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Triunfo de Violeta Barrios de Chamorro como candidata de la Unión Nacional Opositora (UNO) en 1990 . LA PRENSA/ARCHIVO

Los factores que obligaron a Ortega a entregar el poder en 1990

La esperanza por cambiar el rumbo de la historia en Nicaragua se vio reflejado en la decisión del pueblo hace 31 años, a través del voto popular. Daniel Ortega se vio obligado a aceptar los resultados

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La esperanza por cambiar el rumbo de la historia en Nicaragua, que pasaba por la destrucción, la escasez y una guerra civil, se vio reflejada en la decisión del pueblo hace 31 años, cuando a través del voto popular pusieron fin a una dictadura que se autoproclamaba revolucionaria y que se había impuesto por las armas desde 1979 al derrocar al régimen de Anastasio Somoza.

El 25 de febrero de 1990, Daniel Ortega, quien junto a los otros comandantes que lideraban la Revolución en Nicaragua, perdieron de manera abrupta las elecciones generales, con más del 50 por ciento de los votos contra Violeta Barrios de Chamorro, que era candidata de la coalición política, Unión Nacional Opositora (UNO) que integraba a 12 partidos y dos organizaciones políticas que habían constituido esa alianza electoral para participar en las elecciones adelantadas de ese año. Originalmente estaban programadas para noviembre.

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Chamorro pasó a liderar un país que por casi 10 años se había desangrado en la guerra, con una economía devastada, una hiperinflación  récord de 33,547 por ciento y una deuda externa de 12,500 millones de dólares, según cifras del Banco Central de Nicaragua.

En medio de todas esas adversidades, debido a presiones internacionales, Ortega había accedido a adelantar las elecciones y celebrarlas en febrero de 1990. Se vio obligado a reconocer su derrota, ya que se enfrentaba al descontento y rechazo de la población, debido a la grave crisis y el Servicio Militar Obligatorio bautizado como “Patriótico”, una ley que obligaba a los jóvenes de entre 18 y 25 años a alistarse en el Ejército para ir a las montañas a combatir a la Contrarrevolución.

Presión internacional y compromiso del CSE 

El político opositor, Moisés Hassan Morales, quien participó como candidato a la presidencia en las elecciones de 1990 por el Movimiento de Unidad Revolucionaria (MUR), antiguo compañero de Ortega en la Junta de Gobierno, manifestó que éste se vio obligado a aceptar que había perdido las elecciones debido a la presión y observación electoral internacional, que permitió que el proceso se desarrollara de manera limpia y transparente.

Punto en el que coincidió  la expresidenta del Consejo Supremo Electoral (CSE), Rosa Marina Zelaya, pero que además destacó que, lo que ocurrió en las elecciones de 1990 fue transparencia y compromiso profesional por parte del propio Consejo, de querer hacer unas elecciones donde se iba a respetar el voto popular, pese a sus afinidades sandinistas.

Zelaya, quien para esos días fungía como Secretaria del CSE, recuerda que la institución electoral era mixta, estaba integrada por magistrados que podían tener afinidades, simpatía o procedencia del Frente Sandinista, pero también habían magistrados que eran de otros partidos, como los conservadores y los liberales. También había un magistrado que no pertenecía a ningún partido político, era independiente.

Rosa Marina Zelaya, expresidenta del CSE. LAPRENSA/ARCHIVO

La credibilidad en este proceso se basó principalmente en la observación electoral internacional, ya que para entonces, no había observación electoral nacional. Zelaya recuerda, que para las elecciones del noventa había una cantidad impresionante de observadores de todos lados: EE.UU., Europa, América del Sur y Centroamérica. Además hubo una cobertura totalmente abierta de periodistas tanto nacionales como internacionales.

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De acuerdo con la expresidenta del CSE, los observadores que habían eran de las Naciones Unidas, Onuven (Misión de Observadores de las Naciones Unidas para Verificar las Elecciones en Nicaragua), de la Organización de Estados Americanos (OEA), del Centro Carter, del Instituto Republicano, del Instituto Nacional Demócrata, de Capel (Centro de Asesoría y Promoción Electoral), de la Asociación de Organismos Electorales de Centroamérica y El Caribe, y también observadores que, invitaron los propios partidos políticos participantes en las elecciones.

Además “había un acuerdo de que los observadores podían estar desde muchísimo antes, prácticamente desde que se dio el diálogo político que hubo en el 89, 90, hasta abril estuvo una presencia muy fuerte de las Naciones Unidas y de la OEA, principalmente. Entonces era un monitoreo muy fuerte que se daba de todo el proceso. Todo eso ayudó. Y ayudó también la decisión del mismo pueblo nicaragüense de que se volcó a votar”, expresó Zelaya.

CSE jugo un papel muy importante 

Zelaya, señaló que Consejo Supremo Electoral (CSE), a cargo de Mariano Fiallos Oyanguren, fallecido en 2014, desplegó una campaña de educación cívica muy fuerte en los diferentes momentos del proceso electoral. Se hizo un llamamiento para que las personas fueran adquirir su libreta cívica para votar, porque para entonces no había cédula de identidad.

Posteriormente hubo otro llamado de parte del CSE, para que se respetará la campaña electoral, indica Zelaya. “Las ideas se rebaten con ideas, y entonces el Consejo llamó a que pudieran (los partidos opositores) hacer sus manifestaciones siempre con libertad, que pudieran tener sus concentraciones, reuniones políticas, reuniones participativas en la televisión, en las radios. Había un balance para que pudieran acceder más equitativamente”, detalló.

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“La verdad es como que había todo una consciencia de que había que tener un proceso electoral donde se respetará la voluntad del elector, donde se fueran organizando de tal manera de que la gente tuviera confianza en acudir a las urnas. Todo eso fue muy interesante, además había una consciencia de que era una manera para que se terminara la guerra en Nicaragua”, agregó.

La suma de todo lo anterior mencionado “permitió de que hubiese un respeto al voto popular y que ganará quien el pueblo decidió que en este caso fue doña Violeta Barrios de Chamorro, que era la candidata de la UNO”, precisó Zelaya.

“Sentimos el triunfo en las manifestaciones”

A pesar de la intimidación de las organizaciones sandinistas y el millonario despliegue de propaganda, los opositores a Ortega eran optimistas.

Pedro Joaquín Chamorro Barrios, hijo mayor de Violeta B. de Chamorro, quien se incorporó como asesor político en los últimos meses de campaña de su madre, recuerda que al igual que su cuñado, Antonio Lacayo (q.e.p.d), quien era el jefe de campaña de la UNO, sentían el triunfo electoral en las manifestaciones, a través del entusiasmos y las señales del uno, que hacían las personas cuando pasaban frente a sus casas con el dedo índice.

“Aunque algunos no se integraban a las manifestaciones, a los mítines, a las caminatas, desde sus casas nos saludaban con una gran sonrisa y haciendo la señal del uno. Esa es una imagen que se me ha quedado gravada”, revivió.

Violeta Barrios, viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, venció al Frente Sandinista en las elecciones de 1990.

Pero, quizás la imagen más imperecedera de la seguridad del triunfo, para Chamorro Barrios fue cuando al UNO hizo el cierre de campaña en Managua. “Mi mamá estaba quebrada de la rodilla, en silla de rueda, yo la acompañé, para que la subieran en la tarima de la Plaza de la República (ahora llamada Plaza de la Revolución). Fue subida con una mula hidráulica, porque no se podía subir por escaleras. Entonces una de esas mulas que era unida con una plataforma subió a mi madre conmigo, creo que también iba don Virgilio Godoy (q.e.p.d.) que fue el candidato a la vicepresidencia. Y al ver esa plaza rebosante y esas banderas azul y blanco y de banderas de la UNO me sentí seguro del triunfo”, reveló.

De tal manera, que ese triunfo fue confirmado en las primeras horas de aquel 25 de febrero de 1990, cuando el Centro Carter ya sabía cómo había salido la votación. “La OEA llamó a Antonio (Lacayo), él fue a platicar con ellos esa noche. Y después vino ya con la noticia que ya era un hecho el triunfo,  que era arrasador que había habido una participación masiva en la elección y que prácticamente doña Violeta era presidente. Después esa madrugada del 26 de febrero, fue el discurso de Daniel Ortega admitiendo la derrota. Y luego fuimos a El Bambana (restaurante de la época ubicado en las inmediaciones donde hoy es la rotonda Hugo Chávez) a proclamar la victoria, ahí mi madre dio su primer discurso como presidenta electa de Nicaragua”, expresó Pedro Joaquín Chamorro B.

Pedro Joaquín Chamorro Barrios. FOTO: CORTESÍA LA NACIÓN

Un triunfo histórico

Luis Sánchez Sancho, quien fue jefe de información de la UNO en los años noventa y actualmente es editorialista de LA PRENSA, explica que un hecho histórico es aquel que ha promovido, causado un cambio importante que vale la pena registrarlo en la memoria para las siguientes generaciones.

Para Sánchez Sancho, la elección del 25 de febrero de 1990 y el triunfo de Violeta B. de Chamorro, personalmente como candidata presidencial y de la UNO como la coalición electoral que la promovió, la nominó y la respaldó tuvo sin duda una gran trascendencia histórica nacional porque fue algo verdaderamente sorprendente que mediante un procesamiento cívico, institucional y pacífico se pudiera poner fin a una dictadura revolucionara que se sostenía fundamentalmente por las fuerzas de las armas.

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El otro motivo que vuelve este evento un triunfo histórico, es por la trascendencia histórica mundial que se produjo en Nicaragua. “Nunca antes de febrero de 1990 una dictadura revolucionaria del socialismo autoritario o de tendencia al socialismo autoritario había sido derrotada y sacada del poder por medio de un procedimiento electoral”, señaló.

“La primera vez que ocurrió fue en Nicaragua. Eso no lo digo como una cuestión de orgullo nacional sino como un hecho histórico real y comprobado absolutamente por la ciencia política- De manera que, si hay que destacar la trascendencia histórica nacional, pero también internacional que tuvo ese evento histórico de 1990″, destacó Sánchez Sancho.

Luis Sánchez Sancho, editorialista de LA PRENSA.

Respecto a qué se puede retomar de este triunfo, en el contexto actual, explicó que las situaciones históricas no se repiten exactamente. Pero sí tienen enseñanzas, lecciones que son necesarios estudiar, entender para aplicarlas a las nuevas circunstancias. “Ese es mi juicio como protagonista que fui en aquellos acontecimientos históricos. Porque son situaciones históricas distintas”, argumentó.

Gobernando desde abajo

Después de perder el poder en 1990, Ortega se vio obligado a pasar 17 años en la oposición: fue derrotado en tres comicios consecutivos hasta que ganó las elecciones en 2006, volviendo a asumir la presidencia a inicios de 2007. Desde entonces ha vuelto a instalar un sistema dictatorial y autoritario en el país. En enero de esta año cumplió 14 años en el poder.

Las elecciones generales de este año se realizarán el 7 de noviembre y Ortega ha dejado en claro que busca su cuarto mandato y tercera reelección consecutiva.

A juicio del político opositor, Moisés Hassan, pese al triunfo eminente de Violeta Barrios en los noventa, “desafortunadamente las cosas no caminaron como debían hacerlo”. Al respecto señaló tres acontecimientos que mostraron para quienes quisieron verlo de manera objetiva lo que iba a ocurrir.

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Primero, aseguró que Violeta Barrios fue presionada y obligada a aceptar la permanencia del ahora general en retiro Humberto Ortega como comandante en jefe del Ejército. “(Daniel) Ortega mandó un mensaje bien claro, -y es que las armas las tenemos nosotros y nosotros seguimos mandando. Ese fue mensaje para intimidar a la inmensa mayoría opositora y para darle ánimos a los suyos, diciendo, hemos perdido las elecciones, pero no el poder”, dijo Hassan.

El segundo acontecimiento que recuerda el político opositor, es que al vicepresidente de la UNO, Virgilio Godoy, ni siquiera se le dejó entrar a su oficina. “No lo dejaron entrar a la oficina del vicepresidente y le dijeron: señor aquí usted no tiene nada que hacer, vaya a buscar dónde se mete”, reveló.

Y el tercer acontecimiento, se trató del control absoluto de Ortega en la Asamblea Nacional como hoy día. Según Hassan, para algunos no fue tan claro, pero para quienes estuvieron de cerca en el Parlamento en la época de los noventa pudieron corroborar los hechos. “Yo participé como candidato a la presidencia en esas elecciones (1990), quedé en tercer lugar y eso me permitió pasar a la Asamblea. Entonces desde el primer día, me di cuenta que la Asamblea seguía controlada por Ortega y los socios dentro del grupo de diputados de la bancada de la UNO y los socios que ya tenía Ortega amarrado. Dije: esto no va a cambiar para ningún lado, Ortega va a seguir en el poder y vamos a ver como se desenvuelve la cosa”, sostuvo.

Daniel Ortega, derrotado en las elecciones de 1990, coloca la banda presidencial a doña Violeta Barrios.

Ventajas del triunfo de la UNO 

No obstante, pese a los intentos del Frente Sandinista liderado por Ortega, de socavar al gobierno de Violeta Barrios, lo importante es que si Ortega mantuvo poder desde abajo, ya no lo podía usar arbitrariamente y tan descaradamente, añadió Hassan.

“La otra gran ventaja por supuesto es que hubo una gran cantidad de capital y la gente que había salido del país regreso y eso significó darle un impulso a la economía. Eso significó un flujo de capital, un flujo de conocimientos técnicos y por último una de las cosas que hay que agradecerle al gobierno de doña Violeta, es que con su gracias, simpatía y las condiciones nuevas, logró que la deuda externa que había acumulado el orteguismo que en ese tiempo era la Dirección del Frente, que se condonara varios miles de millones de dólares que significó por supuesto un impulso a la economía nicaragüense”, manifestó el político opositor.

Moisés Hassan, político y físico.

No obstante, “Ortega incluso tuvo la gran ventaja que con el resultado de las elecciones de 1990 se quitó de encima a la Dirección Nacional del Frente y quedó mandando él solo con su hermano (Humberto). Además las presiones internacionales que habían sobre Ortega ya no existieron. Las presiones internacionales también tenían impacto en la economía d”el país”, agregó.

En 1990, Nicaragua estaba terminando una década de guerra que había divido a la sociedad. El conflicto causó decenas de miles de muertos, heridos, mutilados, desplazados y por consecuente se destruyó la economía. El fin de ese escenario atroz, coincidió el cierre de la Guerra Fría protagonizada por la  Unión Soviética y Estados Unidos.

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“De manera que los dos auspiciadores (patrocinadores), los protectores de Ortega y los protectores la Contra estaban cansados y sustentaron que lo mejor era que hubiera en Nicaragua elecciones lo más pronto posible. De ahí vinieron los acuerdos de Sapoá, que fueron los que realmente le pusieron fin a la guerra y los que mandaron a la Contra a meterse a campos de refugiados. Entonces, fue del interés de los soviéticos e intereses del presidente estadounidense Ronald Reagan, que obligaron a adelantar las elecciones”, expresó Hassan.

El triunfo de Chamorro fue reconocido internacionalmente como un símbolo de transición de la guerra a la paz de Nicaragua. Ha sido la única presidenta que ha tenido el país y la primera en América Latina elegida en las urnas.

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