Lo que hubo el recién pasado domingo 6 de diciembre en Venezuela fue una farsa electoral, no un simple fraude como dicen algunas personas.
En su autorizado Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, Guillermo Cabanellas define el fraude electoral como: “Toda maniobra que lleva a alterar los resultados de una auténtica votación; y más aún cuando desprecia los votos emitidos a favor o en contra de determinados candidatos o, por extensión, el resultado de las respuestas formuladas en el plebiscito o referéndum”. Comedia, en cambio, según el Diccionario de la RAE es una “Acción realizada para fingir o aparentar”.
El 6 de diciembre no ocurrió en Venezuela una votación cuyos resultados fueron alterados. Lo que hubo fue una farsa de la dictadura bolivariana de Nicolás Maduro, para simular una votación o elección que no lo fue.
En la experiencia reciente de Nicaragua, fue fraude electoral el de las elecciones municipales de 2008, cuando el Consejo Supremo Electoral (CSE) sandinista cambió los resultados de las votaciones para darle al FSLN la mayor parte de las alcaldías, las que realmente ganó la oposición. Y farsas electorales han sido todas las falsas elecciones que la dictadura escenificó desde entonces. Como farsa y no fraude electoral será probablemente lo que ocurrirá en noviembre de 2021, a menos que Ortega sea obligado a realizar elecciones verdaderas, libres y limpias.
Los venezolanos en su inmensa mayoría entendieron que lo del 6 de diciembre era una farsa electoral, por lo cual atendieron el llamado de la oposición y se abstuvo el 70 por ciento de los electores, según los datos oficiales, pero 80 por ciento de acuerdo con las estimaciones independientes.
Tan grotesca fue la farsa electoral de Maduro, que los países del Grupo de Lima, la Unión Europea y la mayoría de la OEA, las han repudiado por espurias y por lo tanto carentes de legitimidad.
En Nicaragua, dirigentes opositores y analistas políticos independientes consideran que la farsa electoral venezolana del domingo anterior ha sido un espejo para ver lo que Daniel Ortega pretende hacer en noviembre de 2021.
En realidad, nada motiva a pensar que Ortega permitirá que los ciudadanos voten libremente el 7 de noviembre del próximo año, y que sus votos sean contados y adjudicados honestamente. De manera que es muy probable que para noviembre de 2021 vuelva a haber una abstención masiva de los nicaragüenses, como fue en las farsas electorales anteriores, desde la del 2011 hasta la del 2016.
Sin embargo, los partidos y movimientos opositores aseguran que se están preparando para participar, aunque en algún momento se tengan que retirar del proceso, con la convicción de que la vía electoral es la más indicada para lograr el cambio. Y con la esperanza de que por las presiones internas e internacionales, en noviembre de 2021 pueda haber elecciones auténticas y no otra farsa electoral de Ortega para seguir detentando el poder.