En memoria de Pantico, mi hermano

Francisco José Rodríguez Chávez nació en 1938 y fallece el 3 de noviembre de 2020. Fue el segundo de 12 hermanos de una familia muy distinguida apreciada y reconocida, una persona sencilla, humilde, bondadosa, entregada a cada actividad que desempeñaba.

Fue un personaje apasionado por servir y disfrutar los logros alcanzados con sus cercanos. También destacó en cargos políticos, siempre resaltando por su eficiente labor.

Una persona excepcional, Paquito. Compartimos años de luchas, desde la fundación del MRS fue pilar del trabajo territorial, activo en las luchas políticas y sociales, referente esencial por su integridad, consecuencia, su cercanía y presencia afectuosa, su optimismo y vocación por trabajar por Nicaragua (Dora María Téllez).

Al describirlo como una persona crítica, evaluativa, audaz y muy brillante, hay que señalar también que fue amante de la lectura, en la cual encontraba tranquilidad y explicación a su realidad cotidiana. Siempre tuvo una visión expandida, lo que le permitió extenderse en su entorno en el cual nunca vio dificultad para luchar y salir adelante.

Por consiguiente, puso un límite entre su labor cristiana y decidió seguir una vida fuera de los índices religiosos. De tal modo contrajo matrimonio, en el que procreó una hija, con la cual convivió hasta el último día de su vida. Hoy la familia, sus hermanos, hija, y nietos, lo recordamos como una persona cariñosa, amable, triunfador con un récord intachable, y dejándonos un ejemplo de vida y persona que nos insta a seguir su legado.

Siempre tuve claro que el día de su muerte podía llegar, pero jamás pensé que se iba a quedar tan grabado el día en que nos dejó.

Es muy difícil y triste a la vez su partida, pero sé que desde arriba lo ve todo. Sabrá también que aquí no existirá día o semana que no lo recordemos y llevemos en nuestros corazones.

Me cuesta reconocer también que me quedaron muchas cosas que hacer con él, muchas visitas, muchas meriendas, muchas anécdotas que contarle. Aun así, sé que el tiempo, las anécdotas, las reuniones familiares, las risas, los abrazos y los días que pasamos juntos van a estar ahí para siempre, guardaditos en mi memoria, para hacerme mejor persona.

Tengo la sensación de que se me queda una cosa más en mi expresión y es que nunca he olvidado, ni olvidaré, que en mi niñez me atendió y me quiso como un verdadero padre aun con mi comportamiento de niña llorona; lo cual se lo agradeceré el resto que me queda de vida.

“Así pues, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mateo 18:4).

Siempre he dicho que nadie se va, mientras se le recuerde, así que va a estar conmigo siempre y con todos los que hemos tenido la suerte de conocerlo. Ahora, Paquito, vuela y llega a su nuevo destino, donde sin duda le espera gente que también lo adora. Me queda un camino difícil, pero confío en que me ayude a recorrerlo.

Con lágrimas en mis ojos y con la sensación en mi corazón puedo sentir que me dice: “No he muerto, solo me fui antes y no quiero que me recuerden con lágrimas, como aquel que no tiene esperanzas. No he muerto, aunque mi cuerpo no esté, mi presencia se hará sentir. Seré el silencio de nuestro hogar que tanto compartimos, seré un recuerdo dulce que asista a su memoria, seré una página bonita de su historia. Perdón a todos, únicamente me les adelanté…”

Le recordaré siempre como mi Pantico, como acostumbré llamarle en mi niñez. Este no es un adiós, sino un hasta luego. Volveremos a encontrarnos y nos abrazaremos como hermanos.

Opinión hermano MRS archivo
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