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Elecciones
Si Daniel Ortega se robó las elecciones cuando podía ganarlas, digamos, en un juego más o menos limpio, ¿qué nos hace pensar que ahora no se las robará cuando no tiene posibilidad alguna de ganar limpiamente? La respuesta es sencilla: Si Ortega se las puede robar, se las robará, porque esa es su naturaleza. La única forma de ganarle a este dictador es que pierda el control de las elecciones. Y hasta ahora, eso no ha sucedido ni parece ser que sucederá si se sigue haciendo la misma operación que se ha hecho siempre. Tres más dos siempre dará cinco.
Fracaso
Cuando digo que Ortega está incapacitado de ganar unas elecciones limpias, no lo hago por retórica o apasionamiento político, sino por el peso de los hechos. Su modelo fracasó estrepitosamente hace tres años. Lo dicen las encuestas. Hasta muchos de los que han simpatizado con su régimen, saben que es un lastre, y posiblemente les irá mejor a ellos mismos en un futuro sin Ortega que con él haciendo lo que hace. Él mismo lo sabe y por eso el mejor escenario que puede tener es uno en el que no haya elecciones. Si se ve obligado a cumplir el requisito electoral se las robará, sin duda alguna, pero si puede seguir en el poder sin elecciones eso es lo que hará.
Ecuación
El error de cálculo está en pensar que toda solución a la crisis de Nicaragua pasa por la voluntad de Daniel Ortega y su esposa. La suma de las voluntades de Daniel Ortega y Rosario Murillo siempre dará fraude y dictadura. Dos más tres siempre será igual a cinco. La clave, pienso yo, está en regresar al origen de la ecuación y cambiar los valores de los elementos. ¿Hay una solución a la crisis sin Ortega? ¡Claro! “Sin Ortega” es el resultado correcto. Y esto, en términos prácticos significa que el dictador pierda el control de su propio cambio. La ecuación para salir de Ortega debería ser X más Y, donde “X” es la unidad opositora y “Y” las bases del régimen.
Desconfianzas
Todos sabemos que el régimen de Ortega es insostenible. Aislado del mundo. Sin dinero. Acusado de crímenes gravísimos. Con su liderazgo envejecido y sin relevo generacional a la vista. Sostenido solo por las armas. Sin posibilidad de cumplir incluso las mismas leyes que ellos se inventan. Desde abril de 2018 hasta ahora lo único que ha hecho es ganar tiempo. Alargar su agonía. Y si ha estado dispuesto hasta matar para sostenerse en el poder, es porque está atrapado en una trama mafiosa que solo funciona con ellos desde el poder. Y si no lo vemos organizando un relevo, es porque no confía en nadie más que en ellos. Desconfía hasta de sus cercanos.
Factor Y
El factor Y, la incógnita a despejar, es la misma base de Ortega. Conozco tantos empleados públicos que los vemos en las marchas con sus banderas rojinegras, pero en privado hablan con mucho rencor de lo que viven. Muchos empresarios sandinistas saben que Ortega ya no es garantía de nada y que para prosperar en sus negocios les conviene más un gobierno sin Ortega. Hay mucha incertidumbre e inconformidad entre los que apoyan al régimen. Solo que ese malestar no ha encontrado válvula por donde salir, porque el régimen ha cuidado de ser especialmente cruel contra quienes desertan, y la misma oposición se ha encargado de cerrarles toda alternativa de escape.
Factor X
El otro elemento de la ecuación es el factor X: la unidad opositora. La unión opositora debe ser multiusos y no sólo pensada para un posible escenario electoral. Servirá para ir a elecciones, si es que las hay, para reclamar al régimen si es que no las hay, y para convencer a las bases sandinistas de que el cambio es inminente y por su conveniencia más les vale abandonar el barco que se hunde.
Estrategia
Si los grupos opositores dedicaran ese tiempo que dedican a descalificarse los unos a los otros, en convencer a las bases sandinistas de que un cambio de gobierno les conviene igualmente a ellos, posiblemente estaríamos más cerca de la solución a la crisis de que lo que estamos ahora. ¡Por estrategia! En cambio, aquí el simpatizante del régimen que quiere dejar de serlo es agarrado a pedradas por el régimen, y por la oposición. De tal forma que, aunque los inconformes sepan que Ortega ya no da más, seguirán agrupados alrededor de él porque por ahora es la única garantía de sobrevivencia que tienen.
Garantías
No se trata de establecer otro ciclo de impunidad de los muchos que tan nocivos han sido para la sociedad. Se trata de jugar con inteligencia dentro de los principios y límites del país que queremos construir. Darles a todos, incluyendo a quienes ahora simpatizan con el régimen, las garantías de justicia que tiene un estado de derecho y democrático. Ser distintos a ellos. Solo eso.
Utopías
Yo entiendo que muchos quieran ver un cambio de gobierno donde Ortega sale de su casa esposado a pagar por sus crímenes, donde se construye un estado a la medida de lo que cada uno quiere, donde empiecen a rendir cuentas todos los corruptos, y Nicaragua viva en paz, justicia, libertad y prosperidad por los siglos de los siglos. Pero aquí no habrá soluciones mágicas. No hay una revolución entrando triunfante a El Carmen, ni veremos una invasión extranjera que termine con la dictadura. Eso no es posible y ni siquiera sería lo deseable. Al contrario, al plantear eso como la única solución posible, nos quedamos inmóviles, en el estado en que estamos. El país común que queremos, ese país donde todos nos encontramos a pesar de nuestras diferencias, no se va a construir de una sola vez. Es paso a paso. El primer paso es salir de esta dictadura y para ello hasta quienes hoy la sostienen son necesarios.
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