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Solidaridad centroamericana con el pueblo de Ucrania

La cumbre del Mercosur que se reunió la semana pasada en Paraguay, no permitió la participación telemática del presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky.

El Mercosur está integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. A título individual los gobiernos de esos países se han solidarizado con Ucrania, o han repudiado la guerra de Rusia. Pero el Mercosur “no tiene principios ni intereses”, ni siquiera tiene claro que pertenece a Occidente, según ha opinado sarcásticamente en un artículo publicado en Infobae, el académico de origen argentino y analista de política internacional, Héctor Schamis.

Como en compensación, en Centroamérica el presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, envió un mensaje de solidaridad al mandatario ucraniano. Y el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, llegó el lunes de esta semana a Kiev para manifestar personalmente su solidaridad con el pueblo de Ucrania.

Por cierto que Giammattei es el único presidente latinoamericano que ha ido a Kiev con ese noble propósito. Casi todos los gobiernos de América Latina y el Caribe han repudiado la guerra de Rusia contra Ucrania, con declaraciones oficiales, mensajes en las redes sociales o llamadas telefónicas al presidente ucraniano. Pero ninguno, salvo el de Guatemala, se ha atrevido a ir a Ucrania para manifestarlo en el mismo escenario de la guerra. Sin embargo, la agresión rusa solo ha sido apoyada por los gobernantes de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Al recibir al presidente de Guatemala en Kiev, Zelensky dijo que “es crucial que esta visita tenga lugar ahora mismo, durante la guerra brutal y colonialista de la Federación Rusa contra nuestro pueblo… Solo juntos se puede proteger el mundo, solo juntos se puede proteger el orden jurídico internacional”.

El líder ucraniano, convertido en héroe internacional por su resistencia a la agresión rusa, agradeció al presidente de Guatemala “por su apoyo claro y consistente a la integridad territorial de nuestro Estado, a la protección de nuestra soberanía, por su posición inalterable sobre la protección de los derechos humanos y el derecho fundamental de toda nación a la libertad e independencia”.

A su vez, el presidente Giammattei recordó que la carta constitutiva de las Naciones Unidas “reafirma la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, pero sobre todo el derecho de naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto de las obligaciones emanadas de los tratados y otras fuentes del derecho internacional…”

Ciertamente, la línea divisoria entre quienes practican y apoyan la guerra y el bandidaje internacional, y los que defienden a los pueblos agredidos y abogan por la paz, fue establecida desde 1948 en la Carta de las Naciones Unidas, cuyo artículo 1 dice que para mantener la seguridad internacional es necesario “suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz, y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz”.

Es contra ese principio básico de la convivencia pacífica internacional, que está actuando el presidente autocrático de Rusia con su guerra de agresión contra Ucrania, comportándose como un brutal forajido mundial.

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