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Desde que las instalaciones de LA PRENSA fueron tomadas y nuestro gerente general, Juan Lorenzo Holmann, fue detenido. ¡LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD!

Diálogo para evitar más tragedias

Con mucho interés leí en LA PRENSA del lunes pasado el comentario de Humberto Belli, refiriéndose a mi reciente artículo sobre el diálogo publicado en este mismo periódico. Humberto precisa algunos datos sobre las víctimas de las dos últimas guerras sufridas en Nicaragua, primero contra Somoza y luego entre la Resistencia y el Gobierno Sandinista. Yo me referí a 65 mil muertos y 150 mil lesionados, basándome en el artículo “Revolución Sandinista” de Wikipedia, que cita a la página web “De re Militari”. Los cálculos de Humberto son de alrededor de 22 mil muertos y mucho menos de 150 mil heridos. Como bien dice, sobre esas cifras no hay suficiente documentación, y considero válido hacer diferentes cálculos. Lo importante es que —sean 65 mil  o sean 22 mil— son muchas muertes para Nicaragua. 

En el conflicto del 2018, según la Comisión de la Verdad creada por el Gobierno murieron 209 civiles y 13 policías; según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos murieron  307 civiles y 21 policías. Son muchos hermanos nicaragüenses muertos, más los heridos. Sumemos los presos que estuvieron entonces y salieron posteriormente, los detenidos recientes y los que se han ido del país. ¡Es mucho dolor! ¿Queremos que todo esto, de ayer y de hoy, continúe y se repita mañana? ¡Ninguna persona sensata lo puede querer!  Agreguemos a tanta sangre y lágrimas causadas por estos conflictos, la posibilidad (temida por algunos, igual sea mucho o poco probable) de que el país caiga en una situación económicamente crítica como en los 80, o como están hoy Cuba y Venezuela donde hay gente muriendo por falta de alimentos y medicinas, con apagones de largas  horas y sitios donde llega el agua corriente un día al mes. ¡Tampoco queremos eso! 

El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Jinotega, monseñor Carlos Enrique Herrera, en entrevista publicada por LA PRENSA el pasado lunes, dijo que hay que aconsejar para que se reflexione y animarnos a buscar soluciones juntos en un diálogo, como primer paso para salir de esta situación difícil tanto para unos como para otros. Destacó que  la Iglesia siempre considera el diálogo como lo mejor, y que estaría dispuesta a ser mediadora para que haya entendimiento, paz y armonía, por el bien de todos.

Como cristianos, según nuestra doctrina social, debemos promover siempre soluciones pacíficas mediante el diálogo, aún en los casos más extremos y aunque antes haya fracasado. También debemos recordar que todo gobierno tiene la función de procurar el bien común, haciendo lo necesario para que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan vivir con tranquilidad y bienestar. Le corresponde al gobierno establecer diálogos políticos y económicos creando las condiciones propicias, un clima adecuado, sin tensiones. Dialogar, pero no solo con los partidos y empresarios que están cercanos al gobierno —lo cual nada solucionaría—, sino con los que están alejados, en desacuerdo, pero que tengan la voluntad de dialogar por el bien de Nicaragua. 

La oposición debe ser realista y reconocer que no se puede cambiar por la fuerza al gobierno. Que ni la oposición ni la comunidad internacional pueden hacerlo. Que nada se va a lograr sin diálogos y acuerdos entre los nicaragüenses. Que nadie va a poner su cabeza para que se la corten, ni hoy ni mañana. Que el presente no cambiará sin acuerdos, y el futuro —en su momento— deberá ser consensuado. La oposición debe facilitar el diálogo sin pretender ahora el cien por ciento de sus aspiraciones. Todos debemos contribuir al diálogo, no para señalar culpables ni para que uno triunfe y otro salga derrotado, sino para proteger a Nicaragua y evitar más tragedias. Cediendo todos lo suficiente para vivir sin amenazas ni temores para ningún sector; y así, ir creando condiciones necesarias para que, paso a paso, vayamos avanzando hacia una solución completa con el consenso de todos. Lograr ahora cierta normalidad que permita más adelante concertar acuerdos definitivos.

El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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