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Eleo era una ciudad helena de la antigüedad, ubicada en el Quersoneso (Península) Tracio, donde ahora es Turquía.
Muy cerca de Eleo había una tumba y un santuario en el cual se rendían honores divinos a quien en ella estaba sepultado. Era Protesilao, el primer combatiente griego que murió en la Guerra de Troya apenas los aqueos (como llama Homero a los griegos en la Ilíada) desembarcaron en las playas cercanas a la legendaria ciudad.
A Protesilao lo mató en combate Héctor, príncipe de Troya y líder del ejército troyano. Pero Protesilao no era un guerrero más. Se trataba de un príncipe griego, hijo de Ificlo, rey de Filacas, ciudad griega situada en la región de Tesalia.
Protesilao fue uno de los pretendientes a la mano de Helena, la princesa espartana que era hija de Zeus y fue disputada en un torneo que ganó Menelao, quien por ese matrimonio se convirtió en rey de Esparta. Protesilao, igual que muchos otros reyes y príncipes griegos, juró hacer respetar el matrimonio de Helena y acudir en ayuda de su esposo si a ella le ocurría algo indebido. Por eso fue a participar en la Guerra de Troya al mando de cuarenta naves llenas de guerreros filacenses.
Aquiles —el más valiente de todos los griegos que pelearon en la Guerra de Troya—, por su intrepidez quería ser el primero en desembarcar, pero se contuvo al recordar que su madre, la diosa marina Tetis, le había advertido que el primero de los invasores que desembarcara en Troya sería también el primero en morir. Ese era el designio inexcrutable de los dioses. Por eso fue Protesilao el primer griego que puso pie en las arenas troyanas y por lo mismo fue el primero en morir.
Tomo los datos del libro de Robert Graves Los mitos griegos, específicamente del capítulo 162 contenido en el segundo tomo titulado Nueve años de guerra. Se refiere a la Guerra de Troya, de la cual Homero narra en la Ilíada solo lo ocurrido en el décimo y último año de la más famosa contienda bélica de la remota antigüedad.
La tumba de Protesilao que fue convertida en santuario, estaba sombreada por unos olmos sembrados por las ninfas.
Ellas escogieron esos árboles porque son muy estimados por la buena sombra que dan y la excelente madera que producen.
Cuenta Graves que los olmos de Troya, con la llegada del invierno se marchitaban como en todas partes, pero en Eleo, la hojas de esos árboles que sombreaban la tumba de Protesilao siempre estaban verdes, ya fuese verano o invierno, otoño o primavera. Los olmos de la tumba de Protesilao se secaban solo cuando crecían hasta llegar a una altura desde la cual se podían ver las murallas de Troya, pero inmediatamente de sus raíces nacían vástagos verdes.
Muy poco antes de embarcarse para ir a la Guerra de Troya, Protesilao se había casado con Laodamia, hija de uno de los Argonautas, los héroes que fueron al Cáucaso encabezados por Jasón en busca del Vellocino de Oro. Laodamia tuvo un presentimiento funesto antes de que su flamante marido se embarcara hacia Troya, pero no podía detenerlo. Sin embargo, después de que se fue hizo una estatua de él que tendió en su lecho, para tenerlo a su lado.
Cuando le llegó la noticia de que Protesilao había muerto en Troya, Laodamia rogó a los dioses que se compadecieran de su dolor y permitieran a su marido visitarla, aunque solo fuese durante tres horas. Zeus se apiadó de ella y le concedió el deseo. Mandó a Hermes, el dios mensajero, a que fuera al mundo de los muertos y sacara de allí la sombra (el alma) de Protesilao y la llevara a casa de Laodamia, para que animara el cuerpo de la estatua yacente en su lecho.
Hablando por medio de la boca de la estatua, el espíritu de Protesilao dijo a Laodamia que la extrañaba mucho en el otro mundo y le pidió que no tardara en encontrarse con él, para estar juntos en la eternidad. Transcurridas las tres horas el alma de Protesilao se separó de la estatua y, abrazada a ella, Laodamia se mató de una puñalada. Y su alma fue a reunirse para siempre con la de su amado esposo.