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Violeta Barrios, viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, venció al Frente Sandinista en las elecciones de 1990. LA PRENSA/Archivo

Las elecciones que le arrancaron la banda presidencial a Daniel Ortega

Fueron celebradas hace 32 años, el 25 de febrero de 1990. Estas elecciones estuvieron determinadas por las presiones internacionales, la presión militar que ejercía la Contrarrevolución en las montañas, y la necesidad de Ortega de buscar legitimidad

El 25 de febrero se cumplen 32 años desde que en Nicaragua se celebraron las históricas elecciones presidenciales en 1990 que pusieron fin al primer gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, con la victoria de doña Violeta Barrios de Chamorro, la primera mujer en América Latina que en ese momento llegó a ocupar la Presidencia a través del voto popular de sus ciudadanos.

En 1990, las elecciones generales contaron con una participación electoral del 86 por ciento de votantes, según datos de la época y hasta ese año Nicaragua acumulaba casi 170 años de elecciones marcadas por fraudes, violaciones a la ley y hasta episodios tragicómicos, que convirtieron el voto en una herramienta prácticamente inútil para la selección de las autoridades.

Lea además: ¿Por qué Ortega se negó a adelantar las elecciones tras el estallido de la rebelión de abril en 2018, como sí lo hizo en 1990?

Para 1990, el gobierno que encabezaba Ortega venía de administrar un país en guerra civil y tras un proceso de negociaciones entre el gobierno del Frente Sandinista y la llamada “Contrarrevolución” acordaron realizar unas elecciones con observación electoral de expertos, en la que participaron al menos 10 candidatos presidenciales, entre ellos doña Violeta, quien representaba a la coalición Unión Nacional Opositora (UNO) y Ortega, del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), además estuvieron en la contienda Eric Ramírez Benavente por una facción del Partido Social Cristiano (PSC) y Moisés Hassan Morales por el Movimiento de Unidad Revolucionario (MUR).

También Bonifacio Miranda Bengoechea, por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT); Isidro Téllez Toruño, del Movimiento Acción Popular Marxista Leninista; Fernando Agüero Rocha, por el Partido Social Conservador (PSC); Blanca Rojas Echaverry, por el Partido Unionista Centroamericano (PUCA); Eduardo Molina Palacios, por el Partido Conservador Demócrata de Nicaragua (PCDN) y Rodolfo Robelo Herrera, por el Partido Liberal Independiente de Unidad Nacional (Pliun).

Violeta Barrios de Chamorro y Virgilio Godoy Reyes: la fórmula presidencial que derrotó a Daniel Ortega el 25 de febrero de 1990. LA PRENSA/ ARCHIVO

La UNO venció al FSLN con el 55 por ciento de los votos, logrando de esta forma la mayoría en la Asamblea Nacional y colocar en la Presidencia a doña Violeta, ese histórico triunfo electoral puso fin a la guerra civil y trajo un cambio democrático por 16 años, hasta que el caudillo sandinista regresó al poder en 2007 y desde entonces ahí continúa.

“Un hecho histórico y democrático”

Para muchos las elecciones de ese año marcaron la historia de Nicaragua porque tras el resultado electoral, Ortega, el caudillo sandinista, se vio obligado a reconocer su derrota, en medio del descontento y rechazo de la población que enfrentaba la grave crisis y el Servicio Militar Obligatorio bautizado como “Patriótico”, una ley que obligaba a los jóvenes de entre 18 y 25 años a alistarse en el Ejército para ir a las montañas a combatir a la Resistencia Nicaragüense o “Contrarrevolución”, la guerrilla de derecha.

“Fue un hecho histórico y no solamente para Nicaragua, sino a nivel internacional porque se trató que por primera vez en la historia un régimen revolucionario de orientación socialista era derrotado en una contienda electoral”, rememora un miembro del equipo de información y prensa de la campaña de la UNO, quien pidió no revelar su identidad por temor a represalias por parte del régimen orteguista.

El político opositor, Moisés Hassan Morales, quien participó como candidato a la Presidencia en las elecciones de 1990 por el MUR, y antiguo compañero de Ortega en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (1979-1984), reconoce que de cierta manera en esos comicios se hizo presente la democracia que auguraba Nicaragua.

Moisés Hassan, político y físico.

“Las elecciones fueron democráticas, en el sentido de que las elecciones fueron bien observadas, hubieron miles de observadores, fueron democráticas”, indicó Hassan, cuyo partido alcanzó el tercer lugar en esos comicios.

El miembro del equipo de información y prensa de la campaña de la UNO no duda en indicar que “fue uno de los momentos más emocionantes para todos nosotros (UNO), pero para mí en particular. A eso de las 6:00 p.m. (del 25 de febrero) ya sabíamos que habíamos ganado, teníamos un excelente equipo de control electoral y los datos nos decían que ganábamos arriba del 50 por ciento, a esa hora se volvió internacional”.

Campaña de la UNO: “Motivar a votar”

Esta persona cercana y parte de la opositora alianza UNO asegura que el sentido fundamental de la campaña de doña Violeta fue “motivar a votar”.

“En primer lugar el voto sandinista era disciplinado, ahí no había discusión, pero el voto no sandinista no era una gente organizada, era una enorme masa de población dispersa que estaba agotada, angustiada y mucha gente no creía que el sandinismo iba a hacer unas elecciones libres”, precisó.

proceso electoral, Daniel Ortega, Nicaragua
Día de votaciones, el 25 de febrero de 1990, en Pantasma, Jinotega. La concurrencia a las urnas fue masiva y bajo observación internacional. LA PRENSA/ CORTESÍA/ IHNCA

El día amaneció temprano, dos horas antes por lo general en la mayor parte de los hogares para hacer filas y poder votar. Antes de las 6:00 de la mañana y todavía con la oscuridad de la noche, decenas de miles salieron dispuestos a votar y esperaron, en algunos casos hasta las 8:00 de la mañana y algunos minutos cuando se abrieron las Juntas Receptoras de Votos, describía una nota periodística de LA PRENSA que fue publicada el 26 de febrero de 1990.

A la vez, comparte que ante el hecho histórico de Nicaragua, espera que “cuando vuelva a haber libertad y democracia en Nicaragua se tendrá que celebrar oficialmente como un día de fiesta nacional porque eso fue, después de dos largas dictaduras y todo lo que había ocurrido, demostraron su libertad en las urnas”.

El cierre de campaña del FSLN y la derrota

El FSLN con el gran cierre de campaña que realizó en ese momento, nunca antes visto en Nicaragua, según sus críticos, expresó el optimismo con el que Ortega ya se proclamaba ganador.

“El cierre de campaña del FSLN fue la manifestación más grande que jamás hubo en Nicaragua solamente confirmó la expectativa que ellos tenían, ellos estaban seguros de que antes de que iban a ganar creían que la gran mayoría de la población estaban con ellos”, comenta el miembro del equipo de información y prensa de la campaña de la UNO.

Se realizó el 21 de febrero de 1990, cuando miles de personas a pie y en caravanas de todas partes del país se concentraron en la Plaza Parque Carlos Fonseca Amador, actualmente conocida como Plaza de la Fe, en Managua. Ortega, de 44 años, en su época de “gallo ennavajado” como señalaba una canción escrita para la ocasión, y su compañero de fórmula, el escritor Sergio Ramírez, estaban completamente seguros de que ganarían las elecciones del 25 de febrero de 1990 con una abrumadora mayoría, pero solo quedó en el imaginario.

Daniel Ortega, derrotado en las elecciones de 1990, coloca la Banda Presidencial a doña Violeta Barrios.

El político Hassan por su parte reconoce que sin duda “él (Ortega) no quería perder, él esperaba ganar (…) a él no le gustó perder, al final es muy probable que él haya entendido que lo que más le convenía era perder las elecciones, porque la Contra se dispersó, se quedó con la piñata, se perdonó la deuda externa de Nicaragua y las presiones (…) Un año o dos años después de la derrota que le habrá dolido, estoy seguro de que comprendió que lo que más le convenía era perder; sí él hubiera ganado la guerra de la Contra hubiera seguido y las deudas y presiones no se habrían desaparecido”.

El nicaragüense que integró el equipo de prensa y campaña de la UNO agrega que el FSLN “no reconocía (las elecciones), había montado un gran aparato de música en la plaza, y pasaba el tiempo y no reconocían el resultado, en ese momento los principales observadores electorales, entre ellos el expresidente de EE. UU., Jimmy Carter y otros estaban reunidos con los dirigentes sandinistas tratando de convencerlo que aceptaran la derrota, porque de lo contrario sería revivir la guerra”.

Añade que aunque le costó aceptar “esa misma mañana (del 26 de febrero) Ortega dijo que aceptaba el resultado, pero que era un fraude por las presiones de EE. UU. y que iba a gobernar desde abajo”.

Daniel Ortega, el 26 de febrero, aceptando la derrota electoral. LA PRENSA/Archivo

Después de perder el poder en 1990, Ortega se vio obligado a pasar 17 años en la oposición: fue derrotado en tres comicios consecutivos, hasta que ganó las elecciones en 2006, volviendo a asumir la Presidencia a inicios de 2007. Desde entonces ha vuelto a instalar un sistema dictatorial y autoritario en el país. En enero de este año cumplió 14 años en el poder.

La ventajas del triunfo de la UNO

Las elecciones de 1990 marcaron un cambio radical en el valor del voto. Estas elecciones estuvieron determinadas por las presiones internacionales que comenzaron años antes, la presión militar que ejercía la Contrarrevolución en las montañas, y, como se dijo antes, de la necesidad del régimen revolucionario de buscar legitimidad y la confianza sobre su victoria en esas elecciones.

Estas son algunas condiciones que hicieron especial las elecciones de 1990:

Adelantadas: Estaban previstas para noviembre de 1990, pero se realizaron en febrero de ese mismo año. La iniciativa de adelantar las elecciones fue parte de los acuerdos entre el gobierno sandinista y sus contrarios. Analistas han señalado que el Gobierno pretendía no darle mucho tiempo a la oposición antisandinista para que se organizara y participara unida.

Oposición unida: La boleta electoral presentaba 10 alternativas para votar, pero el enfrentamiento real estaba entre el gobernante Frente Sandinista (FSLN) y la Unión Nacional Opositora (UNO) que agrupaba a 14 organizaciones distintas, que se unieron en junio de 1989, y eligieron a doña Violeta Barrios de Chamorro como su candidata en septiembre de ese mismo año. Todo este proceso de unidad y selección del candidato estuvo, por supuesto, cargado de diferencias y enfrentamientos.

Vigiladas: Las elecciones fueron vigiladas en el terreno por miles de observadores electorales y cubiertas por cientos de periodistas nacionales e internacionales. Solo la OEA dispuso 433 observadores en los últimos días del período electoral.

Acceso a medios de comunicación: La oposición pudo expresarse con limitaciones, no solo a través del Diario LA PRENSA, cuyo cierre se suspendió en 1987 luego de los acuerdos de Esquipulas, sino también a través del acceso obligatorio para los participantes en medios de comunicación. El régimen contuvo su acoso a los medios independientes durante esas fechas y, de hecho, el único periódico sancionado por el tribunal electoral fue El Nuevo Diario, que fue suspendido por un día, luego que la oposición lo acusara de violar el reglamento electoral.

Tribunal electoral eficiente: A pesar de la composición sandinista de sus miembros, tanto opositores como las organizaciones de observación electoral, reconocieron el comportamiento profesional del Consejo Supremo Electoral para estas elecciones. Este poder del Estado estaba presidido por Mariano Fiallos Oyanguren.

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