Jugar para perder: la perversa estrategia opositora

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Oposición

Si en los laboratorios de El Carmen pudiesen diseñar la oposición que más conviene para mantener la dictadura, saldría una oposición, creo, bastante parecida a la que tenemos ahora mismo en Nicaragua. Que hable fuerte, pero haga poco. Una que se desgaste en pleitos con sus iguales, que vaya dividida a las elecciones, que ponga por sobre todo la casilla, los cargos y su personería. Que no parezca tan zancuda, porque no se la creerían y de esos ya tienen bastantes. Pero, la mejor cualidad de esa oposición de diseño es que juegue para ser segundona. Porque en la estructura política que ha armado Daniel Ortega solo ganan lo que juegan para perder. Los que de entrada saben que el primer lugar no es para ellos. Si usted aspira a mucho, pierde; pero si aspira a poco, gana.

Separados

Personalmente sentí una gran decepción cuando vi a doña Kitty Monterrey inscribiendo apresuradamente su alianza sin el otro bloque opositor; y más decepción aun cuando vi que don Saturnino Cerrato estaba en su casa, escudado en pequeñeces, en lugar de estar dando la pelea hasta el último momento para lograr la unidad, que a gritos la población les está exigiendo, no porque se vean bonitos la una al lado del otro, sino porque juntos es como se puede vencer a la dictadura. Separados es muy, muy difícil. ¿Entienden por qué digo que juegan para perder?

Sordera

Lo que ha quedado claro es que los partidos políticos y los movimientos que los acompañan, no están oyendo la grita ciudadana. Por sordera o conveniencia. Hay casi un 70 por ciento de los nicaragüenses que, invariablemente, en distintas encuestas, puntos más, puntos menos, dicen no identificarse con ningún partido político. Ese caudal de apoyo exige en primer lugar que se unan, y luego, que por esta vez antepongan los intereses del país por sobre sus intereses particulares. Donde estén unidos, ahí irá la gran mayoría de ese 70 por ciento huérfano.

Encuestas

No todo está perdido. Si de verdad hubiese intención de oír a la ciudadanía, no debería existir tanto pleito ni tanto enredo. Basta que los grupos opositores escojan una firma encuestadora externa y creíble para todos, que recoja a quiénes quiere ese 70 por ciento de candidatos. Vale para candidatos a presidentes, vale para candidatos a diputados. Lo que no se vale es que en nombre de mecanismos “democráticos” se arme una estratagema de requisitos y exclusiones que conduzcan a que al final quede el candidato preferido de las manos que mueven a los partidos. ¡Así no!

Diputaciones

Cuando en estos pleitos escuché a unos pidiendo tantas diputaciones y a los otros diciendo que no se trataba de hacer “regalías” o que los querían “asaltar” con esa petición, uno solo puede llevarse las manos a la cabeza y decir ¡por Dios! ¿Y en qué planeta viven estas personas? Es que, en principio, las diputaciones no deberían ser de unos o de otros. Hasta donde yo sé, en la Nicaragua de hoy, solo existen dos formas de conseguir diputaciones: por el voto ciudadano, si es que por milagro hubiese elecciones libres, o por asignaciones del régimen, si es que vamos a otro fraude como todo parece indicar.

Resultado

¡Qué decepción! Los partidos políticos, tanto PRD como CXL están en deuda con Nicaragua. No supieron estar a las alturas de las circunstancias históricas que vive el país y, por el contrario, están haciendo su mejor esfuerzo para imponernos unas elecciones de la misma manera que han venido ocurriendo en los últimos 30 años. Si hacemos las cosas de la misma manera, vamos a tener los mismos resultados. ¿Cuál es el resultado de esa política electoral, curulera y colaboracionista? Una dictadura.

Póker

Lo que vimos estos días fue a dos grupos jugándose a Nicaragua como si fuese una partida de póker. No querían unidad, pero blofeaban. Tus cinco, y cinco más. Cartas ocultas. Simulaban tener buena mano para arrancarle concesiones al otro. La intención no era asociarse sino destruirse. Quedar solos y llevarse todo lo que hay sobre la mesa. Chantajear en momentos definitorios: o te unís bajo mis reglas o vamos separados y nos fregamos todos. ¿Qué decís? Jugar al hecho consumado. Ahora solo queda jugar así, conmigo controlandolo todo. Aferrarse al mango de la sartén. Ser cabeza de ratón separados, antes que cola de león unidos.

Jugar para perder

Culpar a Daniel Ortega de la oposición que tenemos es darle mucho crédito. Es una cultura política enraizada desde hace siglos. Yo quisiera estar equivocado, y que al final del camino, don Saturnino Cerrato o doña Kitty Monterrey, juntos o separados, tuvieran razón en su estrategia. ¡Yo celebraría tener que comerme mis palabras en libertad! Discúlpenme, tal vez es mi miopía política, pero lo que veo hasta ahora es un jugar para perder. Dos grupos opositores que están haciendo justamente lo que a Daniel Ortega más le conviene. Como si fuesen una oposición concebida en los laboratorios de El Carmen.

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