Este próximo 3 de abril, la ciudadanía costarricense deberá volver a las urnas para —una vez más— expresar su voluntad y ejercer el derecho al sufragio universal entre dos candidatos: José María Figures Olsen (Liberación Nacional) y Rodrigo Chaves (Progreso Social Democrático). Una segunda vuelta que mantiene en expectativas a la mayoría de la población, sobre todo porque se juega el futuro del país.
Dos aspirantes presidenciales: uno que ya fue presidente y con alta experiencia en la gestión pública y un exministro de Hacienda de la actual administración Alvarado Quesada, proveniente de un partido nuevo y que no se sabía nada sobre él, salvo por sus medidas keynesianas al frente de Hacienda y que fue funcionario del Banco Mundial. Pudiéramos decir: dos hombres con el conocimiento necesario para aspirar a ser Presidente de una de las democracias más antiguas y sólidas de este Hemisferio.
Sin embargo, existen diferencias abismales entre ambos candidatos. El futuro económico de Costa Rica no es lo único que está en juego, sino su democracia, sus instituciones, su Estado de Derecho. Cuando se oyen declaraciones del candidato Chaves amenazando a la prensa independiente, pretendiendo vulnerar las funciones de los Supremos Poderes en base al capricho que le caracteriza, tratando de desprestigiar la imparcialidad del Tribunal Supremo de Elecciones, estamos frente a la imagen y acciones de un populista, con altas probabilidades de autocracia y llevar a Costa Rica a un retroceso institucional sin precedentes en su democracia pacífica y desarmada.
Al oír y verlo, no solo pensamos en Daniel Ortega con quien aspira a tener una relación cordial, imaginamos la corrupción de Honduras, la impunidad de Guatemala y la senda autocrática que El Salvador ha iniciado. Costa Rica ha sido la excepción en Centroamérica, ha caminado en base a los principios que sostienen el orden constitucional, ha progresado en derechos humanos y sus instituciones parecen hoy amenazadas; un escenario hostil y peligroso en una región altamente marcada por el populismo y el caudillismo.
Rodrigo Chaves no puede ni debe ser presidente. Este país ha recorrido una historia ejemplar, un camino democrático que no merece se extinga por caprichos de dictadorzuelo en potencia, que una vez colocada la banda presidencial, asalta los Poderes, erosiona la institucionalidad democrática y la alternabilidad en el ejercicio del poder se vería nublada, pues, los populistas no tienen el mínimo respeto por los auténticos límites que establece la Constitución.
Por último, Chaves tampoco puede ser presidente, puesto que sin equipo, sin gente, sin claridad en el plan de gobierno, improvisaría. Costa Rica no merece esto, merece ganar. ¡Cuidado, Costa Rica! Se juegan el hecho que, con un aspirante así, no viva más ni el trabajo ni la paz.
Nicaragüense exiliado en Costa Rica.