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Es imposible no sentir el deseo de inclinar nuestra admiración hacia el equipo de niños que luego de 52 años de ausencia, ha vuelto a insertar a Nicaragua en un Mundial de Pequeñas Ligas de Williamsport. Su labor fue extraordinaria y constituye un ejemplo de tenacidad y determinación para transformar en realidad esos sueños que a veces parecieran imposibles.
Este equipo, cuya base es la 14 de Septiembre, zona de gran historial en las Pequeñas Ligas en nuestro país, fue un claro dominador en el torneo, sobreponiéndose a la derrota 9-6 ante Venezuela, equipo al que noqueó 10-0 en cinco entradas en el duelo cumbre de la Final y en el cual estaba en disputa el boleto para el torneo Mundial en el estado de Pensilvania.
Y si existe un deporte tan colectivo, tan urgido del aporte bien articulado de todas sus áreas, ese es el beisbol. Y este equipo lo tuvo. El bateo fue una agresión constante, siempre tuvo la fórmula para descifrar a los oponentes. Los defensores fueron precisos y avispados y con buen dominio técnico, mientras los lanzadores resultaban el gran soporte para la gran actuación.
Sin embargo, párrafo aparte merece Luis García, quien resultó el pelotero más importante del torneo. García fue merecidamente el Jugador Más Valioso y se adjudicó siete lideratos que resaltan su trascendencia en un equipo bien estructurado. Además, mostró una notable firmeza temperamental y madurez, para responder a las expectativas que había sobre él.
García fue líder de bateo con .636 (11-7), anotadas (7), empujadas (8), jonrones (2), bases alcanzadas (16) y slugging (1,455), lo que demuestra su dominio absoluto desde el aspecto ofensiva. Y agregó su liderato en efectividad (0.00) para terminar convertido en el mejor lanzador también. Esa presencia tan abrumadora no tiene precedentes en estos lados.
Claro, no solo Luis hizo el trabajo. Fue un equipo de niños bien orientados, adiestrados y comprometidos en la búsqueda de una meta en común, pero su trabajo fue sensacional y despierta ilusiones sobre lo que podría llegar a conseguir en el futuro, algo que nadie sabe, pero es normal imaginar mucho después del masivo despliegue de talento que realizó.
Ahora viene el Mundial y esas son palabras mayores. El nivel de exigencia es más elevado y va a demandar no solo del mejor esfuerzo de todos estos niños, sino también de quienes los rodean y los han apoyado hasta ahora: entrenadores, padres de familia e instituciones estatales, a fin de brindarles las mejores condiciones para un correcto adiestramiento.
No hay mucho tiempo por delante. El Mundial inicia para los nicas el 17 de agosto, pero pase lo que pase en el torneo en Williamsport, estos chavalos se han ganado el respeto y la admiración de todos los fanáticos del beisbol nacional que de una u otra forma estuvieron atentos a su brillante faena durante el torneo latinoamericano que concluyó con éxito.
Después de 52 años, Nicaragua vuelve a decir presente en un Mundial de Pequeñas Ligas. La esperanza de todos es que se haga un buen trabajo y que al final, pase lo que pase, los niños aprecien la experiencia de esta participación y que les convenza de que es posible hacer realidad esos sueños que a veces nos parecen imposibles, pero que están al alcance.
Por ahora seguimos apreciando su gran trabajo. Fueron unos niños jugando como hombres, con arrojo, determinación y madurez, sin ocultar la emoción sincera que solo ellos pueden expresar. Desempeñaron cabalmente su papel. Lo hicieron muy bien. Felicidades.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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