El lenguaje diplomático

Sorpresa y consternación causó en círculos vinculados a la diplomacia y conocedores de sus prácticas de comunicación, dentro y fuera del país, la carta pública fechada el 26 de junio corriente que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua envió a la canciller de España, Arancha González Laya.

La carta no fue firmada personalmente por el ministro Denis Moncada Colindres, fue suscrita de manera institucional e impersonal por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua. Pero obviamente es responsabilidad de Moncada, como ministro que es de las políticas internacionales del régimen y el Estado de Nicaragua.

La señora González Laya es —oficialmente— Ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, alto cargo que viene ejerciendo desde el 13 de enero de 2020. Ella es española-vasca, jurista de profesión y experta en comercio internacional. Entre los diversos altos cargos oficiales y públicos que ha desempeñado figuran el de directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC por su sigla en inglés) y subsecretaria general de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Políticamente es militante del Partido Obrero Socialista Español (PSOE) que gobierna actualmente en su país y que supuestamente es afín ideológicamente al régimen de Nicaragua.

Cuando Arancha González fue nombrada máxima responsable de las relaciones exteriores de España, se consideró que por su perfil profesional el gobierno socialista español quería con ella dar prioridad a la diplomacia económica y comercial. Sin embargo, al ser González investida de su alto cargo declaró que entre sus prioridades tendría, además del reenfoque de la cooperación internacional, la defensa del multilateralismo y de los derechos humanos. Este compromiso lo ha cumplido, sin duda, como lo ha demostrado su ponderada pero clara y firme posición con respecto a las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua, que ha reiterado este lunes 28 de junio en Roma.

Cabe señalar que precisamente por la inusitada virulencia y no tanto por su contenido, sino por su lenguaje y estilo “literario”, la carta pública de la cancillería de Nicaragua a la canciller española ha tenido una amplia repercusión nacional e internacional. Y por eso mismo es que también ha merecido la crítica de personas versadas en la diplomacia.

Al respecto el experto costarricense Carlos Murillo, analista internacional y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), dijo a LA PRENSA que la carta de la cancillería de Nicaragua a la canciller de España “no contiene el lenguaje diplomático que se maneja entre cancilleres, que permite expresar muchas cosas con vehemencia, con mucha fuerza, pero con el respeto que se merecen los cancilleres y sobre todo los gobiernos…” Y agregó que el lenguaje de la carta le hace pensar que el Gobierno de Nicaragua “está anclado en los dos siglos pasados. Es un lenguaje muy de la Guerra Fría y pareciera que no se han enterado que acabó hace rato”.

El maestro chileno de diplomacia y lenguaje diplomático, Eduardo Jara Roncati, razona en su obra titulada La función diplomática que: “A través de los tiempos la diplomacia ha ido elaborando una manera de escribir (y de hablar) propia que toma el nombre de estilo diplomático… A la vez que sencillo el estilo diplomático debe ser de buen gusto… El interlocutor siempre debe ser tratado con respeto evitando emplear expresiones ingratas”. Y sentencia que la cortesía y la firmeza, “inteligentemente combinados, pueden lograr más que un insulto o una vulgaridad”.

Algo tan antiguo y comprensible como eso al parecer se ignora actualmente en la cancillería de Nicaragua.

Editorial Carlos Murillo Gobierno de Nicaragua archivo
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