Consecuencias psicológicas de emigrar

La decisión de emigrar hacia otro país es una medida que en muchas ocasiones es producto de un impulso emocional provocado por situaciones adversas externas.

Personalmente considero la opción de migrar como una separación de tus raíces, familia, amistades, costumbres y dejar atrás toda una historia de vida.

Viajar por placer, turismo, vacaciones e incluso por trabajo no tiene el mismo impacto en nuestra mente y emociones, como la decisión de tener que migrar por situaciones ajenas a la voluntad misma.

Toda acción realizada desde la necesidad y no la voluntad tendrá como consecuencia un alto costo emocional, afectando la salud mental de quien toma la decisión.

Psicológicamente está comprobado que cuando tomamos en cuenta solo los factores externos para migrar, la mente logra racionalizarlos y hacer ver la decisión como objetiva, omitiendo la parte emocional que se verá afectada y minimizando los riesgos que pueden ocurrir según sea la forma de migrar.

Ante situaciones de incertidumbre y desesperanza suele aparecer la idea de migrar como la única opción viable para avanzar hacia el futuro. Perdiendo así el enfoque de que nadie puede garantizar el futuro, ya sea migrando o no.

En estas ocasiones y ante la toma de dicha decisión es donde más relevancia tiene considerar las afectaciones psicológicas que conlleva la migración. Por ello, mencionaré algunas que son prioridad a tener en cuenta.

1. La separación de la familia, sea esta pareja, hijos, padres o familia en general. Esto desarrolla un estado de ánimo cambiante, ansiedad, alteraciones emocionales e incluso llevar a la depresión tanto a quien parte como a quienes se quedan.

2. Desistir o abandonar probablemente los estudios, pausando así los sueños a futuro y desarrollo profesional. A su vez esto desencadena un alto nivel de estrés, frustración y la tendencia a procrastinar en sus metas.

3. Las condiciones de vida que se enfrentarán una vez estando fuera. La capacidad de adaptación individual será probada en otro territorio donde las expresiones emocionales muy probablemente tendrán que ser reprimidas, lo que lleva a estados anímicos ambivalentes, irritabilidad e incluso desmotivación por la vida.

Si nos encontramos ante la idea de migrar, es importante que tomemos esa decisión teniendo presente las consecuencias no solo contextuales que esta tendrá, sino también las emocionales.

La decisión debe estar soportada por la objetividad más que por la necesidad. Para ello es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones.

1. Identifique de dónde surge la idea de partir, es impuesta por otras personas sean familiares o no, o es una decisión propia.

2. Evalúe qué lo motiva a tomar la decisión, está viendo la opción como única alternativa o solo es un impulso basado en la incertidumbre o ansiedad por el futuro.

3. Realice un mapa con al menos diez opciones que podría tomar antes de tomar la decisión de migrar y vaya en orden prioritario descartándolas o realizándolas.

4. Infórmese sobre las condiciones que usted tendría en el destino al que tiene pensado migrar, y si llena sus expectativas.

5. Converse con personas que han migrado antes que usted, escuche sus historias. Así tendrá un panorama claro de posibles escenarios.

6. Averigüe los riesgos que podrían presentarse según la forma de migrar que está en su idea; arriesgar la vida no debe ser nunca una opción.

A pesar de que no todas las historias de quienes han migrado tienen desenlaces negativos, negar los riesgos y las consecuencias que esta decisión conlleva es irracional.

Antes de hacerlo busque asesoría objetiva que le permita tomar decisiones en pro de su bienestar personal, tanto físico como mental y emocional.

La autora es psicóloga clínica.

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