Simonides y el Lamento de Dánae

En la columna del viernes 18 de febrero mencioné el libro de Thomas Bulfinch Bulfinch´s Mythology (o La Mitología de Bulfinch traducido el título al español), del cual tomé el tema del mito de Niso y Escila. De la misma obra tomo ahora el de Simonides, que está en el capítulo XXV. Pero debo aclarar que Simonides no es un personaje mitológico, aunque sí un legendario poeta de la Grecia clásica que entre otros escribió uno muy hermoso y famoso sobre Dánae, quien sí es una figura mitológica.

Cabe indicar que no solo el poema de Simonides sobre Dánae está vinculados a la mitología. Toda la poesía es una hija dilecta de la mitología.

A propósito de esto, dice el estudioso colombiano Carlos Julio Pájaro en un ensayo sobre Simonides y la poesía, que cuando Zeus terminó su obra ordenadora del cosmos, poniendo fin al caos universal, los demás dioses contemplaron desde el Olimpo, con silenciosa admiración, el maravilloso espectáculo que se ofrecía a sus ojos.

Zeus les preguntó si notaban la ausencia de algo que impidiera la total perfección. Los dioses le dijeron que faltaba una voz divina para exaltar con la palabra y el canto las grandes obras y la completa creación.
Entonces Zeus decidió crear a las Musas como divinidades de la imaginación creativa. Durante nueve noches continuas hizo el amor con Mnemosine y engendró a las nueve Musas inspiradoras del arte, la cultura y las ciencias, entre ellas Calíope, inspiradora de la poesía, la elocuencia y la belleza de la palabra.

Como a todos los poetas dignos de serlo, Calíope inspiró a Simónides para escribir sus poesía, en particular el Lamento de Dánae, que es un treno como se le llama a las lamentaciones fúnebres.

Dánae es hija de Acrisio, rey de Argos, quien desea un hijo varón, pero el oráculo le dice que no lo tendrá y que un hijo de su hija lo matará.

Para evitar que se cumpla el funesto presagio, Acrisio encierra a Dánae en una torre, a la que nadie puede entrar salvo su aya. Pero Zeus se ha enamorado de Dánae y se convierte en polvo de oro para filtrarse como una brisa por las hendiduras de la torre. Y así, cubre el cuerpo de la princesa y le hace el amor
Dánae queda embarazada y en el encierro alumbra un niño al que llama Perseo. Acrisio lo descubre y ordena que encierren a madre e hijo en un baúl de madera y lo arrojen al mar.

El cofre es llevado por el viento y las olas hasta la isla de Serifos. Allí son rescatados por un pescador llamado Dictis, quien cría a Perseo quien por ser un héroe, o semidiós, está destinado a realizar grandes hazañas. Pero esta es otra historia.

Lo que quiero ahora es compartir el Lamento de Dánade, de Simonides, que según los entendidos es una obra maestra de la poesía clásica de la antigua Grecia.

Lamento de Dánae

Cuando dentro del arca bien labrada
la arrastraban los soplos del viento
y el agitado oleaje,
se sintió sobrecogida de terror, y con las mejillas húmedas
se abrazó a Perseo y le habló:
“¡Ah, hijo, qué angustia tengo!
Pero tú dormitas, duermes como niño de pecho,
dentro de este incómodo cajón de madera de clavos de bronce
que destellan en la noche,
tumbado en medio de la tiniebla azul oscuro.
No te inquietes por la ola que lanza
por encima de tus cabellos la espuma marina
ni del bramar del viento, recostando
tu bella carita en mi mantilla de púrpura.
Si para ti terrible fuera lo que es terrible,
ya habrías prestado oído ligero de mis palabras.
Pero te lo ruego, duerme, niño mío.
Que duerma también el altamar, duerma la inmensa desgracia.
Ojalá se muestre algún cambio,
Zeus Padre, movido por ti.
Y si con alguna palabra atrevida
y al margen de lo justo te invoco, “¡perdóname!”

Opinión mitología griega archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí