“Mi propio cerebro es para mí la más misteriosa de las máquinas, siempre excitado con un zumbido continuo, volando hacia las alturas para después caer en picado y hundirse en el barro. ¿Y por qué? ¿Qué persigue esta pasión?” Virginia Woolf (Autora inglesa, 1882-1941)
Recuerdo aquel viernes por la tarde hace 5 años, sentada frente al escritorio de mi psiquiatra de turno, escucharlo decir: «Lo que usted tiene es trastorno bipolar” y se me viene a la mente cuando le pregunté: «¿Está seguro, no es una depresión pasajera y ya?» Y él con mucha seguridad me dijo: «No, tenés trastorno bipolar tipo 2». Tenía 25 años, ya estaba maternando a mi hijo y ya ejercía como psicoterapeuta. ¡Todo fue tan confuso por varias semanas!
Imagínense que, aun siendo psicóloga, yo tenía muchos miedos, temores, dudas, me parecía abrumante el hecho de tener una enfermedad crónica impredecible con respecto a las crisis que podría presentar a lo largo de mi vida, me parecía injusto tener que abandonar el alcohol, las trasnochadas, las drogas, la vida sedentaria solamente por tener un trastorno mental. Me atemorizó tanto la idea de «voy a dejar de ser yo” y me recuerdo muy enojada, con esta sensación de injusticia y derrota.
Transité algunos meses en la confusión y el enojo, luego fui comprendiendo que lamentablemente las personas no escogemos tener trastorno bipolar, así como tampoco lo hacen quienes tienen diabetes o artritis. De hecho, el trastorno bipolar es una de las enfermedades mentales más frecuentes, incide entre el tres y cinco por ciento de la población adulta mundial, y afecta tanto a hombres como mujeres, así como a niños.
El diagnóstico
El trastorno bipolar es una enfermedad que origina cambios importantes del estado de ánimo, desde una infelicidad profunda a un estado de euforia intensa, o estados mixtos en los que la excitación se mezcla con sentimientos de profunda tristeza. En algunas ocasiones es como vivir una montaña rusa que nunca se apaga, que cansa, que agota y que nunca se le ve un fin. La depresión o la hipomanía o manía, pueden presentarse durante semanas o meses y muchas veces puede incapacitar el funcionamiento de una persona.
Uno de los aspectos más desafortunados del trastorno bipolar es que las personas viven durante muchos años con un diagnóstico equivocado o sin siquiera haber sido diagnosticadas, y esto significa que el estado mental de la persona se deteriora y su salud física también se ve afectada. Para mí fue importante ponerle nombre a lo que me pasaba, me trajo un cambio positivo a mi vida porque empecé a darle respuesta a muchos síntomas que tenía y no entendía, me ayudó a dejar de sentirme “loca” y tener mejor conocimiento de quién soy yo en realidad y qué es parte del trastorno.
Por otro lado, estaba enfrente de un momento importantísimo en mi vida. Empecé a sentir que necesitaba reconstruir mi vida para poder conocer qué era el trastorno bipolar, qué hacía conmigo, cuáles eran los síntomas de la bipolaridad y cuáles aspectos eran totalmente de mi personalidad. También significó luchar contra los prejuicios y estigmas que yo misma tenía y mucho coraje para enfrentar lo que las personas a mi alrededor pudieran decir. La buena noticia de mí, es que casi nunca me ha importado la opinión de otros y eso fue algo en lo que no tuve que ponerle tanta atención; pero resulta que esta no es una realidad para todos.
¿Qué es ser normal?
Mi mayor miedo en ese momento era “nunca voy a poder llevar una vida normal”, pero realmente: ¿Qué es una vida normal? ¿Cómo supuestamente tenemos que ser para ser normales? He comprendido en todo este proceso que es cierto que he tenido que venir haciendo cambios importantes, pero que no tienen que ser negativos, sino todo lo contrario.
Podemos tener bipolaridad y tener una vida funcional, pero siempre tenemos que recordar que podemos ser de esos bipolares que se cuidan, que cuidan su higiene del sueño, que se toman sus medicamentos, que visitan al psiquiatra y a la psicoterapeuta, que no le dejamos solamente la responsabilidad a los medicamentos, sino que nos hacemos responsables de que también necesitamos poner de nuestra parte para poder estar estables.

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