El Gobierno divulgará en los próximos días lo que denominó el Plan de Acción de Lucha contra la Pobreza,el primero de su naturaleza. En pleno año electoral y cuando le urge reconquistar votos, el régimen presentará el documento, cuyo contenido se desconoce, pero economistas advierten que si la apuesta continuará siendo promover el subempleo, las regalías y los negocios de sobrevivencias, difícilmente se logrará revertir la profundización del flagelo en los últimos tres años.
Los economistas podrían no estar alejados de ese escenario sobre la posible apuesta del régimen. «Estamos entregando bonos también a pescadores artesanales en Walpasiksa, me informa el compañero Edward Jackson (presidente ejecutivo del Inpesca). Y preparando ese plan de acción cristiana, solidaria, de lucha contra la pobreza, para el 2021, que estaremos presentando en las primeras semanas de enero; y preparándonos en todo sentido para seguir sirviendo a nuestro pueblo», dijo Murillo cuando anunció la presentación del plan.
Pero además, Murillo aseguró que el principal reto para luchar contra la pobreza actualmente es compartir vacunas, contar con los medicamentos, avances tecnológicos y poder compartirlos. «En este caso de la pandemia, las vacunas. A compartir, porque, bueno, la pobreza que nos afecta a muchos, no es obra nuestra», afirmó. Nicaragua es el único país en Centroamérica que aún no tiene un plan de vacunación contra el Covid-19 y no está claro si el plan de lucha contra la pobreza incorporará ese lineamiento.
Pero más allá de la vacunación, lo cierto es que en los últimos años el régimen ha apostado a las ferias y creación de miles de negocios precarios para no solo hacer frente al creciente desempleo sino también para combatir la pobreza, que según estimaciones de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) al cabo del 2020 alrededor de 2 millones de nicaragüenses estarían bajo la línea de la miseria.
Pobreza se estancará
Las perspectivas para el 2021 apuntan a un estancamiento de la tasa de pobreza, ante la imposibilidad de la economía de generar suficientes empleos. Según Funides al finalizar el 2021 el 29.9 por ciento de la población sobrevivirá con 1.77 dólares al día o menos.
De hecho la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su reporte «América Latina ante la crisis del Covid-19. Vulnerabilidad socioeconómica y respuesta social 2020” advirtió que el 77.2 por ciento de la población de Nicaragua en el 2019 se encontraba en una situación de muy alta vulnerabilidad. Es decir con alta posibilidad de caer en miseria.
El sociólogo y economista, Óscar René Vargas, explica que esto se traduce en que alrededor de 5.2 millones de nicaragüenses se encuentran en situación de vulnerabilidad, pobreza o extrema pobreza, debido a la caída del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores de ingresos bajos y medios, y trabajadores por cuenta propia.
Profundizan el subempleo
Pese a ello y lejos de resolver la crisis política que ha espantado la inversión extranjera, el régimen de Daniel Ortega se ha propuesto en el último trienio profundizar el subempleo, donde abundan los salarios bajos, los negocios precarios, carentes de tecnificación y tecnología.
Solo en el 2019 promovió la creación de 11,774 negocios de subsistencia, los que emplearon a 58,870 personas, lo que disfrazan como “economía creativa”, una tendencia mundial que dista del modelo de negocio que el régimen impulsa.
Los economistas ya han advertido que estos negocios mueren a corto plazo. Es la hija de Daniel Ortega y Rosario Murillo, Camila, la que está a cargo de este modelo de «economía creativa», para lo cual en el 2018 el Gobierno le creó una supercomisión, conocida como Comisión Nacional de Economía Creativa en Nicaragua, mediante la cual ejerce control de varios ministerios y entidades, como el Ministerio de Economía Familiar y el de Educación, entre otros.
“Al fin de cuenta lo que tenemos es una economía de subsistencia que no está acompañada de una política pública, por eso podría estimarse que 4 de 10 de estos negocios sobreviven o tienen algún éxito en el futuro y esto se debe principalmente a que hay una falta de política pública, que los sectores están abarrotados, mucha gente comienza a poner carne asada, pollo, pulperías, talleres, y en segundo lugar no tienen mucha experiencia en el sector y quedan funcionando bajo el esquema de economía de subsistencia”, advirtió en su momento el catedrático universitario Luis Murillo.
El propio asesor para Asuntos Económicos de la Presidencia, Bayardo Arce, reconoció en una entrevista con el Canal Vos TV en diciembre dijo que la economía informal «no saca a un país de la pobreza», pero aún así la defendió. Señaló que por eso es que habla de un programa de inversión pública, sin brindar mayores detalles.
Arce defendió la apuesta del Gobierno con la masificación de negocios informales, que a su criterio no solo ayudaron a la legión de desempleados, sino también están incidiendo en los resultados económicos del 2020, cuyo Producto Interno Bruto habría caído menos de lo esperado.
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«Regalar promueve la pobreza»
El problema de la pobreza es mucho más complejo de lo que plantea la vicepresidenta, Rosario Murillo, afirmó el analista económico Luis Núñez Salmerón. Recordó que el Estado ha tenido varios programas para tratar de aliviar la pobreza, pero su problema radica en que se dedican a regalar y eso solo promueve la pobreza.
Ya el régimen acumula dos fracasos. Núñez recordó que en años pasados con todos sus programas como «Hambre Cero» o «Usura Cero» no lograron mermar los niveles de pobreza, y los nuevos no pobres con facilidad retornaron desde el 2018 al estado de miseria a medida que la economía se tambaleó con la sacudida política.
Ya organismos internacionales dedicados a la medición de pobreza habían advertido que en Nicaragua eran más efectivas las remesas para reducir miseria respecto a los programas estatales, algunos de los cuales fueron financiados con la extinta y opaca cooperación venezolana.
«La forma en que el Gobierno mide la pobreza es ya estancada, porque miden el nivel de ingresos versus una canasta básica de 52 productos que realmente no nos dice nada, entonces aquí lo que hay son problemas estructurales profundos que hay que atacar, aquí no solo es andar repartiendo bonos solidarios, porque esto promueve la falta de espíritu de trabajo y de emprendedores», observó Núñez.
Atacar primero el problema político
Núñez considera que los problemas que dan origen a la pobreza actual datan del 2018, por lo tanto lo principal sería atacar el problema político. «Desde el 2018 se ha perdido más de medio millón de trabajos formales y eso incide en los niveles de pobreza, y un segundo factor ha sido la pandemia del coronavirus, por otro lado hay que buscar la manera de atraer inversiones extranjeras, apuntar a ejes de desarrollo e inversión nacional», sugirió.
El colapso del turismo es otro reto para reducir la pobreza, dijo Núñez. Agregó que el cáncer de la corrupción ha sido otro frenazo al desarrollo. «Aquí no es posible que el presidente de la República absorba casi mil miembros de la Policía Nacional en su seguridad personal, tenga cerrada varias manzanas en una zona residencial donde colapsaron pequeños negocios alrededor, por lo tanto de esta manera no podemos pensar en desarrollo», puntualizó.
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También urge financiamiento
El acceso al financiamiento de fomento y desarrollo tiene que ser de mediano y largo plazo para construir empresas y construir planes de ampliaciones para las ya existentes porque el crédito a mediano plazo no aporta totalmente al desarrollo del país, concluyó el analista.
A criterio del sociólogo Cirilo Otero, el Gobierno debería considerar en su plan un cambio gradual del modelo económico agroexportador; los incentivos tributarios a la empresa privada a cambio de que estos generen puestos de trabajo productivo; promover la propiedad sobre la tierra a 300 mil familias campesinas, y orientarlos hacia la producción de alimentos para el mercado interno.
El déficit habitacional en el país es otro de los indicadores que le ha costado disminuir a Nicaragua ya que cada año 20,000 personas necesitan una, de acuerdo con el “Plan Nacional de Desarrollo Humano” y este año con el azote de Eta e Iota ese número incrementó.
«Desde el 2007 al 2009, el Gobierno logró construir 6,608 viviendas, a las que hay que sumar 4,800 casas construidas por el sector privado, para un total de 11,408 viviendas y ese ha sido el promedio de construcción hasta el 2017. En el 2020, el déficit habitacional supera el millón de viviendas», precisó Vargas.
Comercio menor, principal refugio
La informalidad en Nicaragua mueve más de un tercio de la economía, destaca Vargas, por su parte. La informalidad da trabajo a más del 72.19 por ciento de la fuerza laboral en el país. Es decir, 72 de cada 100 personas ocupadas obtuvieron su ingreso bajo esta modalidad, la que no cuenta con ningún tipo de prestación social. El comercio al por menor es donde se concentra la mayor parte de la economía informal, refirió.