Recientemente leí la entrevista del valiente joven Nahiroby Olivas y decía: “Mientras Ortega esté en el poder no hay futuro para mi generación”. Esa frase es un duro golpe para todos los nicaragüenses, porque refleja el sentir y la realidad de toda una camada de muchachos inteligentes, con cualidades excepcionales que pudieron cambiar a un país desde su profesión, pero que se deben de exiliar, esconder o dedicarse a otra cosa solo porque el Gobierno los persigue, los reprime y les ha cortado las alas: su educación, al expulsarlos de las universidades. Y tomo eso como referencia porque yo fui un afortunado, aunque se vivía la época de la dictadura de Somoza, mi talento pudo sobresalir y así recibir una oferta para firmar con un equipo de Grandes Ligas, también lo hizo Antonio Chévez.
Posteriormente, llegaron los años 80 y surgieron jugadores de un nivel formidable, pero sus pretensiones profesionales fueron amputadas por un sistema que consumió al país. Ahí enterraron a otra generación. Los jóvenes no podían elegir lo que querían ser: era correr o la guerra, buscar el exilio o arriesgar su vida por una ideología que resultó fallida para la mayoría, pero exitosa en la generación de riquezas a unos pocos. Ahora que soy padre y vi a mis hijos desarrollarse con todas las facilidades que un joven necesita desde lo deportivo y lo educativo hasta culminar sus procesos universitarios, me pongo en el lugar de cada padre de familia nicaragüense que se esforzó para sacar a sus hijos adelante, pero que no encuentran trabajo, son pisoteados sus derechos y solo encuentran una salida fuera de Nicaragua: es duro.
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Puede leerse un poco drástico, sin embargo como lo dijo el muchacho Olivas, si un joven tiene la oportunidad de zarpar hacia otro país, que lo haga. Es su futuro el que está en juego, no dejen marchitar sus esperanzas de ser alguien en la vida, esa persona que siempre han soñado. Nadie conoce el futuro, solo Dios, y no se sabe si con el pasar de los años cuando Nicaragua sea libre tendrán el chance de implementar y compartir todas las enseñanzas aprendidas en países mejores desarrollados con el nuestro.
Recuerdo cuando fui mánager de la Selección Nacional en Panamá, quise aportar mis conocimientos, formé un plan bien elaborado para preparar al picheo y al bateo, no obstante, se incomodaron conmigo, dijeron que era muy exigente y que las cosas en Nicaragua se hacían diferentes, entendí que no querían mejorar ni evolucionar, dar ese paso hacia el frente. El país va a cambiar, ya despertó, y cuando jóvenes como Amaya o Nahiroby planteen sus ideas seguro serán escuchadas. Mientras continúan las diferencias por la unidad, el futuro de una generación está en juego.