El problema es Daniel Ortega

El dictador Daniel Ortega en sus visibles alucinaciones ha apostado a no dejar el poder de ninguna manera, ni por la vía electoral, ni negociar su renuncia para dar lugar a un gobierno de transición y terminar con esta difícil crisis sociopolítica que él mismo ha provocado. Y hoy el que sufre los males de su desastroso gobierno es el pueblo, el que paga siempre los platos rotos. El matrimonio dictatorial parece que ha perdido la razón, no escuchan, no dan señales ni en lo más mínimo de poder llegar a un entendimiento y poner punto final a lo peor de los tiempos que este pueblo está viviendo.

Con el nivel de represión que la dictadura está ejecutando en estos momentos, queda claro que está cerrando las puertas a la posibilidad de que haya una pronta salida al problema que estamos viviendo y que nos está empujando cada vez más al abismo de la desesperación. El delirio por seguir en el poder los ha llevado a hacer los daños que ninguna otra dictadura ha hecho en Nicaragua, y podemos ver que por mucho que se esté presionando para una pronta solución, las cosas parecen empeorar, se hacen los desentendidos ante los reclamos justos de la ciudadanía.

Desde que el pueblo le dijo un basta ya a la dictadura a partir del 2018 y a cambio como respuesta recibió balas y represión se ha buscado la manera de un entendimiento pacífico como elecciones libres, todo esfuerzo ha sido en vano y no ha dado efectos positivos. El dictador no ha querido, ha endurecido la cerviz de su tiranía. Ha recibido la condena internacional y de los organismos de derechos humanos del mundo, pero no ha sido suficiente. Tales acciones han dado como resultado un incremento absoluto de autoritarismo desmedido, amenazas, más encarcelamientos y como si estuvieran dispuestos hasta secuestrar la conciencia al pueblo.

En esto hay que ser explícitos, el problema de Nicaragua es el dictador Daniel Ortega y la verdadera solución para superar esta cada vez más difícil situación es que se vaya del poder, que renuncie o permita elecciones con igualdad de condiciones. A nivel internacional le subieron el tono, así como lo hicieron en 1979 cuando usaron todos los medios para que Anastasio Somoza abandonara el poder. Lo que en conjunto y en equipo tenemos que hacer para salir de este laberinto, es obligarlo a renunciar de una vez por todas.

Ha quedado demostrado que el dictador Ortega en los últimos años se ha dedicado a elaborar y ejecutar planes nefastos que le permitan aferrarse más con la familia al poder y le ha dado la espalda a los macro problemas que padece el pueblo. No se podrá encontrar una salida al atascadero en que estamos mientras sigan teniendo a Nicaragua y al pueblo como rehenes. No hay señales por parte del régimen a una pronta salida al mal generalizado que tanto aqueja.

Lo que el dictador Ortega tiene como prioridad es defender a cualquier costo su estadía en la presidencia, que sigue usurpando desde hace muchos años. Nicaragua no será otra Cuba, que tristemente navega en las angustiantes aguas de la miseria y la pobreza, donde toda esperanza se ha escapado de los ojos de su pueblo por obras de los Castro. Tampoco será una Venezuela, que el socialismo del siglo XXI acribilló también con los dardos de la pobreza y la miseria, hoy se ha ido al abismo por el peso de la maldad y la codicia de unos pocos, dando como resultado el sometimiento al fracaso.

El pueblo de Nicaragua seguimos en pie de lucha, aunque los serviles del Ejército y los paramilitares de la policía nos estén apuntando con armas de guerra y tengan el dedo en el gatillo, listos para disparar. Estamos en modo protesta desde los hogares, en las calles, en todos los rincones donde hay un nicaragüense hay protesta e indignación por lo que se vive. Estamos seguros que esta dictadura no nos llevará al cataclismo de sus pretensiones, somos un pueblo de historia de luchas y triunfos, esta vez no será la excepción. Nicaragua es de los nicaragüenses.

El autor es poeta y escritor nicaragüense.

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