Psicología de la liberación

Este texto debería llamarse Recuerdos, pero, al leer se darán cuenta de los motivos que fluyen. A treinta y cinco años de estar graduada de licenciada en Psicología, se me pasó por alto, es  el ritmo que llevo y de la jerarquía hecha en la selección de experiencias o recuerdos vitales y es así de obvio (como dicen los chicos y  chicas). Por estar incorporada en  esta profesión se me “olvidó”, y  es parte de “mis tantas vidas” cual felina, la amo y ejecuto pero estoy fuera del trato con mis colegas de Venezuela (situación de migrante doble: una de jovencita del Perú por los años 70 y ahora en la medianía para Costa Rica).

He publicado en la Revista Psicología y Patología del Capitalismo, gracias al Encuentro Nacional de Psicología, en la Escuela de Psicología, FCS, UCR en conmemoración por el aniversario de la muerte de Ignacio Martín-Baró y de Tod Sloan,  donde compartí con colegas y recuerdo a muchos, en especial a Ignacio Dobles, quien conoció a mi profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV)  José Miguel Salazar.

En las cátedras de Psicología social y comunitaria que impartía el profesor Salazar pude oír por vez primera al jesuita psicólogo Martín-Baró, con una visión de una psicología liberadora, latinoamericana, fuera del control y modelos conductuales, que me  parecía increíble que este científico diera clases en la universidad, en San Salvador, y la praxis saliera del pueblo, de las condiciones históricas, de la convivencia, clases sociales y necesidades; y no solo nos dedicáramos al estudio y modificación de la conducta del individuo de la clase media alta y burguesa (son los que pueden pagar consultas y se me cayó la bata blanca cognitiva que usábamos en las prácticas del análisis experimental de la conducta). Así pues,  seguía estudiando y el control del laboratorio era una adicción,  pero la dialéctica en las relaciones sociales un maremágnum.                                                                                                                            

La década del 80 fue terrible en Venezuela y escuchaba algo de América Central: el asesinato de monseñor Arnulfo Romero (24 de marzo de 1980), la invasión de Panamá con la operación salvadora imperialista de “operación justa” para sacar al “tirano” creación sui géneris,  de sus laboratorios. Nace el comandante Noriega (era época navideña), el 20 de diciembre de  1989 al 31 de enero de 1990. Panamá  fue tomada en 42 días, la visité el año pasado y realicé varias entrevistas a las personas que regresaron al barrio de Chorrillo perforado y chamuscado. En el propio centro del casco viejo, hay una especie de “amnesia colectiva”, solo  sé que   la gente sigue con miedo y temen portarse mal, o sea, protestar por sus derechos) y justo un mes antes   del bombardeo al barrio Chorrillo, asesinan a Martín Baró, el 16 de noviembre de 1989 en la universidad  con un grupo numeroso de personas. Y ante esa invasión “justa” y muerte de civiles que apoyaban a su presidente se olvida o tapa una muerte, el asesinato del psicólogo.

Es bien difícil tener esperanza lúcida bajo estas terribles manipulaciones por el poder del control, mientras seres humanos se mueren de hambre, miedo, desesperanza, dolores, pero es necesario y urgente crear grupos de apoyo, para generar nuevas visiones, como el compartir preocupaciones y posibles soluciones desde la perspectiva de la Psicología con de la Liberación, con los aportes de Martín-Baró. 

 “Recordar es volver a pasar por el corazón”, ese legado vigente del luchador social Martín-Baró, que nos lleva a repensar nuestro rol de psicólogo o psicóloga, del involucrarse en  lo social y la comunidad y no solo al nivel del individuo, usar las teorías, modelos para repensar las realidades y si no funcionan desecharlas y no encajonarlas  a las variables de la teoría y métodos científicos y menos adaptarlas a las teorías de moda,  porque esta debe nacer de las necesidades de las mayorías, pues cada teoría nace de un sistema de poder dominante. 

La Psicología ha aportado muy poco a las soluciones de las necesidades de las mayorías.  Necesitamos concienciarnos y empoderarnos, porque somos parte de la polis, de la política, es la concienciación, el papel que ejecutemos en la política e ideología, las desigualdades sociales, el machismo, violencia de género, a la diversidad sexual, la salud mental… la universalidad en todo viene servida para ser manejada, y sirve para el ejercicio del poder, de  quien la define y de  cuáles son los criterios y para quiénes.  

Realmente hay mucho que dialogar y  discutir en torno a las enfermedades mentales y desmontar el manual de DSM desde sus orígenes,  ya no podemos  seguir repitiendo decálogos y subjetivismos, individualismos. ¿Cuáles son nuestras verdades históricas? Somos seres históricos con praxis que nacen de las dinámicas sociales y estamos a tiempo de conocer las realidades para las intervenciones psicosociales y quizás con el apoyo de las neurociencias,  las tecnologías, ya las patologías impuestas a los individuos se diluyan y recaiga a esa perversión monstruosa, creada  del neoliberalismo salvaje.                                                                             

En los países latinoamericanos estamos desmontando el vasallaje y coloniaje dentro, fuera  y la solidaridad nos hermana, porque tenemos mucho en común.   La  derechización y deshumanidad ante el capital está desatada y nos violenta más ante la reclusión. ¿Y los protocolos de salvaguarda nos cuidan   para quién o para qué? Estamos privados del contacto humano, y bien nos queda “mucho por hacer” y  “aprender a cuidarnos juntos” desde lo micro, de pequeños grupos, y todavía tenemos el diálogo, respeto para lograr sumar diálogos con seres más diversos, diferentes en pro de  la  justicia social, de los derechos humanos y autonomía de los pueblos y de la paz de los vivos, porque hay demasiada desolación y paz en los sepulcros.                 

La autora es psicóloga y promotora cultural.

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