Juristas y justicia del horror

Ingo Müller (1942-) es un jurista alemán, doctor en Derecho y Filosofía, profesor de Derecho penal y legal en las universidades de Oldeburg y Bremen, en Alemania. Y además es escritor.

Müller escribió un libro titulado Los juristas del horror. La justicia de Hitler: el pasado que Alemania no puede dejar atrás. “Se trata de un crudo y descarnado acto de mea culpa que hace un profesional del Derecho sobre la justicia alemana en los años del nazismo”, se dice en la presentación que hace Amazon de este libro publicado por primera vez en 1987. Una obra que siempre es de actualidad sobre todo para lectores de algunos países donde no hay Estado de derecho y en los cuales la justicia y la actitud de algunos juristas quizás no sea igual a la de los nazis de Alemania en su época más oscura, pero se le parece bastante.

“Alemania, que después de haber dado a Bach, Goethe, a Beethoven y a centenares de hombres que llegaron a ser el orgullo de la humanidad, se rebajó a ser la patria de Goering, Goebbels, Rosenberg, Himmler y otros monstruos, dirigidos todos por un cabo fracasado, fanático, desequilibrado, demagogo, populista y carismático llamado Adolf Hitler, que ni siquiera era alemán sino austríaco”, escribe Ingo Müller.

El profesor universitario venezolano Carlos Ñañez, a quien citamos el lunes 21 de junio por un artículo que publicó en el diario El Nacional, de Venezuela, sobre la obra del filólogo alemán Víctor Klemperer quien escudriñó el lenguaje o jerga totalitaria de los nazis en Alemania, ha escrito también sobre el contenido del libro de Ingo Müller:

“La justicia, despojada de independencia, no respondía a los meros extravíos de gente sin criterio y sin racionalidad del populacho, los juristas del horror eran hombres preparados, académicos connotados de círculos universitarios de Alemania, cuna de los pensadores. Sin embargo, de acuerdo con lo expresado por la profesora Elvia Jurado Rojas, docente de la Universidad de Carabobo (en Venezuela), ‘habían obviado principios universales de derechos humanos, como el principio de la legalidad y el de la presunción de inocencia’, apelando a un lenguaje rígido y paralelo, guturado en odio desde las fauces del lobo y advertido con horror por Víctor Klemperer”, escribe el profesor venezolano.

Sigue diciendo Ñañez que los nazis “lograron trepanar los cráneos de estos sesudos juristas y abordar sus paradigmas, colonizarlos y hacerlos yuxtapuestos al mal. Anestesiando a la moralidad se puede dotar de toda maldad al ser humano, hasta llevarlos al punto del estado existencial propuesto por Hobbes y trocarlo en licántropo (lobo) del hombre, suprimir la posibilidad de dejar de formar parte en el festín de la coaptación de todas las formas independientes y dignas de la existencia, no se puede reducir al mero hecho de suponer que formando y capacitando en preceptos sin abonar en la moralidad, no llegue a extraviarse también el sujeto preparado en un seudohablante que valide la iracundia, la violencia y el mal como ejercicios del poder”.

Debemos disculparnos por la extensa cita, pero la consideramos necesaria para ayudarnos a entender lo que sucede en la actualidad en algunos países. Es comprensible, aunque no justificable, que en los años treinta y primera mitad de los cuarenta del siglo pasado ocurriera el horror del nazismo en Alemania, que desmoralizada por la aplastante derrota en la Primera Guerra Mundial, y por la gran humillación nacional que le impusieron los vencedores, olvidó a sus grandes constructores espirituales y culturales como los que menciona Ingo Müller, y exaltó al poder a Adolf Hitler y las bestias nazis.

Que lo mismo o algo parecido esté ocurriendo casi un siglo después, en pleno siglo XXI, es también injustificable e imperdonable y tampoco se podrá olvidar jamás.

Editorial Adolf Hitler Alemania archivo
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