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En Nicaragua se contabilizaba hasta 2011 unas 136,687 explotaciones agropecuarias con ganado bovino, siendo el Caribe Sur donde se concentraba la mayor parte, según el IV Censo Nacional Agropecuario

Por qué en Nicaragua son tan bajos los salarios en el campo, pese a que el agro es el principal pilar de la economía

Representantes del sector productivo afirman que la posibilidad de que estos salarios mejoren sustancialmente fue truncada por las políticas económicas aplicadas recientemente. El agro se ha visto favorecido por más exportaciones, pero no se ve en los salarios

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En medio de tres años de recesión y más allá de la turbulencia económica, el sector agropecuario es el que ha dado la cara en los indicadores económicos de Nicaragua. El gobierno ha atribuido un menor desplome del Producto Interno Bruto (PIB) en estos últimos tres años a las actividades que se desarrollan en el campo, ayudado por los precios internacionales que los productos agropecuarios locales reciben en el exterior.

Para muestra un botón. Según cifras preliminares del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex), el año pasado las exportaciones- sin incluir zona franca- dejaron 2,953 millones de dólares en divisas,  un incremento de 176 millones de dólares si se compara con el 2019 cuando sumaron 2,298 millones de dólares. Un comportamiento positivo en ingresos  solo comparables con las remesas, mientras la economía interna declinaba entre 1.5 y 2.5 por ciento asfixiada por pandemia y el coletazo de la crisis política desatada en el 2018.

De hecho los ingresos por exportaciones de productos agropecuarios  han crecido significativamente en la última década, de la mano del DR-Cafta.  Según cifras del Banco Central, mientras en el 2006 solo las exportaciones agropecuarias aportaban a la economía 385.6  millones de dólares, hasta noviembre del año pasado habían ascendido a 741 millones de dólares.

Pero esos resultados positivos no colocan los salarios que se pagan en el campo como los mejores del país, tal como ocurre, por ejemplo, con el sector minero (otra actividad que se desarrolla en el campo), que según cifras del Banco Central de Nicaragua,  en promedio pagó 28,105 córdobas en el 2020, muy encima de los 11,671.9 córdobas que devengaron como media todos los afiliados al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

En contraste, los trabajadores del sector agropecuario, silvicultura, caza y pesca ganaron en promedio 7,372 córdobas mensuales, el más bajo de todos los escalafones de actividades económicas que aportan al instituto. Con ello, mientras el salario minero supera con más de 16,433 córdobas el salario promedio de los afiliados al Instituto, el del campo se aleja de forma negativa con una brecha de 4,300 córdobas.

Cabe resaltar que el sector minero también se ha favorecido no solo de los elevados precios internacionales sino también de mayor producción y atracción de inversión extranjera, pero además es una actividad donde impera la formalidad, algo que no ocurre en la agricultura.

Situación puede ser peor

La situación podría ser peor de lo que demuestran las cifras del BCN. La galopante informalidad en el sector agropecuario ocasiona, que pese a que cerca de un millón de nicaragüenses están empleados en esta actividad, el INSS apenas el año pasado en promedio logró captar 63,442 trabajadores de este sector, lo que implicaría que los que están fuera del sistema de seguridad social tengan salarios más precarios, principal característica de la informalidad.

Detrás de esos bajos ingresos hay un relativo estancamiento en la mejora de los salarios en el campo. Los números muestran que pese a que en los últimos años el sector agrícola y productivo se ha visto favorecido por mejores precios internacionales, desde el 2007 hasta el 2020, en el campo el salario promedio de los afiliados solo ha subido en términos dolarizados 54.95 dólares. Hace 13 años se pagaba en el campo  un equivalente a 156.74 dólares, pero hasta el año pasado ascendió a 211.69 dólares, es decir un aumento cercano al 26 por ciento.

Todo eso a pesar que el campo es fundamental en la economía. De hecho, el ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), Iván Acosta exaltó que el sistema de producción agropecuaria es muy fuerte en este país y que hay dos cultivos muy importantes como el sector ganadero y el café que el año pasado, pese a las adversidades por la pandemia de la Covid-19, ellos apoyaron el crecimiento de los ingresos por exportaciones. “Ahí están involucrados muchos productores, mucho trabajo y está vinculado al mercado externo”, señaló.

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Pero ¿qué hay detrás de esos bajos salarios en el campo? ¿por qué los buenos precios internacionales no se trasladan significativamente a los jornaleros? ¿por qué tanta  informalidad en el campo?

El presidente de la Unión Nacional de Productores Agropecuarios (Upanic), Álvaro Vargas dice que el problema ha sido que los gobiernos de turno no han apoyado las demandas que por años han expresado los productores, sobre la necesidad de abaratar los costos de producción en el campo, para ser más competitivos en los mercados internacionales y por ende mejorar la paga a la mano de obra e invertir en tecnología.

Pero además Vargas cree  que las cifras oficiales no reflejan la realidad de estos salarios, porque los patrones  de las  fincas dedicadas a la agricultura o la ganadería, principalmente en  los rubros de café y  ganado, ofrecen  comida, vivienda, electricidad y  agua  de manera permanente y eso aumenta el poder adquisitivo de los obreros. No obstante, reconoce que la calidad de los  beneficios  proporcionados a los trabajadores varía de finca en finca, es decir no es uniforme.

Conocer el verdadero salario del trabajador agrícola es difícil porque depende del alimento y la mejora que el patrón ofrezca, dijo Vargas. “Pero recordá que en  las zonas urbanas, por ejemplo Managua, con el salario  mínimo debés pagar  transporte y  buscar cómo garantizar tus  tres tiempos de comida, en el campo el trabajador  come en la finca y  viven ahí mismo o cerca”, explicó.

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Sector en desventaja

Por su parte,  el vicepresidente de la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic), Solón Guerrero, considera que el trabajador agropecuario trabaja de seis a once de la mañana, por lo tanto  este sector no es el que  recibe la paga más baja. “Si  vez rendimiento por hora te vas a dar  cuenta que no es  el sector al que menos se le paga, a parte de eso tenés que sumarle 1,200 córdobas mensuales en  base a la comida que se les da”, explicó.

Los desafíos para el sector agropecuario, van más allá de mejorar las condiciones salariales de los colaboradores, a criterio de Guerrero.  “El principal desafío está en lograr mantener esos ritmos en  las exportaciones, tomando en  cuenta  que  los costos de  producción se han elevado enormemente, que no hay financiamiento  accesible y disponible, el  tema de créditos es básico al igual que  el tema de los costos de producción”, preciso.

La reforma a la Ley de Concertación Tributaria redujo la probabilidad de que los salarios en el campo mejoren. El Gobierno decidió quitar un paquete de exoneraciones que antes llegaban al campo, que aliviaba en algo los elevados costos de producción. Obligó a que los productores paguen impuestos si quieren introducir maquinarias y otros insumos, lo que a criterio de Vargas y Guerrero eso complica la posibilidad de mejorar los salarios en el campo.

El titular de Upanic reconoce que los salarios desafortunadamente en países  como Nicaragua  son  extremadamente  bajos, pero la economía tampoco  ayuda. “En  rubros de agroexportación  vos competís con el mundo y  generalmente en  el  mundo, los sectores agropecuarios están subsidiados, porque obviamente es la  seguridad alimentaria del  país,  a excepción de Nicaragua que contrario a fomentar la producción de alimentos, en el  2019 por primera vez en la historia de Nicaragua, este sector comenzó a pagar impuestos”, rememoró.

Además de que  la Ley de Concertación tributaria le restó competitividad al país, Guerrero señaló que otro factor negativo al cual se enfrenta el sector es que desde el 2018  no hay  acceso a créditos. “Entonces todas las  reservas que venían acumulando los productores  en los años antes del  2018 , se han  ido acabando y  no han tenido un sistema financiero que haya apoyado a los productores para ofrecer capital de trabajo porque  simplemente lo que  se  ha hecho es ir pagando deudas”, detalló. Durante los últimos 15 años el sector agropecuario había venido en  crecimiento, dijo, por lo tanto  las exoneraciones  y exenciones  que disponía el gremio habían tenido su aporte positivo.

De hecho los números oficiales muestran que el crédito agropecuario no está dentro de las prioridades de la banca. Datos de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif) muestran que de los 121,995 millones de córdobas en cartera de crédito de la banca, solo 12,592 millones de córdobas eran agrícola y 2,193 millones ganadero.

A todo esto se suma, que el Gobierno también ha encarecido el costo para afiliar a un trabajador, lo que aleja al campo más de la formalidad.

¿Falta dinero para tecnificar la mano de obra? Escuelas técnicas para capacitar en sistemas agropecuarios a los jóvenes sí existen,  pero el flujo de efectivo de  los  empleadores no les permite contratar asesorías, expresa Guerrero, porque  en Nicaragua casi el 95 por ciento son  medianos productores, el promedio de cabezas de ganado por productor a nivel nacional es de 35, por ejemplo.

Unapa apela a salario social  

Elevar el  salario  social  y  que se trabaje más en el  salario  real  es la  propuesta de José Adán Rivera, presidente de la Unión Nacional Agropecuaria de Productores Asociados (Unapa) ahora que  se discute un reajuste al salario mínimo en  el Ministerio del Trabajo, porque  de nada sirve  que  haya un aumento cuando se disparan los precios de los productos básicos.

“El salario  social es ese que  viene  vía Gobierno, vía salud gratuita, vía educación gratuita, viviendas, la merienda escolar, todos esos son elementos de salarios social que muchas veces  son más importantes que el salario nominal. Y actualmente la  prioridad es la  generación de empleos,  claro que si  los grandes empresarios pagaran  más, pero  nosotros sabemos que no  van a pagar más, por eso insistimos en  el salario social”, dijo Rivera.

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En el campo el salario es negociado entre el trabajador y el empleador y dependerá de las condiciones que ofrezcan las fincas  que los obreros del campo decidirán  si  hacen  negocio o no, expresó por su  parte  Freddy  González, secretario general de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC).

González  confirmó que el obrero del campo accede a tierra dentro de las fincas para poder sembrar sus propios alimentos pero  no todos los empleadores se  comprometen con esta particularidad que forma parte de un  convenio  colectivo ante el Ministerio del Trabajo.

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