¿En qué momento se perdió la ruta?

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Abril 2018

El estallido de hace tres años no solo fue contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Fue el hartazgo provocado por un modelo de dominación vivián y desalmado en el que participaban, además del Estado, el gran capital, claro que sí, los partidos políticos, y una comunidad internacional que por desinterés se hacía de la vista gorda. Abril 2018 ocurre, principalmente, porque se cerraron completamente las posibilidades que los ciudadanos pudieran expresarse a través de votos libres que sirvieran para escoger a sus autoridades.

Elecciones 2016

Abril 2018 es la reacción, también, a elecciones como las de 2016, por ejemplo, donde Ortega decide cuáles partidos participan, a algunos hasta les presta amablemente sus fiscales y miembros de mesa, y finalmente les asigna los votos que tiene a bien asignarles, según como se hayan comportado. Los ciudadanos, espectadores pasivos del circo, no llegan a votar. Oficialmente, la abstención en 2016 fue de 34.7 por ciento, pero se supo que el Consejo Supremo Electoral lo que hizo fue voltear los resultados, y la abstención real anduvo por el 70 por ciento.

Circo electoral

¿Se acuerdan de esas elecciones? Eran un circo de principio a fin. Una firma encuestadora, la misma de siempre, a la víspera le inventaba a Ortega unos niveles de simpatías inverosímiles, con la seguridad de que luego serían confirmados por los datos oficiales, también inverosímiles. También inventados. Compadres hablados. Los payasos de este circo eran unas delegaciones de la OEA que a título de “acompañantes” venían a hacer turismo. Llegaban en los últimos días, se movilizaban por lo limpito, escoltados por magistrados electorales en vehículos con aire acondicionados y refrigerios, visitaban las juntas previamente acomodadas para que se viera todo bonito, y daban declaraciones sólo a los medios oficialistas para hablar de lo lindo y libre que eran las elecciones en Nicaragua.

Dictadura

Hago todo este cuento, que con seguridad ustedes ya lo conocen, porque hay una recia ofensiva para volver a las elecciones de antes. A esas que acabo de describir. Desgraciadamente, hay quienes se sienten a gusto con esta forma de elegir a las autoridades. Es más fácil hacer méritos ante un caudillo que designa, que ante tres millones de ciudadanos que eligen con sus votos. Pero olvidan lo esencial: lo que sucedió hace tres años en Nicaragua es lo que abrió la posibilidad real del fin de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Y el fin de la dictadura implica también el fin de esa forma de repartirse el poder. De tal forma que quienes buscan participar en unas elecciones como las de 2016, en realidad están a favor de la dictadura y en contra de abril 2018, aunque digan lo contrario.

Aliados

Recordemos el abril de hace tres años. No se pedía pedigrí a nadie para que anduviera con una bandera azul y blanco en la mano. Al contrario, se celebraba cada persona que se unía, incluyendo gente que fue cercana a Daniel Ortega. ¿Recuerdan aquella famosa foto de los jefes militares en una manifestación? Es un asunto de sentido común: prefiero tener a alguien, aunque no me caiga bien, a mi lado, tirando piedras hacia el frente, que tenerlo al frente volándome piedras a mí.

La ruta

¿En qué momento se perdió la ruta? ¿Se acuerda cuál era la ruta? Cinco palabras resumían toda la respuesta. Todos lo teníamos claro. De un tiempo para acá comenzó el enredo. Se gastan más energías entre la oposición atacándose unos a otros, que enfrentando a la dictadura. Últimamente andamos todos, o la gran mayoría para no ser injusto con las excepciones, con un salbeque de piedras en el hombro, listos para dejárselas ir al primero que asome la cabeza, como si en la lapidación a mansalva estuviera la solución a nuestros problemas.

Pedradas

Se atacan las elecciones como posibilidad de solución. ¡Van las pedradas! Ningún nicaragüense es suficientemente bueno y puro para ser candidato a nada. ¡Plaf! ¡Plaf! Aspirar a cargos públicos se volvió pecado. El colmo, a la unidad, la única forma de vencer a Ortega, sea en elecciones o fuera de ellas, se le pone como mala palabra en un sector opositor. ¡Más pedradas! O sea, queremos una oposición que enfrente a Ortega, pero desunida, sin prepararse para elecciones si ese fuese el campo de batalla, sin candidatos, sin que nadie aspire a ser diputado, y sin un plan alternativo para enfrentar al dictador fuera del campo electoral. Entonces, ¿seguimos con Ortega pues?

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