Las mujeres de Eurípides

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Al decir “las mujeres de Eurípides”, me refiero a las protagonistas femeninas en las obras del genial poeta trágico griego, no a sus compañeras sentimentales reales o supuestas.

Escribo este artículo a propósito de que el próximo lunes 8 de marzo será el Día Internacional de la Mujer; y de que recibí en estos días un libro electrónico con 6 tragedias de Eurípides, de las 19 que según los especialistas se pudo conservar, pero se estima que fueron 92 las tragedias que escribió a lo largo de su vida.

Además, quiero resaltar que el enfoque del libro mencionado es precisamente el lugar que ocupa la mujer en la obra del gran autor dramático griego. Así, las 6 tragedias que contiene dicho libro son: Alcestis, Medea, Los Heráclidas, Hipólito, Andrómaca y Hécuba. Como se ve, cuatro de los seis títulos son nombres de mujeres (Alcestis es nombre femenino), lo que da una pista del enfoque.

Antes de seguir conviene recordar quién era Eurípides. Lo refiere el autor de la Introducción General de la colección de tragedias de Esquilo, el helenista y mitógrafo español (de las islas Baleares), Carlos García Gual. Ya en un viejo artículo publicado en El País de España, titulado “Los clásicos nos hacen críticos”, García Gual indicó que “las grandes obras nos ayudan a entender aspectos esenciales de la condición humana: su mensaje se reinterpreta con los años, abre nuevos horizontes y moldea a personas más críticas e imaginativas”.

En su Introducción General a las seis tragedias de Eurípides, el estudioso y autor español dice que este insigne trágico griego —uno de los tres grandes, junto a Sófocles y Esquilo, cuyas obras constituyen una de las fuentes primarias de la mitología griega—, nació el mismo día que los atenienses obtuvieron la victoria sobre los invasores persas en la histórica y épica batalla de Salamina, en el año 480 antes de Cristo.

Se educó Eurípides —agrega García Gual— “en el ambiente ilustrado y en el esplendor de Atenas en la época” de Pericles. “Vivió en la época del mayor esplendor político y económico de Atenas, asistió a la construcción del Partenón y los más hermosos monumentos de la Acrópolis, y compartió con sincero patriotismo el orgullo de los ideales democráticos”. Y dice que Eurípides, quien tenía una de las primeras bibliotecas privadas que hubo en Grecia, “meditaba y componía sus tragedias en una cueva de Salamina, solitario frente al mar”.

Advierte García Gual que, “entre las novedades aportadas por Eurípides acaso la que más escándalo e irritación causa entre sus contemporáneos —y la que luego más moderno lo hace a ojos de otros lectores posteriores— es su interés en dejar un primer plano escénico a mujeres de inolvidable fuerza pasional”. En este orden García Gual cita al helenista británico Gilbert Murray, quien dice en su Historia de la Literatura Griega (1897) que a Eurípides le “llamaban el enemigo de las mujeres y Aristófanes hace que las de Atenas conspiren para vengarse de él (en su comedia Las mujeres en las Tesmoforias). Por supuesto que, en realidad, sucedía todo lo contrario. Amaba, estudiaba y pintaba las mujeres que los socráticos ignoraban y que Pendes aconsejaba conservar en la casas en silencio”.

El autor español aclara, sin embargo, que en los personajes femeninos de Eurípides “el crimen es mucho más llamativo y palpable que la virtud (al menos en la escena trágica). Heroínas como Medea, Fedra, Estenebea, Aérope, Clitemnestra, llenan acaso más la imaginación que las figuras angélicas o adorables: como Alcestis, que muere por salvar a su marido; Evadne y Laodamla, que no quieren sobrevivir a los suyos, y toda la lista de doncellas mártires (como Macaria en Los Heráclides e Ifigenia en Ifigenia en Áulide…)”

Sin embargo, el mismo autor aclara que “Eurípides rehúsa idealizar al hombre y, en cambio, idealiza a las mujeres… Y además Eurípides no nos permite tomar aversión a sus mujeres peores. Nadie puede defender a Medea, que escapa victoriosa, sin recibir su castigo —Medea, mujer de Jasón el argonauta, mata a sus hijos para vengarse de él—; y algunos aman a Fedra, aun cuando ha hecho perder la vida a un hombre inocente”.

 

Opinión
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