Hace treinta años, el 17 de diciembre de 1991, en mi clínica de Altamira D’Este, realicé la primera tomografía axial computarizada en nuestra Nicaragua. La primera paciente fue una adolescente que residía en una comarca o caserío campesino, de los ubicados a lo largo de la carretera vieja a León. Había sido referida del Hospital Lenin Fonseca, llegó en ambulancia asistida por el doctor Rolando Hernández, que se entrenaba en la especialidad de neurocirugía.
Acompañando a la paciente y como responsable médico llegó también el doctor Carlos Vanzetti, jefe de neurocirugía.
La jovencita campesina presentaba un cuadro de convulsiones subintrantes, estado clínico caracterizado por convulsiones repetidas, una tras otra y que no ceden a la terapia habitual.
Previa sedación, procedimos a practicar el estudio diagnóstico indicado, una TAC de cráneo… al terminar el examen le comunico al doctor Vanzetti mi diagnóstico de neurocisticercosis cerebral difusa y activa que a manera de una «siembra prolífera», no dejaba prácticamente espacio alguno del cerebro de la paciente, libre de la larva de este parásito que teniendo como huésped intermediario al cerdo, cuando infesta al hombre y se anida en su cerebro, provoca las convulsiones.
Recuerdo la reacción de Vanzetti, de sorpresa y alegría con esperanza… sorpresa ya que este diagnóstico no era común en nuestro medio en ese entonces, y los casos documentados de esta enfermedad generalmente provenían de muestras o especímenes de cirugías e incluso autopsias, y de alegría porque sabía que había solución para remediar la dolencia de su paciente.
Al doctor Vanzetti o simplemente Carlos como acostumbraba llamarlo, lo conocí entre finales de julio y agosto de 1979, en el hospital Manolo Morales, donde había llegado como integrante de las brigadas internacionalistas médicas, oriundo de Alemania. El respetable doctor Vanzetti, abrazó mi proyecto de consolidar la TAC en nuestro país, gestionó y logró que el Ministerio de Salud de esa época aprobara una partida para atender pacientes sin recursos económicos o que considerásemos como «casos docentes», a un precio muy especial que permitía únicamente recobrar los costos del examen en mi clínica del Instituto de Diagnóstico por Imágenes «Dr. Enrique Jiménez M».
Este logro, además de beneficiar la salud en general me permitía contar con una casuística con que respaldar la docencia que emprendí en los hospitales y centros médicos del país, sobre los principios, protocolos e indicaciones de la tomografía. No me cabe duda que el doctor Carlos Vanzetti hizo una contribución inestimable al establecimiento y accesibilidad de la tomografía en Nicaragua.
¡Hoy rindo merecido honor a su memoria!
De la ciudad de León, referido por el prestigioso neurólogo doctor Manuel Antonio Sacasa, me llegó el primer paciente proveniente de una clínica privada; de esta ciudad universitaria conté también desde un principio con la colaboración y apoyo de los bien ponderados maestros en neurología y neurocirugía, doctores Marco Tulio Cifuentes y Nerio Cabrera.
El claustro académico de mi alma máter, la UNAN León, representado entre otros eminentes maestros por los doctores Denis Saavedra, Gastón Berríos, Oscar Fonseca, Manfredo Pentzke, Uriel Guevara, Rigoberto Sampson, Jaime Rodríguez, Jaime Granera; avalaron y contribuyeron a la enseñanza de la tomografía, mediante sus invitaciones a conferencias, discusiones de casos, interconsultas y referencias de sus enfermos que compartíamos sea en el auditorio del Heodra, personalmente o a través de los informes diagnósticos.
La acogida médica nacional fue significativa, sobre todo a medida que se comprobaban las bondades de esta tecnología y, particularmente, que crecía el número de pacientes donde el diagnóstico tomográfico era confirmado por los hallazgos y rubricado también con curaciones. En el ámbito capitalino, desde un principio se destacaron los doctores César Amador Kühl y Amín Hassan Morales, quienes desde sus consultorios privados o bien desde sus servicios institucionales, depositaron su confianza al referirnos sus pacientes.
El doctor Amador Kühl, padre de la neurocirugía nicaragüense, neurocirujano que conocía a profundidad la neurología clínica, dotado de inapreciable don de gente, personalidad y amabilidad, digno de ser llamado el Asclepio de la medicina nicaragüense, se adhirió entusiasmadamente a la Introducción de la TAC en Nicaragua, en el diagnóstico neurológico y neuroquirúrgico… fue para mí un maestro de vida, supo orientarme en momentos difíciles que acompañan siempre un esfuerzo de esta magnitud.
El doctor Hassan Morales, profesional de alto quilate, neurólogo acucioso y exigente en sus diagnósticos, y con los que trabajaban con él. Solía pasar en las mañanas camino a su consultorio en la Clínica Tiscapa, por la Clínica de Altamira donde discutíamos sus pacientes y también casos interesantes, además de compartir amenas charlas de amigos.
Ambos doctores, Cesar Amador y Amín Hassan, son pilares fuertes que sustentaron la edificación de la tomografía en Nicaragua. ¡Honor merecido, rindo hoy a la memoria de ambos ilustres galenos!
Reconozco también las gentiles atenciones que tuvo conmigo el ingeniero Jorge Argüello en el proceso de adquisición de ese primer tomógrafo en Nicaragua, un CT MAX 640 General Electric, al igual que el apoyo brindado en el soporte técnico del equipo y durante el 1er Simposium Nacional de Tomografía, en el Olof Palme, el 29 de agosto de 1992.
Qué decir de mi equipo de trabajo y colaboradores, simplemente que el aporte de cada quien produjo un impacto relevante que mereció para nuestro Instituto el premio Estrella de Oro a la Calidad en el Diagnóstico por Imágenes en1997, premio que recibí en Madrid en noviembre de ese año. Gracias a todos sin excepción.
Ese impacto se ha hecho sentir en la medicina nicaragüense que después de la introducción de la tomografía, comenzó una era de renovación, modernización y actualización tecnológica y humana, en sus distintas especialidades. Hoy existe un buen número de tomógrafos dando servicio en hospitales y clínicas públicos y privados.
La realización y éxito de este proyecto ha sido posible, gracias a la bendición del Señor que consideró justo que la precisión en el diagnóstico, aliviara muchas enfermedades.
El autor es médico y catedrático de medicina.