El asesinato atroz de Kenia Contreras, conocida como Lala, mujer transgénero de 22 años, expuso la vulnerabilidad, hostilidad, discriminación y violencia que a diario enfrenta la comunidad transgénero en Nicaragua, sin importar la edad o estatus social, en medio de una sociedad de cultura machista, señalan defensoras.
Hablar de agresiones y asesinatos transfóbicos en el país no es algo «normal», no está ni siquiera tipificado como tal, como un crimen de odio contra una persona por su identidad de género.
Lala fue asesinada pero antes fue también víctima de agresiones verbales y físicas. Muchas mujeres transgénero que ahora se aglutinan en la Asociación Nicaragüense de Transgéneras (ANIT), con sede en Managua, llegan ahí en busca de ayuda, dispuestas a cambiar su realidad marcada por un pasado violento, lleno de abusos y adicciones. Dicen estar dispuestas a demandar respeto e igualdad de derechos como nicaragüenses.
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Nicaragua: agresiones y asesinatos transfóbicos
Ludwika Vega, presidenta de ANIT, sostiene que en los últimos 10 años han contabilizado cerca de 90 agresiones a la comunidad de personas transgénero en Nicaragua, de estas agresiones siete han terminado en asesinatos transfóbicos. Pero también aclaran que esto es solo lo que ellas han podido identificar, pues la mayoría de los casos podrían quedar en silencio e impunes.
En 2010 y 2011 hubo dos asesinatos en Masaya; en 2017 tres mujeres transgénero fueron asesinadas: dos en Nandaime, departamento de Granada, y uno en Managua. En 2020 se contó un asesinato transfóbico en Matagalpa y el último ocurrido el 3 de marzo 2021 en Somotillo, departamento de Chinandega.
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Ludwika es sobreviviente de intento de asesinato; en septiembre de 2019 dos sujetos irrumpieron en las antiguas oficinas del colectivo de mujeres trans y la atacaron con arma blanca. Lejos de que la visibilización propicie que su identidad sea respetada, a criterio de la presidenta de ANIT, la violencia ha aumentado debido a que «hay más exposición del colectivo, pronunciamientos y demandas dentro de los espacios públicos y privados, por eso hay más agresión porque nos estamos pronunciando». Que se identifiquen públicamente es también un riesgo para ellas.
Ella describe que la mayoría de agresiones registradas por el colectivo son a mujeres transgénero trabajadoras sexuales, empleadas domésticas, comerciantes y aquellas mujeres portadoras de VIH. «Nosotras hasta 2018 teníamos 56 casos de agresiones, en 2020 registramos 27, de los cuales 20 se dieron en el período más duro de la pandemia del Covid-19 y en lo que va del 2021 documentamos 5, sabemos que hay más pero no se denuncian por miedo», mencionó Ludwika.
Las personas transgénero son una manifestación más de diversidad de la naturaleza humana, apuntan las Naciones Unidas, que creó en 2013 el proyecto Libres e Iguales, basado en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. El organismo reconoció que «es momento de dejar de denigrar, y es hora de defender los derechos de la comunidad trans. ¡Ha llegado el momento de celebrar la visibilidad trans!».
Fue entonces cuando el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, instó a todos los gobiernos y sociedades a «construir un mundo en el que nadie tema por expresar su orientación sexual o su identidad de género». Con el fin de concientizar y sensibilizar a la población y luchar contra la discriminación hacia las personas transgénero, todos los 31 de marzo se celebra el Día Internacional de la Visibilidad Transgénero.
Sin embargo, las agresiones y los asesinatos contra la comunidad transgénero no cesan en ninguna parte del mundo. El Observatorio de Personas Trans Asesinadas ha documentado 3,664 crímenes de este tipo en 72 países entre 2008 y septiembre de 2020, lo que supone una muerte cada dos días. Según este observatorio, durante ese período en Nicaragua han ocurrido siete asesinatos de personas transgénero.
Demandas: inclusión y respeto
Ludwika es enfática en señalar que para las mujeres transgénero es importante que primero la población general, instituciones públicas y privadas trabajen el tema de la sensibilización para que de una vez se logre visibilizar la identidad de la comunidad transgénero como tal.
«Para nosotras es importante el respeto, la inclusión dentro de la toma de decisiones referente al contexto en que se vive. Hay algunas instituciones que se vanaglorian de que nos están apoyando, cuando no es así, muchas de nuestras compañeras se ven obligadas a trabajar en las calles, donde se exponen más a las situaciones de violencia», remarcó Ludwika.

Insiste en que dicho colectivo urge de políticas públicas tanto de inclusión y respeto en espacios como educación, salud y empleo.
«Necesitamos una ley de identidad de género que reconozca a esta mujer como tal, que tipifique los crímenes por odio (…) nosotras siempre hemos venido demandando inclusión, respeto, no tolerancia porque no queremos que nos toleren sino que nos respeten y que nos incluyen dentro de la toma de decisiones, no queremos seguir siendo instrumentos de utilización, no se trata de seguir diciendo que somos emprendedoras sino que nos brinden formas de apoyo para que estas mujeres puedan trabajar libremente sin tener que andar en la calle por la madrugada ejerciendo el trabajo sexual como única opción», demandó Ludwika.
Secuelas graves: mutilaciones y suicidios
La presidenta de ANIT reconoce que muchos colectivos que acogen a la comunidad LGTBI ni siquiera cuentan con el apoyo integral y económico por parte de las instituciones gubernamentales y que por ello hay una limitada atención a las mujeres transgénero que buscan apoyo.
«Hemos sido psicólogas de nosotras mismas, porque somos las que sufrimos. Las secuelas de las agresiones verbales y físicas llevan a muchas compañeras a mutilarse sus partes o a cortarse otras parte de su cuerpo, por la misma depresión que existe, por el rechazo y la discriminación otras se suicidan, hemos registrado dos casos, una se ahorcó y otra se envenenó, por el mismo rechazo social», reconoce Ludwika. Añade que los traumas pueden generar para algunas problemas de adicciones. Además de ser su propia red de apoyo, ellas esperan poder gestionar fondos y ayuda profesional para fortalecer la red y dar la atención que necesitan y merecen las mujeres que se acercan a este colectivo.