Mi amigo de pupitre Humberto Belli ha destacado en sus últimos artículos en LA PRENSA, la importancia de la familia para nuestra Nicaragüita que muy pronto saldrá de casi dos últimas décadas de días y noches oscuras y volverá a ser libre como las águilas de Félix Rubén.
Humberto y yo tenemos un diálogo amistoso sobre estos temas, por lo que le puedo decir que parte de sus comentarios son exagerados y sus recomendaciones, sin querer, son discriminatorias y contradictorias a sus propios principios.
Humberto ha destacado la inestabilidad del hogar y el abandono paterno (aunque, sin ser machista, se le olvidó que también puede ser materno) como una de las causas de las “deficiencias éticas” de Nicaragua.
Pero como ya he mencionado, me parece que no tiene buena información sobre los hogares nicaragüenses en esta situación. Pero esto es secundario. Un solo hogar destruido y un solo hijo/ja sin padres es demasiado. Pero tampoco puede afirmar que este es un problema que ha redundado en parte en el “resurgimiento de tiranías”. Por favor.
Además de las tragedias personales, la inestabilidad familiar, como él señala, repercute negativamente en la educación, pobreza, productividad y crecimiento por lo que, aparte de consideraciones éticas, su estabilidad es un bien público que amerita acción gubernamental.
Pero la primera piedra en su fortalecimiento debe ser la educación religiosa que inculque la importancia de la unidad familiar. Pero pensar, como pareciera sugerir Humberto, que solo los cristianos podemos contribuir es erróneo, omnipotente, e injusto para las otras religiones como lo han reconocido los últimos papas que han buscado un acercamiento con estas.
En cuanto a la acción gubernamental coincido con algunas de sus recomendaciones, pero discrepo de otras que además de ser discriminatorias le darían al Gobierno una intervención contraria a las libertades individuales y a la democracia que él correctamente predica.
Coincido en que el Gobierno debería requerir que tanto las escuelas públicas como las privadas incluyan en sus clases la importancia de la estabilidad familiar, de la democracia, y de la religión ya que son bienes colectivos.
También en que se elimine el “divorcio unilateral que invita a los rompimientos, y que se revise el cumplimento de las pensiones alimenticias”. En esto voy mas allá que él: se les deber exigir a los que abandonan a sus hijos que al menos cumplan con sus obligaciones financieras.
Pero el gasto social debe estar dirigido a proteger a los pobres y ayudarlos a salir de su pobreza, y la política monetaria a contribuir a la estabilidad macroeconómica del país, y por ende al ahorro, la inversión privada, el crecimiento y la reducción de la pobreza. No hay que confundir preferencias personales, por muy nobles que sean, con la función del Gobierno. Punto.
Más aun, no entiendo su recomendación de darle prioridad en “la asignación de viviendas populares a las familias unidas en matrimonio”. ¿Será que los niños de las familias separadas son de segunda clase y no merecen un buen techo?
También, ¿cuál es la lógica de darle privilegios fiscales a las familias unidas? ¿Será que los hijos abandonados tienen menores necesidades de cariño, alimentos, educación y salud?
Igual, ¿cuál es la lógica de darles a los casados trato especial en el crédito que aparte de ser una interferencia del Gobierno en el sector privado no se qué lograría?
Finalmente, no me parece criminalizar a los padres/madres delincuentes y privarlos de sus “privilegios ciudadanos”. No son ciudadanos ejemplares, pero tanto la Edad Media como la Inquisición son parte de un pasado que no debemos revivir.
El tipo de intervención estatal que recomienda Humberto es contrario a la función y limitaciones del Estado y más bien podría llevar a más autoritarismo. Sé que sus recomendaciones son sobre el tema familiar, pero nunca se sabe dónde comienza y termina la intervención de los gobiernos en la libertad de sus ciudadanos.
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada