En redes sociales intuyo el deseo de “lanzarse” ¡ya! a la opción única de las distintas formas de resistencia cívica. Lógicamente una persona, aunque no le falten las agallas y el coraje de hacerlo, no está en condiciones de hacerlo solo ella pues; para el éxito total, se requiere que lo haga el pueblo (titular de la soberanía). Recordemos la unidad: fundamento del equipo que trabaja por alcanzar la misma y única meta.
Leyendo expresiones, escuchando medios de comunicación, conversando con diferentes personas, recojo el pensar, querer, imaginar, sentir de los ciudadanos, pueblo de este país nuestro llamado Nicaragua. Para los nacidos en esta nación (sea como sea) es ¡nuestra! y nadie ni nada puede despojarnos de ella. Corresponde al pueblo seguir poniendo los fundamentos para que nuestra nación se encuentre en condiciones de ofrecer resultados, interna y externamente, de crecimiento y madurez integral.
Las actuales condiciones no permiten este desarrollo que esperamos desde hace siglos. Hemos hecho cantidad de análisis, síntesis, comunicados, caricaturas, chistes, libros, poemas, leyes, componendas, disertaciones, asociaciones, comités, diálogos, arreglos, remiendos… para avanzar por la senda correcta y, lamentablemente, tropezamos en la misma piedra. ¿Será que no hemos sabido escuchar al pueblo?… el pueblo es el portador del sentido común, conocido también como “sabiduría popular”. Ese sentido común nos va indicando por dónde debemos transitar para vivir como lo que somos: seres humanos, con nuestros derechos y deberes ciudadanos, respetándonos mutuamente, teniendo como meta el despliegue integral de nuestras capacidades, sin sacrificar los principios (conceptos) y valores (prácticas) morales.
En este contexto de los derechos naturales de las personas, que enriquecen este pueblo, ahora lanzo esta reflexión: ¿qué esperamos para impulsar una ofensiva de resistencia cívica, puesto que no se nos permite desarrollarnos como personas?… mucha atención a lo que está escrito sobre el derecho de resistencia: “reconocer que el derecho natural funda y limita el derecho positivo significa admitir que es legítimo resistir a la autoridad en caso de que esta viole grave y repetidamente los principios del derecho natural”. El fundamento del derecho de resistencia es, pues, el derecho de naturaleza. (Del genio filosófico Tomás de Aquino). Y esto, en nuestras circunstancias, llama a un cambio radical de la situación. Si no podemos elegir libremente a nuestros dirigentes, ¿qué tal una elección por aclamación popular?
Recientemente leí un comentario que avala lo dicho: hay que “burlar” la autoridad ilegítima y violatoria de los derechos humanos (que impone una ley ilegítima)… ¿por qué se “burla”?… porque ¡no se puede aceptar!… porque es ilegal y punitiva… y a esta “burla” se le denomina ¡desobediencia civil! De manera que, con la autoridad moral que tiene la voz del pueblo, debemos tomar medidas que conduzcan al hundimiento rápido e integral de todo el aparato dominante que, precisamente, quiere ¡apagar! la voz del soberano que es el pueblo. Y todo esto llevado a cabo con civilismo, con gallarda firmeza y convicción, sin violencia física, ¡con seso!
Escucho y leo: “solo el pueblo salva al pueblo”… ahí está… solo nosotros-pueblo-podemos alcanzar nuestro objetivo y ¡debemos ir apasionadamente por él! No menosprecio la presión de la comunidad internacional, que tiene la obligación de velar por el bienestar de los ciudadanos de esta tierra. Pero, reconozco, como sufriente de esta tierra nuestra, que en la actualidad se da más importancia a los valores económicos que a los valores humanos.
Termino con una frase de Mandela: “Sabía perfectamente que el opresor tiene que ser liberado, igual que el oprimido. Un hombre que priva a otro hombre de su libertad, es prisionero de su odio, está encerrado detrás de los barrotes de sus prejuicios”.
La autora es perito en Relaciones Públicas.