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Antonia Urrejola Noguera, comisionada presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuyo cargo vence este 31 de diciembre, en esta entrevista con LA PRENSA se refiere con suma preocupación a la grave crisis sociopolítica y de derechos humanos que se vive en Nicaragua. De la misma forma, comparte cuáles fueron los acontecimientos nicaragüenses que marcaron su experiencia como férrea defensora de los derechos humanos, y no duda en reconocer que ve con suma preocupación lo que vivirá Nicaragua el próximo año.
Urrejola, de nacionalidad chilena, deja por sentando que sigue comprometida con Nicaragua, tal cual sucedió cuando visitó el país en 2018 como comisionada y relatora para Nicaragua de este organismo, para constatar la represión contra las protestas civiles. La comisionada presidenta dice tener sentimientos encontrados al dejar su cargo y que la crisis sociopolítica no se haya logrado superar.
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«Siento pena que en estos cuatro años no hayamos podido como comunidad internacional haber ayudado a transformar la situación de Nicaragua. Siento mucha pena, me habría encantado haber sido parte desde la CIDH de un proceso de redemocratización y de justicia transicional en Nicaragua», expresa Urrejola e insiste en hacer un llamado a la CIDH para que continúe documentando y visibilizando la situación de los nicaragüenses. Ese llamado lo extiende a la comunidad internacional para que no dejen solos a los nicaragüenses y es enfática en recomendar a su sucesor que «nunca hay que perder las esperanzas«.
Urrejola, fue electa comisionada de la CIDH en junio de 2017 para un período de cuatro años que inició el 1 de enero de 2018 y concluye este viernes, 31 de diciembre. Asumió la presidencia del organismo en marzo de 2021. Fue presentada nuevamente como candidata a comisionada en la última Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en noviembre reciente pero no resultó electa.
La CIDH a raíz del estallido de la crisis sociopolítica ha estado involucrada con la situación en Nicaragua. ¿Qué de todos esos acontecimientos le marcó en su experiencia como defensora de derechos humanos?
Uno fue la reunión que sostuve en mayo de 2018 cuando llegue a Nicaragua con lo que hoy es en día la Asociación Madres de Abril (AMA), todavía no estaban organizadas, pero eran madres, hermanas, padres, cuyos hijos habían sido asesinados en el contexto de las protestas, en hechos de semanas atrás para mí fue muy desgarrador escuchar cada uno de sus relatos, muy impactantes verlas entre esa tristeza y desgarro con una fortaleza increíble, y esa fortaleza que yo vi da cuenta de todo lo que han hecho en estos últimos cuatro años para alcanzar la justicia, reparación y también por la memoria de sus familiares.
Otra cosa, es que me marcó en general es aquellos estudiantes que en la primera visita estaban en las tomas universitarias, que estaban en las marchas cuyos compañeros habían sido heridos o asesinados, estudiantes de medicina que estaban con mucho temor porque habían brindado asistencia médica a los heridos y estaban siendo amenazados y perseguidas, y en mi segunda visita cuando fui al (antiguo) Chipote esas estudiantes de medicinas yo pedí abrir una celda y estaban ellas ahí detenidas para mí eso fue muy marcador, ver a estos estudiantes jóvenes con ideales que estaban luchando y que luego estaban a mi segunda visita muchos de ellos presos, muchos de ellos que salieron exiliados y luego volvieron muchos de ellos, para mi esa lucha de esas mujeres madres y esa lucha de los estudiantes si tuviera que elegir algo es lo que más me ha marcado.

Pero en general me marca la resiliencia de los defensores de derechos humanos de Nicaragua, los periodistas independientes y lo que está pasando hoy día con aquellas personas presas que llevan seis meses de aislamiento, el ensañamiento con las mujeres presas políticas y también la situación de los presos políticos, y ahí hablar de Lesther Alemán que yo habló con ese vozarrón en la mesa de diálogo y que hoy está preso, me marcaron muchas cosas, esa resiliencia, esa valentía de tantos y tantas y siempre por ejemplo a doña Vilma Núñez, pero ella encarna a tantos defensores en Nicaragua.
¿Lo que ocurre en Nicaragua tiene antecedentes en otros países?
Lo que ocurre en Nicaragua ha llegado un extremo que no sabía decir si ocurre en otros países, pero si lamentablemente la historia de nuestro continente ha visto demasiadas dictaduras, la dictadura del Cono Sur en los 70, los conflictos armados en Centroamérica, hemos visto primero horrores, graves violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, masacres en muchos países de la región y en muchos casos siguen en la impunidad, y más en la actualidad la situación de Nicaragua es excesiva, hemos visto el grave deterioro del Estado de derecho en Venezuela, una crisis política, de derechos humanos, humanitaria pero la situación de Nicaragua, la situación de los presos políticos, la concentración de poder y este ensañamiento contra las presas políticas es algo que me impacta.
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Venezuela también tiene presos políticos pero me parece que todavía existe una oposición con todos los problemas que hay, que tiene voz, que sale en la prensa, que incluso se ha sentado en la mesa el diálogo que existió entre el gobierno y la oposición en México más allá que no se avanza pero ha habido intento de diálogo eso no se ve en Nicaragua ni siquiera un esfuerzo de diálogo, siempre es difícil comparar las distintas situaciones de los países pero lamentablemente en el continente ha sufrido gravísimas dictaduras y conflictos armados con graves violaciones a los derechos humanos, donde se vivió situaciones como las que se vive en Nicaragua. La situación de Nicaragua es gravísima y cuándo hablamos de graves violaciones de derechos humanos, estamos hablando de la inexistencia de un Estado de derecho.
¿Qué sintió al momento de visitar Nicaragua? ¿Qué es lo que más recuerda?
Yo llevaba poco tiempo de comisionada de la CIDH para mí fue como un bautizo, llevaba tres o cuatro meses de comisionada y me tocó este tremendo desafío llegar a Nicaragua cuando se estaban cometiendo graves violaciones de derechos humanos, tomar testimonios de las víctimas ir a la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), por ejemplo, que estaba tomada, ver como llegaban madres e hijos, estudiantes al hotel (sede de la delegación de la CIDH), buscando justicia, buscando como ser escuchados, me sentí abrumada, impactada en ese momento yo pensaba que era una crisis que se iba a resolver, el gobierno en su momento nos recibió tuvimos reuniones con diferentes poderes del Estado, nos entregaron información, y el hecho que posteriormente después de nuestro informe que fue muy duro a pesar de eso que el gobierno haya aceptado la asistencia del Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (MESENI) y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para mí era una luz de esperanza que se iba a poder rencausar la situación. Junto con ese impacto y desgarro al llegar a Nicaragua veía que había una luz y una posibilidad de salida, pensé que la crisis iba hacer más corta.
Usted deja el cargo de comisionada presidenta de la CIDH este 31 de diciembre, pero Nicaragua continúa presos políticos, restricciones a la libertad de expresión y de prensa y denuncia de violaciones a los derechos humanos ¿Qué sentimiento le provoca?
Tengo sentimientos encontrados dejar el cargo, en términos personales yo siento un compromiso con Nicaragua y con la actual situación de derechos humanos que sigue siendo gravísima y el mirar hacia adelante y no ver qué salida hay de esa perspectiva siento un compromiso que es personal, siento pena de dejar esta Comisión porque la CIDH me ha permitido poder hacer un conjunto de acciones para visibilizar la situación de Nicaragua, desde la Comisión uno tiene mucha incidencia en visibilizar y en transformar distintas situaciones de derechos humanos en los países y desde esa perspectiva me da mucha pena no poder seguir, a la vez sé que hay un equipo en la CIDH, en la secretaria ejecutiva del equipo del MESENI, que ha trabajado todos estos años conmigo, quienes me han nutrido de toda información, quienes me han aconsejado y ese equipo va a seguir haciendo su trabajo con el nuevo relator y relatora, estoy segura que la CIDH va a seguir teniendo protagonismo que tiene, por esa parte quedo tranquila.
Siento pena que en estos cuatro años no hayamos podido como comunidad internacional haber ayudado a transformar la situación de Nicaragua. Siento mucha pena, me habría encantado haber sido parte desde la CIDH de un proceso de redemocratización y de justicia transicional en Nicaragua, y haber acompañado a las víctimas y a las organizaciones de la sociedad civil en ese proceso como comisionada, en ese sentido, sí siento frustración, siento frustración, pero estoy segura que más temprano que tarde ese proceso va a empezar no estaré yo como comisionada habrá otro que van acompañar desde la CIDH ese proceso, y espero que yo de donde esté poder también acompañar.
¿Usted alguna vez pensó que el 2022 sería diferente para los nicaragüenses? ¿qué se podría dar un momento de transición hacia la democracia?
Cuando vi que el gobierno acepto al MESENI, al GIEI siempre pensé que en algún momento se iba abrir un espacio de diálogo político real con muchas dificultades y por otra parte la posibilidad de que la CIDH hiciera una cooperación en materia de derechos humanos, memoria y verdad, justicia y reparación, pero luego, así como la CIDH lo ha venido documentando, se ha instalado distintas fases de la represión donde hay un estado policial, un estado de exención de facto, donde no existe espacio para la disidencia, y eso se demuestra con los más de 150 presos políticos, y lo que ocurrió en el proceso pre eleccionario donde fueron apresadas las siete precandidaturas presidenciales a través de leyes hechas a la medida, y diría que a partir de esto, me di cuenta que la situación no iba a ser como yo pensaba en 2018 y de esa perspectiva veo con suma preocupación lo que viene para Nicaragua en el 2022.

¿En cuanto a la situación de derechos humanos cómo evalúa este año 2021, y qué se puede esperar para el 2022 en la región?
La pandemia ha tenido sin lugar a duda un efecto muy duro en la región en materia de desigualdad, discriminación estructural, por una parte, por lo tanto, eso ha tenido un efecto en el acceso de la población sobre todo a los derechos económicos, sociales, ambientales, es una situación que ya había una desigualdad estructural en la región y con la pandemia del covid-19 se ha agravado, eso es preocupante por todo el descontento social que va atraer la pandemia ahora que es de pobreza, de grave crisis económica.
Por otra parte, veo con mucha preocupación en la región el aumento de la estigmatización, y ataque a defensores y defensoras de derechos humanos en esto incluyo a los propios periodistas independientes y de esa perspectiva ha habido un aumento a ataques, hostigamientos, y también asesinatos a defensores de derechos humanos lo cual es muy preocupante porque también da cuenta de la calidad de la democracia. Veo con mucha preocupación en la región el futuro democrático del continente, no soy la primera en decirlo, ni la última, lamentablemente muchos analistas políticos y defensores de derechos humanos han planteado su preocupación sobre el deterioro de la democracia, del debate público como han aumentado los discursos de odio, estigmatización hacia el otro, como un contrincante al que hay que eliminar.
Todos los países de la región tienen problemas de derechos humanos, unos más otros menos, tienen graves problemas de discriminación estructural, pero cuando se empieza a deteriorar la situación es cuando se comienza a atacar al Poder Judicial y a los defensores de derechos humanos, y todo eso causa un deterioro a la democracia. No hay garantía a los derechos humanos cuando no hay democracia, y hay mucha alerta en muchos países de la región en ese sentido. Cuando los derechos humanos son menospreciados es el inicio del fin de la convivencia pluralista y es, por lo tanto, una señal del deterioro a la democracia.
¿Cómo evalúa al gobierno de Daniel Ortega?
La evaluación que puedo hacer es la que ha hecho la CIDH durante todos estos años, primero desde la perspectiva de la violación a los derechos humanos que hemos denunciado por la represión durísima que hubo con el inicio de la crisis, con el uso desproporcionado de la fuerza que da cuenta de los más de las 300 personas asesinadas en ese momento, como se ha venido cerrando todos los espacios democráticos, la libertad de prensa, la cancelación de la personería jurídica de las organizaciones de la sociedad civil, la confiscación de los medios de prensa, el exilio de periodistas y defensores de derechos humanos, y el encarcelamiento de cualquier disidente que ejerza algún liderazgo por ser crítico.
Es un gobierno autoritario donde existe una concentración del poder, donde no existe separación de los poderes del Estado, donde no existe garantía mínima para cualquier ciudadano que sienta que sus derechos están siendo afectados por el Estado, los ciudadanos nicaragüenses no tienen donde recurrir. Es un Estado policial de facto, donde no se respeta la disidencia, donde se persigue, criminaliza, se detiene, se exilia. Ortega es el presidente de ese Estado, y él es quien es el presidente de este gobierno que ha causado esta grave crisis de derechos humanos.
Desde su cargo, que está a punto de entregar ¿Qué mensaje le enviaría al gobierno de Nicaragua?
Yo creo que como comisionada el mensaje que le doy a mi sucesor es en primer lugar que nunca hay que perder las esperanzas, y espero que en algún momento esa narrativa de negación de todo lo que ha pasado estos últimos cuatro años cambie, y que una vez por toda se pueda ver al otro como una persona que merece respeto y dignidad humana, y no como un enemigo.
Mi mensaje es esperar que esa narrativa de negación cambie en aceptar la grave violación a los derechos humanos, de reconocer responsabilidad y de enmendar el rumbo, lo veo muy difícil, pero por lo tanto mi mensaje es la historia ha demostrado que tarde o temprano quienes cometen violación a los derechos humanos termina siendo responsable a la luz de la historia.
Consumada otra reelección de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a su juicio ¿cuál debería ser el rol de la CIDH?
La CIDH tiene que continuar haciendo el trabajo que ha venido haciendo hasta este momento de seguir visibilizando la grave situación de los derechos humanos, seguir participando en los órganos políticos de la Organización de Estados Americanos (OEA), y también en otras instancias multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ONU), la Comisión tiene que seguir documentando la grave violación a los derechos humanos, recibiendo los testimonios de las y los nicaragüenses, conociendo las peticiones, y otorgando medidas cautelares. La CIDH debe continuar realizando la labor que ha realizado.
Hay que seguir trabajando más con los Estados miembros de la OEA y la comunidad internacional de manera que se recopile información y que se tomen medidas más claras respecto a la situación que ocurre en Nicaragua para que se le ponga fin, porque cuando hay grave violación de derechos humanos no existe el argumento de la soberanía de un Estado, porque su límite es la violación a los derechos humanos. La Comisión debe seguir teniendo un rol muy importante del convencimiento a los órganos multilaterales, políticos, de la OEA y a la comunidad internacional, del rol que deben cumplir de no dejar a los nicaragüenses solos.
Finalmente ¿qué recomendaciones daría a quien asuma su cargo al frente de la CIDH sobre el seguimiento a la crisis de Nicaragua?
Si tuviera que hacer una recomendación es que el relator o relatora confíe en ese maravilloso equipo que tiene la CIDH a través del MESENI, y que mantengan esa relación con las organizaciones de la sociedad civil, con los periodistas, y la comunidad nicaragüense organizada acompañándole en su lucha y siendo un espacio de escucha. Estoy segura de que todo eso lo va hacer la persona que asuma el cargo que yo tengo, pero es importante recalcar el espacio de escucha.
¿Quién es Antonia?
Antonia Urrejola, de 52 años, es oriunda de Providencia, Santiago de Chile. Su papá era economista y arqueólogo; y su mamá, María Inés, era profesora.
Es la hija menor de tres hermanos: Pascuala, su hermana mayor, doctora; y Carlos, economista.
Tiene 26 años de casada, con 4 hijos: tres hombres y una mujer.
Es abogada graduada por la Universidad de Chile.
Su propia historia personal la motivó a ser defensora de derechos humanos.
Urrejola se despide de la CIDH
La presidenta saliente de la CIDH a través de su cuenta de Twitter compartió su despedida del organismo de derechos humanos y dijo que «hoy es el último día de mi mandato. Han sido 4 años intensos junto a un equipo increíble que me acompañó en este camino. 4 años inolvidables, con logros maravillosos y también miedos y rabias, impotencia ante la injusticia, espacios de escucha que me marcaron».
Urrejola aseguró que fue un «privilegio» trabajar en la CIDH y destacó que como relatora de los pueblos indígenas lograron que «aprobáramos dos informes tan importantes como el de Panamazonía o erecién está semana, el de libre determinación».
Añadió a la vez, que para ella fue un honor haber sido relatora de países tan disimiles como Nicaragua, Brasil, Cuba, Jamaica, Trinidad y Tobago, Colombia, Ecuador, Guyana. «Fue un desafío incesante y que me ha marcado ser relatora de Nicaragua estos 4 años, trabajar codo a codo con el MESENI (tremendo equipo) y con las organizaciones de derechos humanos y periodistas independiente de ese país», aseveró.
También aprovechó para agradecer a los y las nicaragüenses, a los familiares de detenidos desaparecidos, a los pueblos indígenas y sus líderes y lideresas, a todas aquellas victimas y defensoras de derechos humanos por «su confianza, su fuerza y su resiliencia».
Finalmente dijo que «me despido de mi querida pero seguiré trabajando desde otros espacios por hacer de este continente, un continente mas justo, inclusivo y democrático para cada una de las personas que lo habitamos. Y que el 2022 sea un buen año para todos y todas».
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