Similitudes entre las elecciones del 2006 y 2021

Al momento de escribir este artículo, ya venció el plazo que el Consejo Supremo Electoral (CSE) orteguista otorgó a los partidos políticos con personería jurídica para inscribir sus respectivas alianzas electorales, desgraciadamente el dinero que está en juego alrededor de estas elecciones más las presiones políticas del régimen terminaron haciendo imposible la ansiada unidad que el pueblo demandó hasta el último minuto, algo que había pronosticado hace varios meses. En vista que estas elecciones comienzan a mostrar una peligrosa similitud con las elecciones del 2006, es que decidí titular este artículo: Similitudes entre las elecciones del 2006 y las del 2021. Permítanme explicarlo: para nadie es un secreto la cantidad de esfuerzos que se hicieron en las elecciones del 2006 para lograr la unidad entre la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), el primero llevaba como candidato al señor Eduardo Montealegre y el segundo al doctor José Rizo Castellón (q.e.p.d.), de entre los múltiples esfuerzos que se hicieron para lograr la unidad de ambos partidos, quiero destacar el que hicieran el embajador de España, el señor Calderón Sol en ese entonces presidente de El Salvador, el señor Carlos Pellas y otros, todos ellos trataron de convencer sin éxito a Eduardo Montealegre para que aceptara la Vicepresidencia, porque Rizo por haber sido vicepresidente no podía correr para esa posición.

Su arrogancia, su prepotencia y los equivocados consejos de su entorno, terminaron prevaleciendo para que no aceptara la Vicepresidencia. El resultado ya todos lo conocemos, el señor Eduardo Montealegre finalizó reconociendo el “triunfo” de Daniel Ortega sin haberse contado la totalidad de los votos. Lo trágico de ese episodio es que entre él y el doctor Rizo acumularon más del 55 por ciento de los votos opositores, muy lejos del supuesto 38 por ciento de Daniel Ortega.

En esta ocasión se acaba de perder la oportunidad de articular una oposición unida conformada por la Coalición Nacional y la Alianza Ciudadana. Hoy al igual que en el 2006 de nada valieron la intervención de Buena Voluntad de personas relevantes de nuestra sociedad, de la comunidad internacional y por supuesto los ruegos de nuestro pueblo, la presidenta del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) y su precandidato estrella, pusieron oídos sordos a todas las peticiones llegando al colmo de la soberbia, que ambos aseguraron que el partido CxL no necesitaba de alianzas para enfrentar al orteguismo y que el voto útil (palabras del candidato Arturo Cruz) los favorecería. Hago un paréntesis para subrayar que en todo esto no se escucharon las voces de Juan Sebastián Chamorro, del doctor Vidaurre ni de un señor de apellido Treminio quienes también son precandidatos de ese partido.

Dicho esto, puedo asegurarles que en el futuro el debate de los opinólogos será si se participa o no en las elecciones. Antes de emitir mi opinión al respecto, quiero manifestarles que estoy completamente de acuerdo con lo declarado por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) cuando señaló que estas elecciones no cumplen con los elementos esenciales de una democracia representativa y que eso constituye una alteración del orden constitucional, que afecta gravemente el orden democrático del país y del marco de la Carta Democrática Interamericana. Por lo que, mi humilde opinión es que este CSE es totalmente parcializado y que jamás certificará un triunfo de la oposición, es más, puedo asegurarles que ya tienen los resultados y solo esperan al 7 de noviembre para darlos a conocer. Por lo que uniré esfuerzos con los que aboguen por no participar y además denuncien al mundo la ilegitimidad de origen de estas elecciones, aunque ello signifique declarar como cómplices a quienes se presten a tratar de legitimar este nuevo fraude, para después lloriquear cuando ya es demasiado tarde. A estos les recuerdo las palabras de Albert Einstein cuando dijo: es locura hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener un resultado diferente. En esta ocasión la denuncia de ilegitimidad es la diferencia.

El autor es comentarista político.

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