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Oficialistas
De parte del régimen hay una insistencia pública para justificar la ola de detenciones de los últimos días que más o menos anda por aquí: 1) que nadie está por encima de la ley, independientemente de los apellidos, títulos y cargos que tenga. 2) Que todo se hace en correspondencia a las leyes del país; 3) Que leyes parecidas hay en otros países del mundo, incluso en esos países que critican a Nicaragua; y 4) Que en Costa Rica tienen techo de vidrio y ha estallado un caso de corrupción, y el gobierno de Nicaragua no se está metiendo a criticar o a deslegitimar el proceso ni a defender a los implicados.
Opositores
Lo que no dicen los oficialistas en sus argumentos, es que la gran diferencia con otras leyes, otros países y otros procesos, es que los de aquí están dirigidos exclusivamente contra opositores. El “nadie está por encima de la ley” se termina cuando se llega a la acera propia. No es la ley, mucho menos la justicia, haciendo lo suyo. Es la ley siendo usada como instrumento político para anular competencia y, en este caso en particular, para evitar someterse a un ejercicio libre y justo de elecciones que casi con seguridad los llevaría a dejar el poder.
Investigaciones
Esas leyes, sobre las que dicen nadie está sobre ellas, ¿cuántos funcionarios de gobierno están investigando o tienen en la cárcel? ¿Van a sentar en el banquillo a la familia en el poder? ¿O ellos sí están por encima de las leyes? Traigo para ejemplificar este punto, las lapidarias declaraciones de mi amigo y colega Octavio Enríquez al salir de la Fiscalía: “Si de verdad quieren investigar un caso de lavado de dinero, enfrente tienen el hotel Seminole, adquirido con fondos del Alba”, dijo, y agregó luego: “Nada de esto estuviera pasando, si estuviéramos del lado del poder”.
Secuestro
Quien lo tiene claro es el comentarista radial oficialista William Grigsby. Dice que toda esta ofensiva, “usando a la Fiscalía como punta de lanza”, busca “dejar limpia la mesa” para que el régimen de Ortega negocie directamente con Estados Unidos. Es el reconocimiento del secuestro. Tomar rehenes para exigir a alguien de afuera que cumpla algunas de sus demandas so pena de hacerles más daño a los secuestrados.
Rehenes
Los rehenes, en la estrategia del régimen, son moneda de cambio. A través de ellos esperaría conseguir que le levanten las sanciones y algo de legitimidad para las elecciones de noviembre, las haga como las haga. Una posibilidad, para fuera, sería desviar la atención de la negociación hacia la liberación de los presos políticos y quitarla sobre reformas democráticas que debilitarían a la dictadura; o, para dentro, imponerle a la oposición que acepte los resultados de su elección a cambio de liberarles a sus líderes. El tiempo dirá para dónde va el asunto.
Mensajes
No solo son fichas de negociación. También son mensajes. La última ola represiva del régimen busca decir que está dispuesto a cruzar cualquier línea para mantener el poder. Que ya está en un punto donde no respetará títulos académicos, cargos, empresas, grados militares o historiales guerrilleros para meter a quien quiera a la cárcel bajo cualquier cargo que se le ocurra. Que nadie se sienta seguro. Ni por ser inocente ni por las consecuencias que su detención pueda tener. Es un mensaje a todos. Ser opositor es el delito.
Barbarie
La destrucción es enorme. No solo es el daño que se provoca a las víctimas directas de la represión y a sus familias. Ni siquiera es solo el daño inmediato que provoca en el tejido social del país, destruyendo la oportunidad de resolver por la vía electoral, pacífica, la crisis que vive. Es más que eso. Es un tocar fondo de la justicia y las leyes. Y si se instala como normal esta forma de hacer política, si cada vez que el régimen quiera va a encarcelar a quien quiera, esto significa señores, no solo la destrucción de la oposición como quieren hacer creer, sino la destrucción de la sociedad que conocemos. Viviremos una sociedad donde nadie, incluso quienes hoy celebran la represión, puede estar a salvo de los caprichos del rey. La barbarie.
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