“Quiero que los recuerden como héroes, porque dieron su vida por Nicaragua, para que seamos libres de tantos crímenes, de tanta impunidad. Que se haga justicia por cada uno de los que han muerto, porque a cada madre, a cada familiar le han dejado un vacío en el corazón, un vacío en la mesa. Ya nada podrá ser igual. Siempre los voy a tener en mi corazón”… Recuerdo esa imagen de Iris Magalis exponiendo su dolor, en la sala de su vivienda y en sus manos la foto de su hijo Noel Ramón Calderón y de su esposo Humberto Antonio Parrales, ambos asesinados por paramilitares en la madrugada del miércoles 16 de mayo del 2018.
Iris Magalis carga con el dolor doble de una madre y esposa que al igual que otras 300 mujeres, hermanas, abuelas e hijas, que en estos años han luchado, no solo por sobrellevar el desconsuelo de la pérdida de seres tan queridos, sino por mantener viva la memoria contra la impunidad, la cara monstruosa de la represión en que vivimos. Hoy, al igual que ayer, las mujeres en la Asociación Madres de Abril (AMA) vuelven a ser motor de nuestra historia, sellada por una decisiva participación femenina; sea en el movimiento independentista, en la colonia enfrentando al pirata invasor, en la guerra nacional, en la insurrección armada contra la dictadura de Somoza y por supuesto el caso de mi madre, Violeta Chamorro, la primera mujer Presidenta elegida por el pueblo como bandera de la democracia, lo que para América Latina simboliza en Europa la caída del muro de Berlín.
En la actualidad, la Asociación Madres de Abril, junto a las esposas, madres e hijas de los presos políticos han vuelto a asumir un papel activo por el derecho de todos a la justicia, a denunciar sin miedo la criminalidad estatal y desenmascarar la “argumentación” oficial que acusa de golpista a toda la ciudadanía que participó en las protestas cívicas del 2018. Las Madres de Abril, las presas políticas, que según denuncias de la OEA, “sufren constantes amenazas por parte de agentes del Estado, hostigamiento de las autoridades penitenciarias y tratos lesivos a su dignidad de mujeres por funcionarios de las cárceles”; y las esposas y madres de los presos políticos son heroínas que han sabido convertir la tragedia en una enorme fuerza de presión por la democratización de Nicaragua, que es garantía de no repetición y justicia para reconstruir moralmente el país.
En Nicaragua, el Día Internacional de la Mujer no se puede celebrar sin reconocer la lucha de estas mujeres que, por su naturaleza, son las que elaboran el tejido más resistente y vital de la familia, y por tanto, la defensa de sus derechos, de sus comunidades y en general, de toda la población. En este sentido, creo firmemente en que debemos seguir haciendo conciencia de su situación y su importancia, teniendo presente que además de su derecho a la verdad, reparación y no repetición, es necesario impulsar con firmeza la incorporación de las mujeres en la economía y la gestión pública como un tema de derechos humanos, porque nuestra presencia en todos los espacios políticos significa el avance democrático, el desarrollo económico, oportunidad de empleo y bienestar para las familias más vulnerables.
Solamente en un sistema con democracia plena, como la que vamos a construir después de Ortega, los intereses de todas las mujeres van a estar protegidos. En mi opinión, si las mujeres demandamos la democratización de Nicaragua, la democracia también necesita de nosotras y como dije en otra ocasión, esta es nuestra tercera oportunidad y no podemos fallar. El momento que estamos viviendo es decisivo para el futuro de nuestros hijos y otros como ellos que vienen después. Las mujeres estamos llamadas a seguir el ejemplo de las Madres de Abril y ser fuerza de presión por la democratización de Nicaragua que pasa por la unidad de los dos bloques de la oposición cívica. Esa es la fórmula que debemos impulsar para derrotar a Ortega en las próximas elecciones.
Recordemos que una voz colectiva es mucho más fuerte que el llamado de una mujer al cambio. La futura democracia necesita de la fuerza y presión de toda mujer, como la ejercida por las Madres de Abril, las expresas políticas y las que siguen secuestradas, junto a los reos de conciencia: padres, hijos o mujeres, como Lucila Gaitán y Beymara Gutiérrez, esposa e hija, respectivamente, de Benjamín Gutiérrez, enfermo en la cárcel sin atención médica y condenado culpable por negarse a reprimir al pueblo.
Nicaragua necesita de nuestra amplia participación y así devolver la esperanza a mujeres como Iris Magalis, que simboliza la lucha de todas. Digamos ¡Sí a Nicaragua!, para que todas las mujeres seamos escuchadas hoy y siempre, en todos los ámbitos de la vida nacional. Que nuestro instinto práctico se haga presente y las capacidades de todas sean incorporadas en los planes de desarrollo económico-social y gestión pública de la Nicaragua que volverá a ser República.
La autora es periodista.