el país. La comunidad está consternada».
Asimismo reveló que en su lecho de muerte, el jesuita preguntó por el preso político Carlos Bojorge, quien permanece encarcelado desde el 1 de enero de este año en las celdas del Sistema Penitenciario Jorge Navarro, mejor conocido como La Modelo.
«Quería saber si habían noticias de él, cuando Carlos escribía poemas se los llegaba a enseñar a él y a leérselos», mencionó Molina.
A su vez, aseveró que sin duda es «una dolorosa pérdida para el país. El padre Arnaldo dedicó años de su vida y de su ministerio a los más vulnerables de Nicaragua. Debido a la persecución indiscriminada e ilegal de la dictadura sandinista a la Iglesia católica y a los jesuitas, él junto a varios de sus hermanos religiosos tuvieron que salir del país».
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El exiliado Larry Ruíz Hernández, coordinador del Centro San Óscar Arnulfo Romero, en el Barrio Memorial Sandino, en Managua, declaró a este Diario que «en varios momentos el sacerdote sufrió mucho mi exilio, y la detención de Carlos Bojorge, porque era un joven que lo visitaba para compartirle sus poemas y escritos. Bojorge es miembro de las comunidades de base».
Entre los proyectos que recuerda Ruíz que fundó el sacerdote jesuita está Ollas de Soya, Natras, Casa Hogar, Samaritanas y la Escuela Técnica Comunidades Eclesiales de Base (CEB). «Las fundó en los barrios, trabajó mucho con la gente del campo y sencilla. A nosotros nos duele su partida, porque se fue soñando una Nicaragua mejor. Él estuvo 44 años en Nicaragua, es de origen mexicano y él quería ser enterrado en Nicaragua», mencionó.

Molina por su parte señaló que «Nicaragua era su patria, el lugar donde quería morir. Nos queda continuar su legado y no dejar de exigir democracia y libertad y también seguir alzando la voz por la libertad de los presos políticos incluidos Carlos Bojorge de quien no sabemos nada y tememos que le haya ocurrido lo peor después de haber denunciado que estaba en manos de la dictadura nuevamente lo desaparecieron».
Tenía problemas de movilidad
En una publicación oficial, la Compañía de Jesús compartió los detalles de cómo ocurrió la confiscación a la comunidad jesuita que vivía en el campus de la Universidad Centroamericana (UCA), en ella indicó que tanto el padre Zenteno como Richard Vélez, nicaragüense, ambos con problemas de movilidad, tuvieron que dejar Nicaragua por el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, acompañados por el escolar Herlin Samayoa, el miércoles 23 de agosto.
Ese día el Ministerio de Gobernación (Migob) ahora Ministerio del Interior publicó en el Diario Oficial La Gaceta la cancelación de la personería jurídica de la Asociación Compañía de Jesús de Nicaragua con la que legalizaron la toma de la residencia jesuita.
De hecho, el sacerdote jesuita José María Tojeira, el vocero designado de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús para atender las consultas sobre Nicaragua, confirmó en entrevista con LA PRENSA la salida de varios sacerdotes a El Salvador.
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«Hemos traído para El Salvador a dos padres ancianos: Richard Vélez, de 85 años, es nicaragüense, y Arnaldo Zenteno, mexicano, de 90 años, que están mal de salud, tienen dificultades de movimientos, ambos están la mayor parte del tiempo en silla de ruedas, por lo que no veíamos conveniente ante cualquier emergencia o situación que quedaran ahí en Nicaragua», indicó.
La dictadura Ortega-Murillo propinó la peor embestida a la UCA el pasado 15 de agosto cuando la acusó de «terrorismo» y ordenó la confiscación de todos sus bienes, mediante el oficio girado por la jueza Gloria María Saavedra Corrales, y dos días después el Consejo Nacional de Universidades (CNU) creó e inauguró en las instalaciones robadas a la universidad jesuita, fundada en 1960, la Universidad Nacional Casimiro Sotelo Montenegro.
El 23 de agosto, el régimen orteguista canceló el funcionamiento de los jesuitas en Nicaragua y ordenó confiscar los bienes a la Asociación Compañía de Jesús, una orden religiosa de la Iglesia católica, fundada por Ignacio de Loyola, en 1540. Sus miembros son popularmente conocidos como jesuitas, y se caracterizan por realizar votos de pobreza, castidad y obediencia.