Taiwán, perdiendo salió ganando

La ruptura diplomática con la República demócrata de Taiwán me parece, ante todo, un acto desesperado de Ortega, pues, tras perpetrar su último fraude electoral se esfuerza por hallar en el plano internacional el reconocimiento aunque sea de unos pocos países. Por otra parte, tal arrebato no nos debería sorprender  pues bastante se había refrenado Ortega en restablecer relaciones diplomáticas con China Continental otro gobierno tiránico y violador de derechos humanos. 

Sí nos debe causar extrañeza es ver cómo Taiwán, siendo un referente mundial de paz, libertad y democracia haya mantenido la cooperación con Ortega que en síntesis es la antítesis de lo que es Taiwán. 

En el fondo Taiwán comprende a Ortega, sabe que se acerca a su próximo periodo presidencial con un escaso reconocimiento global de su nuevo mandato y con un avanzado estado de ancianidad que lo agobia, por las visibles enfermedades que minan su cuerpo y su alma.

 Taiwán sabe que la colaboradora más cercana de Ortega acecha con desespero para tomar el poder, abonado al creciente aislamiento externo, más las pesadas y ahora más  recurrentes sanciones internacionales que siendo personales tienen como efecto colateral  el recalentamiento de la ya debilitada economía nicaragüense. Y la peor, pero no la última de todas las plagas que azotan la desgastada dictadura orteguista, es el rechazo popular que crece tanto en tamaño como en intensidad. 

Taiwán, como los demás países del mundo libre, sabe que el ascenso al  poder de Ortega no obedece a que éste haya realizado cualificados estudios académicos, ni a la genialidad militar de un Napoleón Bonaparte, ni a la excelente oratoria política de Winston Churchill (pues cada discurso es repetitivo, anacrónico e incoherente), ni al carisma de Nelson Mandela (pues las verdaderas encuestas jamás lo han favorecido), ni al grupo de asesores que acuerpan al jefe de la Casa Blanca pues se equivoca con demasiada frecuencia. Tan sólo le bastó seguir al pie de la letra las órdenes radioactivas de La Habana y tener la sangre fría y el corazón endurecido para cumplirlas.

Quien piense que el desenlace Managua-Taipéi obedece a razones ideológicas se equivoca, pues ideología y falta de escrúpulos no pueden existir en una misma persona. Ortega sólo se ha afanado en demostrarnos que tiene mezquinos intereses y  nada de pragmatismo ideológico,  que a lo maquiavélico no quiere que le amen sino que le teman. 

En cambio Taiwán es una nación noble, con sociedad y gobernantes íntegros. El retorno de Nicaragua a la democracia también será el retorno a la alianza con China Taiwán, pues tanto el pueblo taiwanés como el nuestro estamos «hechos de vigor y de gloria, estamos hechos para la libertad».

El autor es un nicaragüense exiliado en Costa Rica.

Opinión Taiwán archivo
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