¿Cuándo tendremos otro Alexis Argüello?

Setenta años después de su nacimiento, Alexis Argüello sigue siendo un rayo de esperanza, una invitación a la superación que todos tenemos

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Aun cuando el éxito es un pedestal que hace ver a los hombres más grandes de lo que en realidad son, Alexis Argüello nos pareció siempre muy cercano. Su personalidad carismática, controversial y sin fingimiento, nos permitió apreciar los innumerables dramas humanos, desde la fragilidad al heroísmo, mientras dejaba huellas que brillan incluso más a través del tiempo.  

El pugilista, nacido un día como hoy, pero hace 70 años en Managua, fue además un genio sobre el ring. Daba el aspecto de ser un atleta rudo, flaco y hasta un poco intimidado, pero en realidad era una fiera, con una pegada devastadora y aguante granítico, que se movía con precisión, mientras manejaba sus manos como un carnicero que acierta siempre en el blanco.

Este atleta, el más popular en la historia de Nicaragua, fue justo quien colocó a nuestro país en el mapa deportivo mundial. Después de arrancar con un tropiezo ante Ernesto Marcel, el nativo de Monseñor Lezcano escribió una de las historias más brillantes en el recuento de todos los tiempos, mientras capturaba tres títulos mundiales y un prestigio que no se arruga.

Sus peleas contra Rubén Olivares, Alfredo Escalera, Ray “Boom Boom” Mancini, Andy Ganigan, José Luis Ramírez y tantas otras más, hasta llegar a sus escalofriantes duelos con Aaron Pryor, cuando trató de escalar una montaña hasta ese momento no alcanzada por nadie, son el mejor testimonio de la gran calidad de Argüello, quien nunca dio ni pidió tregua.

Y consiguió todo eso sin perder la sonrisa, con una amabilidad exquisita y sin creerse el genio que realmente era, quizá porque en realidad comprendió que la grandeza de un ser humano radica en el trato y el respeto que mostrás hacia los demás y no en tu ambición personal o en las conquistas que hayas conseguido y Alexis había logrado muchas como pugilista.

No fue alguien que condicionó su conducta para agradar a los demás o por temor a ver destruido su prestigio, fue más bien espontáneo, de palabra directa, sin retóricas ni rodeos. Cercano a la gente, fundido entre las masas y entró tan hondo en el sentimiento popular que Alexis no se equivocaba ni cuando se equivocaba, mientras la admiración crecía día a día.

Es una pena que ya no esté entre nosotros, pero su recuerdo florece a diario y su obra es una invitación a la superación personal que todos tenemos sin importar el ámbito en el que nos movemos. Setenta años después de su nacimiento, no cabe duda que Argüello fue un rayo de luz y esperanza, alguien, que como diría Voltaire, desempeñó cabalmente su papel de hombre.

Dejó un registro de 77-8 y 62 nocauts, tres coronas mundiales en categorías distintas (126 libras, 130 y 135), pero sobre todo dejó muy alta la vara por la que se mide a los boxeadores del futuro, ninguno de los cuales parece amenazar su hegemonía porque no es fácil juntar tan calidad en el ring y tanta calidez fuera de los entarimados y todo eso lo tuvo el gran Alexis Argüello.

¿Cuándo tendremos otro? Tal vez cuando tengamos otro Rubén Darío u otro Dennis Martínez.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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