El sociólogo Óscar René Vargas lamentó que este 17 de julio, cuando se debería de estar celebrando la caída de una dictadura, la de los Somoza, los nicaragüenses se encuentren «bajo la bota» de otra dictadura, la de Daniel Ortega, y por tanto, «no hay nada que celebrar».
Desde la salida de Somoza, que ocurrió el 17 de julio de 1979, ese hecho se celebraba con el nombre del Día de la Alegría por disposición del gobierno sandinista. «Era la salida de Somoza pero, ahora, eso no sirvió para nada. El Día de la Alegría ya no tiene ningún significado porque la celebración era la salida de una dictadura, no de Somoza. Somoza representaba a la dictadura, pero lo que se celebraba era la salida de una dictadura. Y ahora estamos en otra dictadura. Por lo tanto, no se puede celebrar la salida de una dictadura a sabiendas de que estamos en otra dictadura», afirma Vargas.
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LA PRENSA llamó a varias personas ligadas al sandinismo para conocer su apreciación sobre esta fecha histórica, pero ninguno de ellos quiso hablar siquiera sobre el tema.
«No hay nada que celebrar», dijo escuetamente el comandante de la Revolución sandinista Luis Carrión Cruz, quien hoy está en el exilio por recibir, según él denunció semanas atrás, amenazas de cárcel por parte del régimen.
Ortega también tiene tras las rejas a otros connotados guerrilleros que lucharon contra Somoza como Dora María Téllez, Hugo Torres y Víctor Hugo Tinoco, quienes están encarcelados junto a más de 140 reos políticos de la actual dictadura, entre ellos precandidatos presidenciales en el actual proceso electoral presidencial y líderes opositores.

La huida de Somoza
El 17 de julio de 1979, a las 5:10 de la mañana, el dictador Anastasio Somoza Debayle salió del aeropuerto con otras 44 personas, todas ellas en cinco aviones con destino a Miami, Florida.
Esas personas eran Somoza, su hijo Anastasio Somoza Portocarrero, su hermano José Somoza Reyes, altos miembros de la Guardia Nacional y del Partido Liberal Nacionalista (PLN). Los más allegados. Iban huyendo porque los guerrilleros sandinistas tenían controlado casi toda Nicaragua y amenazaban con caer sobre Managua en cualquier momento.
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Somoza estaba contra las cuerdas porque ya casi no tenía municiones para que la Guardia Nacional contuviera el empuje militar de los guerrilleros, ya que Estados Unidos les habían cortado el suministro de armas y había prohibido a otros países que le vendieran armas.
Principalmente, un mes antes, 23 países de la Organización de Estados Americanos (OEA) le habían pedido la renuncia al dictador. Costa Rica prestaba su territorio a los sandinistas, Cuba y Panamá les enviaban armas a los guerrilleros, Venezuela también los apoyaba y un ejército de cinco mil internacionalistas luchaban contra la Guardia en el sur, comandados por Edén Pastora.
Somoza huyó a Miami porque Estados Unidos le había prometido asilo, siempre y cuando el presidente que le sucedió, Francisco Urcuyo Maliaños, entregara el poder ese mismo 17 de julio a monseñor Miguel Obando, para que este último lo entregara a una junta de gobierno que se había formado un mes antes en Costa Rica.

Urcuyo Maliaños se negó a entregar el poder y dijo que se quedaba en la presidencia hasta 1981, que es cuando se le vencía el periodo a Somoza. Los sandinistas comenzaron a marchar hacia Managua y los Estados Unidos le dijeron a Somoza que no podía quedarse en ese país.
Somoza tuvo que salir de Estados Unidos y dos días después de que huyó de Nicaragua, el 19 de julio, cuando triunfó la Revolución sandinista ya que también Urcuyo Maliaños había huido, Somoza iba en un yate hacia las Bahamas.
Somoza encontró asilo en finalmente en Paraguay, pero fue asesinado por un comando argentino el 17 de septiembre de 1980, en la capital Asunción, exactamente 14 meses después de haber huido de Nicaragua.
El Día de la Alegría se celebró cada año desde el mismo 17 de julio de 1979, cuando la noticia de la huida de Somoza se conoció en las primeras horas de ese día. La gente salió a las calles a celebrar.