¿Qué pensarían si les digo que el cielo tiene que ser de color violeta, porque a mí me gustaría que fuera así? ¿Qué pensarían si les digo que el COVID tiene que terminar hoy mismo porque yo necesito que sea así? Quizás algunos pensarán que estoy loca y que el cielo no puede ponerse violeta, ni la pandemia va a terminar solamente porque yo lo deseo así.
Y es que, por mucho que yo quiera que pase algo o porque algo me gusta mucho, no significa que tenga que pasar. Nos pasa con las expectativas, estamos deseando que las personas nos traten de una manera, que mi pareja tenga detalles grandísimos conmigo, que en mi trabajo me suban el salario, que en un mes voy a bajar 20 libras en el gimnasio, que voy a ser la mejor en mi trabajo siempre, y así vamos, llenándonos de deseos que no siempre se van a realizar, pero que de igual manera queremos que así sea.
Andamos por la vida con expectativas irreales, exigiendo “lo que debe ser”, aunque la vida nos enseñe lo contrario.
Jean Piaget, uno de los grandes estudiosos en el desarrollo de la inteligencia, explicaba que los niños confunden su mundo interior con el exterior. Es decir, a veces creen que con sus pensamientos pueden hacer que las cosas sucedan. Por ejemplo, si estoy muy molesta con mi papá, mi pensamiento puede hacer que él se tropiece. Piaget lo denominó pensamiento mágico; esto es, creer que por desear algo, esto va a suceder. Este tipo de pensamiento desaparece cuando el niño cumple siete años, según este autor. Sin embargo, parece que no siempre es así y que, de adultos, aunque estemos sanos, caemos en la creencia de que el mero deseo conduce a que ocurran las cosas.
Las expectativas son como suposiciones de lo que creemos que “tiene que ser”, son como fantasías de cosas que queremos que pasen, o cosas que no queremos que pasen; esto nos trae mucha frustración y decepción cuando vemos que nada de lo que está en nuestra cabeza pasa.
No tener expectativas
Esperar no tener expectativas en absoluto es imposible. No se trata de no tener expectativas, sino de saber cuáles expectativas tener, cuáles son sanas y cuáles no.
Todos venimos creciendo con expectativas: Expectativas del mundo, de cómo deberíamos comportarnos, de cómo la gente debería tratarnos, de cómo nuestra pareja tiene que ser. Tenemos muchísimas expectativas sociales, y realmente es muy cansado porque constantemente buscamos como cumplirlas y generalmente no nos detenemos a cuestionarlas, simplemente las hacemos porque “así debería de ser y ya”.
¿Sabían que nuestro autoconcepto está cargado de expectativas? Sí, de las que nuestros padres tienen sobre nosotros desde que somos unos chiquitos, de lo que nos dicen nuestros profesores, nuestras amistades, nuestra religión, nuestra pareja. Y aquí es necesario preguntarse, ¿Cuáles son mis expectativas y cuáles son de otras personas? ¿Para qué me sirve a mí tener tantas expectativas, acaso vine a este mundo a cumplirle a los demás y no a mí?
¿Problema con las expectativas?
Cuando las expectativas te ahogan, te pesan y te agobian cuando nunca las cumplís y empezás a frustrarte pensando que no sos lo suficiente bueno en nada porque nunca llegás a donde querés llegar.
Mientras más específica, rígida y exacta sea tu expectativa, por ejemplo “tengo que tener una pareja para toda la vida para ser feliz”, existen más probabilidades que terminés sintiéndote frustrada, inútil e insuficiente. Por qué a ver, ¿Qué va a pasar el día que termines con tu pareja o estés en un tiempo de soltería? ¿Qué va a representar eso para vos?
Y, por otro lado, depositar expectativas en otras personas, es algo que está fuera de nuestro control, por ejemplo, si yo pongo todas mis expectativas en mi pareja, ahí vamos mal, porque primero esa persona es dueña de su vida y él o ella decide como actuar. Si yo estoy esperando algo que no llega, estoy condenada a la insatisfacción en pareja de por vida.
Sé que no nacemos sabiendo armar expectativas sanas. Les cuento que yo aún me encuentro en el camino de aprender a trabajar con ellas para no sentirme decepcionada, ni frustrada por lo que pasa o no pasa.
Algunos tips para bajar expectativas
- Observá cuáles imágenes formaste de las personas que te rodean y de qué maneras las expectativas que tenés de ellas influyen en tu comportamiento en la relación con estas personas.
- Sentate a preguntarte: ¿Qué estoy esperando de las personas de mi alrededor? ¿Qué es eso que quiero de mi mismo y nunca alcanzo?
- Responsabilízate de lo que esperás: Aprendé a hacerte cargo de tus expectativas y a pedir lo que necesitás o querés. Pedir no está mal cuando somos conscientes de para qué lo necesitamos.
- Aprendé a no tomarte las cosas de manera personal: las personas hacemos lo que sabemos hacer, generalmente no andamos por la vida tratando de herir a los demás, quizás vos esperabas mucho de esa persona y ahora no sabés qué hacer con lo que está pasando realmente.
Me encantaría poder leerles y saber sobre cuáles temas les gustaría leer en este espacio, así que recuerden que pueden seguirme en redes sociales de Instagram y Facebook como @telocuentamanda y si quisieran escucharme en podcast, lo pueden hacer en Spotify @CadaLocaConSuTema. ¡Hasta pronto, abrazos!