La división promueve la abstención

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Abstención

Quiero comenzar esta columna con dos afirmaciones que se repiten con frecuencia en el análisis político actual: 1) que la abstención favorece a Daniel Ortega, y 2) que CxL es, por ahora, la única opción electoral que le queda a la oposición. Ambas son ciertas a mi criterio. Debo agregar una tercera que parece bastante evidente: CxL es quien más vehementes llamados hace a los opositores para que salgan a votar en noviembre y fustiga a quienes promueven la abstención. Sin embargo, hay algo que no se dice: el mayor promotor de la abstención es la división opositora y de poco servirán los llamados de CxL al voto masivo si continua en esa posición excluyente donde la unidad se ofrece solo como asilo a los opositores que se quedaron sin casilla.

Voto opositor

Tienen que entender que aquí no hay votos de la Coalición Nacional ni votos de la Alianza Ciudadana como suponen. Es cierto, hay casi un 70 por ciento de ciudadanos listos para votar contra Daniel Ortega. Pero también es cierto que la gran mayoría de ese caudal de inconformidad hasta ahora no muestra simpatía por bloque alguno. Ese es el verdadero poder opositor, capaz de reventar las represas del fraude si van juntos en la misma dirección. Esos votos son de una unidad que todavía no existe. Unidad, señores, mata abstención y al contrario, la división la promueve.

Ley no escrita

Promover la unidad, claro, puede costarle su casilla a CxL porque la división parece ser requisito en esa ley electoral “no escrita” que ejecuta con crueldad el régimen. Esa ley no escrita prohíbe los esfuerzos de unidad so pena de decapitación. No lo pusieron en las reformas aprobadas por la Asamblea Nacional porque habría sido mucho descaro. También parece prohibir la acogida de Cristiana Chamorro como candidata, a quien, por sus mismos miedos, considera una paria de su sistema electoral.

Tres escenarios

Sobrevivir bajo esas reglas de Ortega no debería ser opción. La desunión de la oposición real, con todo y sus diferencias, podría a la postre hacer más daño a Nicaragua que, incluso, no participar en las elecciones. Los tres escenarios básicos que se avizoran son: 1) todos unidos derrotando a Ortega a pesar de las trampas; 2) Ortega imponiéndose por fraude a pesar de la votación masiva en su contra y con ello certificando su ilegalidad como futuro gobierno y 3) divididos, un grupo participando y otro no, consiguiendo entre 20 y 10 diputados, y dándole alguna legitimidad a la victoria de Ortega. El peor de los tres escenarios.

Cristiana Chamorro

El candidato único debería ser a estas alturas el eje fundamental para la unidad opositora. En este sentido, nos guste o no, Cristiana Chamorro ha emergido como la figura opositora, tanto por las simpatías que despierta entre quienes adversan a Ortega como por las irritaciones que provoca en el régimen. Obviamente, no se trata de imponerla como candidata basado en percepciones subjetivas, sino en, por lo menos, no ponerle zancadillas para que pueda medirse con los otros precandidatos. Ponerle trabas a cualquier candidato, por temor a que desplace a otro que tiene las simpatías de quienes manejan los hilos de la selección, es simplemente imitar, a otra escala, los procesos de Ortega que nos tienen donde estamos.

Contra campaña

Sin invertir todavía un centavo en su popularidad, Cristiana Chamorro ha tenido la más poderosa campaña que candidato alguno puede tener: la contra campaña del régimen. Desde el primer día que sonó su nombre, Rosario Murillo reaccionó con virulencia. Ortega pareció referirse a ella en su ultimo discurso, y todo el aparato estatal ha iniciado un proceso, sin pies ni cabeza, con el aparente exclusivo propósito de inhibir su candidatura. O sea, el régimen está mostrando dónde le duele.

Inhibiciones

La comunidad internacional debe ser clave para frenar las inhibiciones que se aproximan. Este es el momento de cerrar filas si se pretende mantener abierto el resquicio electoral que aún queda. Una vigorosa campaña nacional e internacional para evitar que inhiban a CxL, Cristiana, y otros candidatos, podría, al menos, contener o condenar al dictador. Alguien proponía que se deberían estar formando comisiones de notables, de gobiernos, de Estados Unidos y Europa, de Centro y Suramérica para dejar claro que no se pueden tomar como elecciones libres un proceso donde se elimina a los contrincantes que pueden ganar para que ganen los candidatos que deben perder. Probablemente, Ortega hará lo que sabe hacer para mantenerse en el poder, robarse las elecciones, pero las consecuencias serán mayores. No es lo mismo asaltar a alguien en un callejón oscuro que hacerlo a plena luz y con múltiples testigos.

La ruta

Al final, la ruta está quedando clara: si el régimen no quiere que la gente salga a votar, hay que salir a votar; si al régimen le aterra la unidad opositora, ¡hay que unirse!; si al régimen le incomoda un candidato único, hay que escoger un candidato único, porque lo peor que podría hacer la oposición es comportarse al gusto de Ortega para no irritarlo y así evitar las represalias y llegar vivos, pero maltrechos, a unas elecciones que, en desunión, terminarían haciendo más daño que bien a Nicaragua.

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