El 95 por ciento del monto por remesas que recibe El Salvador proviene de EE.UU. LA PRENSA/Archivo.

Ortega tiene un afán por controlar las remesas en Nicaragua. Esto es lo que hay detrás de esa intención

Desde el 2019, el régimen arreció su esfuerzo por controlar las remesas en Nicaragua y ordenó vigilar a los que reciben principalmente más de 500 dólares mensuales. LA PRENSA te explica lo que hay detrás de esta decisión.

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En abril del 2019 provocó revuelo en Nicaragua un decreto presidencial firmado por Daniel Ortega en el que ordenaba a todas las instituciones financieras o no que se dedican a traer remesas ejercer mayor control en aquellas personas que recibieran más de 500 dólares al mes. La operación que parezca sospechosa de inmediato debe ser reportada a la Unidad de Análisis Financiero (UAF).

El control abarca a personas naturales o jurídicas que reciban una cantidad igual o mayor a 500 dólares en una operación y para ellos las entidades obligadas (entiéndase las que traen ese dinero) a esta regulación deben tener el nombre del emisor y el beneficiario, una información que deben pasar a la UAF.

En diciembre del 2019, el Banco Central de Nicaragua, a través de la Resolución CD-BCN-LIX-2-19, ordenó que las empresas que se dedican a prestar el servicio de pago de remesas deberán conseguir una licencia por parte del Banco Central de Nicaragua. Si la persona es natural y se dedica a este servicio también debe registrarse y «cumplir con los requisitos y obligaciones establecidos en el presente Reglamento”, pero no necesitan conseguir una licencia para tal fin. Todo esto contenido en el Reglamento de los Proveedores de Servicios de Pago de Remesas. 

Todo este endurecimiento del control de remesas en Nicaragua ocurrió en un contexto de persecución de opositores y organizaciones no gubernamentales y de mayor fiscalización a la población, lo que ha levantado fuertes críticas contra el régimen, quien lejos de brindar una explicación, guarda silencio, incrementando los temores.
Después de los ingresos por exportaciones, las remesas significan la segunda fuente más importante de dinero para Nicaragua. Hasta el 2020, llegaron 1,851.4 millones de dólares, lo que representa un fuerte crecimiento respecto a hace diez años cuando ascendían a  911.6 millones de dólares en el 2011, según reflejan cifras del BCN.
En ese contexto, ¿de dónde nacen estas medidas?, ¿se favorece el régimen de Daniel Ortega de las regulaciones internacionales?, ¿qué ordenan específicamente las recomendaciones de organismos internacionales que luchan contra el lavado de dinero y crimen organizado?, ¿está obligado a cumplir las recomendaciones externas?
Realmente aumentar la supervisión de estos flujos de dinero es una de las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (Gafilat), que está contenida en el quinto informe de seguimiento intensificado recalificado de cumplimiento técnico de Nicaragua, divulgado en enero 2021. No se trata de controlar a las personas, sino a los que ofrecen este servicio.
En dicho reporte se destaca, en el apartado relacionado con los avances de Nicaragua en el cumplimiento de las recomendaciones hechas al país, que las autoridades progresaron en la recomendación número 14, que señalaba la deficiencia en cuanto a control de servicios de transferencia de dinero o valores. En ese sentido, se recuerda que desde el reporte segundo se había señalado como deficiencia en Nicaragua la falta de acciones para la identificación de personas físicas o jurídicas que prestan el servicio de remesas.
En el mismo indica que el Banco Central de Nicaragua debía determinar los tipos de sanciones que aplicaría a los que incumplan la obligación de registrarse como proveedores de este servicio. Cuando se hizo de nuevo la evaluación, los técnicos del Gafilat destacaron que el Banco Central había reforzado ya las sanciones a esta violación, al igual que la Unidad de Análisis Financiera (UAF). «Esto incrementa los incentivos de los agentes informales  para regular su registro», se explica en el documento.
«De modo que Nicaragua fortaleció la identificación  de quienes prestan servicio de remesas, que deberán registrarse necesariamente ante la UAF para operar a través del Sistema Financiero, o para otras operaciones», dijo el Gafilat en su reporte, al referirse a la obligación de las entidades obligadas a verificar si el que presta servicios de transferencias de remesas también está registrado ante esta unidad de análisis.
En el mismo se menciona como avance que según el Banco Central de Nicaragua el 89.6 por ciento de remesas que recibe Nicaragua entran por canales formales —agencias de remesas y bancos— y el restante por vías informales, los que ahora están obligados a inscribirse ante el máximo emisor bancario.
«En ese sentido, conforme a la información provista por el país, se ha demostrado que las instituciones que prestan servicios de remesas se encuentran bajo la órbita de la Siboif, mientras que las demás instituciones  se encuentran ahora bajo la órbita del BCN, que es la autoridad competente para el otorgamiento de licencia de operaciones y registro de las personas naturales o jurídicas que presten el servicio de remesas», se explica en el documento.
Pese a ese aumento en el control de las remesas, el Gafilat señala que Nicaragua debe continuar con la implementación de medidas proactivas a estos efectos», señala. Es decir se esperarían mayores acciones para controlar estos flujos.

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Es un arma política, dice economista

Analistas reconocen que estas medidas provienen de regulaciones internacionales, pero han advertido que el Gobierno está sacando provecho de esas recomendaciones para fortalecer su política de represión contra los que lo adversan y sobre todo para ejercer mayor control en la ciudadanía. El problema no son las regulaciones, el riesgo es el contexto.

«Las recomendaciones del GAFI son idóneas para que una dictadura someta al más estricto control y vigilancia financiera secreta a los ONG (Organismos No Gubernamentales u Organizaciones Sin  Fines de Lucro), empresas y personas físicas o jurídicas, pero no para comprobar si lavan activos o ‘financian el terrorismo’ (a menos que las actividades de resistencia se califiquen como terrorismo)», advierte un economista que prefiere  no ser citado por temor a represalias.

A su  criterio, las recomendaciones internacionales se están usando para «distorsionar la información y usarla como arma de inteligencia, de la manera que considere más adecuada, contra quienes considere enemigos u opositores. Los entes sometidos a esta vigilancia no tienen manera de darse cuenta».

Otro ejemplo de persecución

Ya el tributarista Julio Francisco Báez esta semana advirtió que todo el paquetazo de leyes que se ha aprobado en Nicaragua, tras las revueltas políticas en abril del 2018, si bien algunas de estas leyes parecen ajustarse a las regulaciones internacionales realmente están disfrazando aumentar la persecución contra los opositores y los que adversan al Gobierno.

Y muestra de ello puso como ejemplo la Ley 1040, Ley de Agentes Extranjeros, que señala que pareciera que busca evitar que las organizaciones no gubernamentales o sin fines de lucro sean usadas para actividades ilícitas, tal como se recomienda a nivel internacional, pero detrás lo que se persigue es controlar a los sujetos que están gestionando financiamiento en términos políticos.

«Esto  significa que  las personas que  son destinatarias de financiamiento en  términos de partidos políticos, movimientos electorales, en términos de campañas ciudadanas que llaman  a la presencia cívica de los nicaragüenses, eso está prohibido, eso no se permite», según su interpretación. «Entonces esta ley (Ley 1040) inhibe políticamente, castra las donaciones y crea un ambiente de cómo nosotros vamos a conducirnos, lejos de presentarlo como una ley  demoníaca, prefiero  presentarla como  una ley confusa», expresó durante un foro virtual dedicado a analizar la lucha antilavado internacional.

¿BCN sin facultad?

Pero volviendo al tema de los envíos externos, el economista Luis Núñez Salmerón sí cree que  las remesas pueden ser usadas como un vehículo para actividades ilícitas, pero señala que el Banco Central no debería asumir estas funciones de regular estas operaciones financieras, tomando en cuenta que su ley orgánica no le permite ejercerla.

«Nosotros solo nos enfocamos en las empresas grandes que ya están establecidas, pero  no  en  la cantidad bastante numerosa de  remesadoras pequeñas que son  personas naturales, esa parte hay  que regularla,  estoy de acuerdo, pero lo que critico es que  el  Banco  Central no debe tener esa función  y  si se le va a otorgar esa  función  tiene que ser por la  Asamblea Nacional porque de lo contrario estamos cayendo en la ilegalidad», refutó.

No obstante, cabe mencionar que el Banco Central basó su regulación al sector de remesas en el artículo 32 de la Ley contra el lavado de activos, el financiamiento al terrorismo y el financiamiento a la proliferación de armas de destrucción masiva (Ley 977), que dio esa atribución al máximo emisor bancario.

Según dicho artículo, el BCN  «regulará la actividad comercial de los proveedores de servicios de remesas, y entre sus facultades están las de aprobar disposiciones para regular la autorización y operaciones de los proveedores así como llevar un registro de estos, emprender acciones para identificar a las personas físicas o jurídicas que presten servicios de remesas; y aplicar sanciones efectivas, proporcionales y disuasivas a los que incumplan con lo dispuesto en dicho artículo, así como de aquellas que dicte el Consejo Directivo del BCN».

Núñez reconoce que el GAFI ha insistido en las regulaciones en cuanto a las  remesas  y ha reglamentado  sobre ese  aspecto, pero  aquí  el  problema  es que  no se están  siguiendo los procedimientos por ley.

Para el economista, lo que hace falta también es una explicación correcta y adecuada de la legislación que  se está efectuando  sobre  temas  como la  regulación de los agentes de  servicios de remesas, para evitar especulaciones.

» Ya desde hace dos años  se ha estado  insistiendo en el  control de las  remesas familiares, esto  no es nuevo. La  intención de querer  manejar las remesas familiares se ha manejado desde  antes del  2019 incluso, entonces si  el  BCN  tendrá control  sobre las empresas que se dedican a eso, pero  eventualmente el  BCN podría controlar el  flujo de remesas y podría establecer costos administrativos, porque por ejemplo esa normativa del BCN  necesita de un aparato administrativo y  ese aparato  administrativo  tiene  un costo»,  indicó.

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Recomendaciones no son obligatorias

Por su parte, el economista José Vélez Morgan señala que el Gafilat tiene recomendaciones, pero  no obliga a controlar persona por persona las  remesas. También hace una aclaración sobre el papel del Banco Central de Nicaragua y su relación en estas regulaciones.

«A lo único  que  se refiere este órgano  (la recomendación del Gafilat)  es que las  empresas que manejan remesas estén  registradas y  que tengan una supervisión y no las  dirigen a  la  Superintendencia de Bancos, porque no reciben depósitos y esta  regula a quienes  reciben depósitos como  bancas y financieras, por eso  manda a que se registren en el  BCN las empresas de las remesas», sostuvo.

Controlar las empresas, no las personas

Vélez explica que  la reforma que ha hecho el Gobierno en torno  a las  remesas  el año pasado ha sido interpretada como que  se van a  controlar  los envíos de dinero para las  familias desde el  extranjero, pero  en realidad  lo que  se busca es controlar el  lavado de dinero y  la proliferación de  armas. «El Gobierno no  tiene  por qué controlar a las personas, sino solamente a las  empresas», puntualizó.

Otra normativa del Gafilat es que  se debe vigilar a los que reciben más de  10,000 dólares,  pero esta medida ya es adaptada por el país  y  está establecida en la  Unidad de Análisis Financiero. «El Gafilat no recomienda vigilar a quienes reciben más de  500 dólares en  un  envío, creo que  ahí (el Gobierno)  se  volaron  las trancas», criticó  el economista.

El Gobierno no tiene la capacidad de controlar  a 600,000 personas  que  reciben remesas, dijo. «Ellos más bien tienen una lista de quienes reciben por razones de  su trabajo   como agentes  extranjeros, remesas, entonces a las agencias  por  donde ingresa el  dinero  es que les piden las listas, pero no están mirando  a todo  el  mundo y nadie recibe más de  500 dólares con  regularidad. Los promedios de  remesas recibidas son  380 o 160 dólares por mes, dependiendo del país de donde vengan», manifestó  Vélez Morgan.

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Este economista encuentra otro problema en la  UAF, que también está involucrada en el esquema de control de las remesas. «En Nicaragua la UAF está en manos de  militares que no tienen  más experiencia que la inteligencia militar y ese es otro problema, pero  son  requerimientos para estar en el  GAFI montar una Unidad de Análisis Financiero y las  regulaciones a las  remesas y  las regulaciones a los bancos, etcétera,  lo curioso  es que ahora con la  reforma a la  Ley de los Consumidores, sí está retando  a la  reglamentación del  GAFI , ellos  tuvieron  la precaución  en  un montón de  recomendaciones, pero  con  esa de los  consumidores  están  cuestionando  a las normas del GAFI y  yo espero  que  esto no  pase  desapercibido ante el GAFI y  la OFAC (Oficina de Control de Bienes Extranjeros de EE. UU.)».

El Gobierno implementó este año una polémica reforma de Ley de Defensa de los Consumidores, en la que ordena a los bancos y todo el Sistema Financiero a retomar relaciones financieras con personas sancionadas por la OFAC, así como las entidades estatales bloqueadas.

 

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