Del 2007 al 2017 el dinamismo del sector privado apoyado por una buena conducción macroeconómica condujo a un mayor bienestar económico y a la reducción de la pobreza en Nicaragua.
La inversión privada creció 63 por ciento, nuestro ingreso y consumo privado por habitante 35 y 29 por ciento, los salarios en el sector privado 10 por ciento, (todos en términos reales descontando la inflación) y la tasa de desempleo bajó al 3.7 por ciento.
Por su parte la pobreza bajó del 42 por ciento de la población en el 2009 al 25 por ciento en el 2016 según Inide y del 45 al 42 por ciento según Fideg. Los datos no son comparables porque sus metodologías son distintas, pero no cabe duda sobre la reducción de la pobreza.
En lo macroeconómico, la deuda pública (ajustada por las condonaciones de la deuda externa) bajó del 62 por ciento del PIB en el 2006 al 48 por ciento en el 2017 y la deuda pública neta que incluye las reservas del BCN del 55 por ciento del PIB al 35 por ciento.
La inflación fue muy alta (alrededor del 15 por ciento) en el 2007-08 debido en parte a factores externos y climáticos, pero del 2009 al 2017 estuvo en línea con el deslizamiento del córdoba y la inflación de los EE. UU.
Desafortunadamente, la represión, abusos, y arbitrariedades del Gobierno y el consecuente deterioro en la situación política han revertido parte de estos logros, además de causar graves sufrimientos humanos. La pandemia también contribuyó a un menor crecimiento en el 2020.
Ante la incertidumbre, desconfianza e inestabilidad política del país, nuestro ingreso y consumo privado por habitante cayeron en términos reales 12 y 10 por ciento del 2017 al 2020, la inversión privada 47 por ciento, los salarios en el sector privado 2.5 por ciento, y la tasa de desempleo subió al 5 por ciento.
En cuanto a la pobreza, Fideg reportó un leve aumento en el 2019. Pero a su cierre no había reportado, o no la habían dejado reportar, datos más recientes. El Inide no ha actualizado sus datos desde el 2016. Pero la lógica indica que la pobreza aumentó.
En lo macro, la deuda publica aumentó al 66 por ciento del PIB superando los niveles del 2006 pero la deuda pública neta (51 por ciento del PIB) continúo siendo algo menor. La inflación se mantuvo en línea con el deslizamiento y la inflación de los EE. UU.
La economía se recuperó este año por el efecto rebote (común en la mayoría de los países luego de la pandemia y en nuestro caso doble plaga), pero las perspectivas para los próximos años no son favorables debido a la incertidumbre que nos rodea.
Todo indica que nuestro ingreso y consumo privado por habitante crecieron 7-7.5 por ciento en términos reales este año; y que la inversión privada se recuperó. Los salarios reales continuaron bajando (entre .6 y 3.5 por ciento según los distintos indicadores oficiales) pero la tasa de desempleo bajó a 4.8 por ciento en los primeros nueve meses. La inflación subió al 6-7 por ciento debido en parte a factores externos, y la deuda pública a junio se mantuvo a niveles similares a los del 2020.
Pero, salvo una solución creíble a la crisis política, nuestro ingreso por habitante difícilmente crecerá mas del 2 -2.5 por ciento anualmente en los próximos años. El mismo BCN acaba de proyectar que el crecimiento por habitante sería del 2.5-3.5 por ciento el próximo año.
De seguir la incertidumbre actual, la inversión privada, luego del rebote de este año, posiblemente seguirá apagada, y las fuentes de crecimiento serían el consumo vía remesas y las exportaciones sin mejoras en la productividad que es clave para el crecimiento sostenido.
A su vez, el espacio para una política fiscal expansiva que pudiera contrarrestar la debilidad del sector privado es limitado dado el aumento de la deuda pública. Según el Fondo Monetario (informe de septiembre del 2020) la deuda publica continúa a niveles sostenibles, pero hasta ahí no más. Su sostenibilidad sigue sujeta a riesgos de bajo crecimiento y/o a choques adversos externos o internos comunes a nuestro país.
Por supuesto un mayor deterioro político interno y /o sanciones económicas de mayor cobertura (que ojalá no se den ya que perjudicarían aún más al pueblo) llevarían a una caída en el ingreso por habitante, empleo, y salarios.
También ojalá que el Gobierno, irresponsable y represivo en la política, continúe siendo responsable en el manejo macroeconómica del país. De lo contrario nos va a llover agua sobre mojado.
Los datos que menciono pueden ser verificados en los portales del BCN, Inide y Fideg.
El autor es bachiller del Colegio Centroamérica de Granada.