Durante la celebración de la misa de este domingo en que la iglesia católica celebra la festividad de Corpus Christi, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez pidió a los católicos no ser indiferentes ante el dolor ajeno. Pidió no olvidar a los presos políticos ni a los exiliados, y no escudarse en la excusa de que no se puede hacer nada por los que nos necesitan, porque siempre hay lago que se puede hacer.
«Dejemos que el dolor ajeno nos toque el corazón, suframos, recemos y hagamos todo lo que podamos por ayudar a los demás. No olvidemos al pueblo ucraniano, víctima de una guerra feroz de invasión. Pensemos en los exiliados que huyen, exponiéndose a graves peligros, para sobrevivir. No olvidemos a los presos políticos, encarcelados injustamente y maltratados con crueldad», dijo el obsipo Báez durante la celebración de la misa dominical en la la iglesia Santa Agatha, en Miami, Florida, Estados Unidos.
El líder religioso que salió de Nicaragua desde hace tres años, pidió vencer la indiferencia ante el encarcelamiento injusto y el cruel maltrato que reciben los presos políticos.
«Levantemos nuestra voz, recemos, hagamos algo, no dejemos que el mal y la injusticia se impongan por nuestra indiferencia. La eucaristía nos dará la fuerza de ser solidarios y practicar siempre la caridad», pidió el obispo.
No podemos poner la excusa «no se puede hacer nada»
Además, recordó que la eucaristía es el antídoto y la vacuna más eficaz contra la indiferencia y el egoísmo porque nos ensancha el corazón para amar a los demás.
«Quienes nos alimentamos de Jesús en el pan eucarístico no podemos vivir de espalda a las necesidades de los otros. Hay mucha hambre alrededor nuestro, hambre de consuelo y de amor, hambre de pan. Pero también hambre de una sonrisa, de una mano tendida, hambre de esperanza, hambre de luz. No podemos poner como excusa que no es problema nuestro o que no podemos hacer nada», aseguró monseñor Baéz.
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Según el obispo, para que «vivamos con dignidad y no perdamos la esperanza», Jesús está pendiente y se preocupa por las necesidades de todos. Del que no tiene trabajo, el enfermo, el que necesita legalizar su situación migratoria, los padres que luchan por llevar el pan a la familia o pagar el alquiler.
Pero también a través de la eucaristía enseñó a su pueblo a vivir como hermanos o a no ser indiferentes antes las necesidades de los demás. E insistió e que no podemos ampararnos en la excusa de que «no se puede hacer nada», porque siempre hay algo que se puede hacer