20 niñas y un niño sobrevivientes a la violencia de género eran albergados y atendidos en "La Esperanza" que fue destruido por el pasó de Iota sobre Bilwi, en el Caribe Norte. LA PRENSA / CORTESÍA

La Ley de Agentes Extranjero criminalizará las ayudas de emergencias privadas. LA PRENSA / CORTESÍA

Albergue «La Esperanza» lucha por mantenerse en pie en medio de los escombros que dejó Iota

El albergue brinda atención a niñas y mujeres sobrevivientes a violencia machista. Iota destruyó el área de juego, las aulas, el muro perimetral y techos. Piden ayuda para continuar su labor en la Costa Caribe Norte

Niñas y mujeres víctimas de abuso y violencia machista se encuentran ahora más vulnerables por los daños que el paso de los ciclones Iota y Eta — categoría 4 — dejaron en las instalaciones que las albergan. Más de 20 árboles caídos, techos desprendidos, muro colapsado, sistema eléctrico dañado, áreas de juegos destruidas, aulas inundadas, colchones, cocinas y refrigeradoras mojadas son parte de la destrucción que ocasionaron en el albergue «La Esperanza» en Bilwi.

El albergue es dirigido por la Asociación de Mujeres Nidia White, y su directora Shira Miguel Downs, explicó a LA PRENSA que mayoritariamente reciben a niñas debido a que el nivel de abuso es preocupante. En ese centro se le brinda atención a 25 niñas, 1 niño y 2 mujeres sobrevivientes a la violencia de género. El Observatorio Católica por el Derecho A Decidir (CDD), documenta que de los 69 femicidios a la fecha; 14 se han registrado en la Región Autónoma del Caribe Norte y 5 en el Caribe Sur, lo que también muestra el nivel de vulnerabilidad de las mujeres de esas zonas.

La asociación fue creada en 1987 y obtuvo su personería jurídica en 1990. El albergue «La Esperanza» surgió como una alternativa de atención integral para víctimas y sobrevivientes de violencia entre 2005 y 2006, que fue construido con la ayuda de la Red Misionera de la Moskitia e Iglesias Bautistas de los Estados Unidos. En más de una década se ha convertido en un lugar seguro para las mujeres víctimas de la violencia machista de la zona.

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«Había mujeres que una vez que venían en su condición de violencia no querían retornar a sus casas y tenían temor e inseguridad de sus vidas, lo que implicó buscar como crear un espacio para ellas. Pensábamos que era para mujeres adultas, pero con el tiempo nos dimos cuenta que cada día era mayoritariamente niñas que ingresaban al albergue por condiciones de abuso sexual, nosotras sabemos que nuestra región es uno de las mayores índices de violencia sexual que se cometen dentro de las casas, en las familias», explicó Shira.

Nidia White además de brindar el servicio de albergue, da acompañamiento jurídico, psicológico de forma ambulatoria en los barrios y comunidades en Bilwi y sus alrededores, convirtiéndose en un referente para entender y atender la problemática que viven las mujeres.

En vulnerabilidad extrema 

El local en la actualidad batalla contra los embates que ocasionaron los huracanes Eta e Iota en el Caribe Norte, para mantenerse en pie y no dejar en la indefensión e intemperie a las sobrevivientes, que a criterio de Shira las pone en una situación de «vulnerabilidad extrema», que se agrava en medio de la extrema pobreza de la zona y la cultura machista.

«El huracán Iota impactó fue más violento y agresivo que Eta. Hubo inundaciones en el albergue y tuvimos que resguardar a las niñas en una de las aulas que está en una área más alta. La mano de Dios estuvo ahí, con ellas. Es inexplicable entender cómo todo el patio del albergue se inundó y que no llegó a las aulas donde las teníamos resguardadas», rememoró Shira.

A la organización Nidia White, no solo le preocupa la condición de las niñas que se encontraban en el albergue, sino que también la situación de otras 90 niñas a las que les están dando seguimiento a nivel externo, y que sus casas sufrieron severos daños.

Muro perimetral que cayó tras el paso del huracán Iota. LA PRENSA / NIDIA WHITE
Más de 80 metros del muro perimetral del albergue «LA ESPERANZA» cayó tras el paso del huracán Iota. LA PRENSA / NIDIA WHITE

«Ya eran niñas en condición de pobreza y vulnerabilidad, ahora Eta e Iota vinieron a reforzar condiciones de vulnerabilidad en nivel extremo. La construcción del muro se convirtió en un sueño hecho realidad, antes teníamos una maya, pero ahora nos duele haber perdido parte del muro perimetral que ayudaba a que las víctimas se sintieran segura y no tan expuesta visiblemente a que los mismo agresores llegaran a acosarlas en medio de un territorio machista y patriarcal», enfatizó Shira.

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Shira dijo sentir impotencia por no poder ayudar a muchas otras mujeres, pero que de ninguna forma se darán por vencidas. «Ese sentimiento de impotencia, lo convertimos en ganas de seguir luchando, porque los contextos de desastres y de pandemia son efectos que vulneran la condición de las mujeres y niñas, por eso dentro de la asistencia humanitaria debe estar presente el tema de la prevención de la violencia porque son espacios donde las niñas están más vulnerables, por el hacinamiento en sus casas, sus cuerpos están más vulnerables», especificó.

Múltiples necesidades 

De acuerdo con Shira, a corto plazo en el albergue se necesitan alimentos, medicamentos, zinc y clavos para reconstruir las infraestructuras dañadas. De la misma forma, requieren que se reactive la electricidad, que se restaure el sistema de agua, su almacenamiento para agua potable, y por supuesto, el muro perimetral que les brinda seguridad.

«Ellas están recibiendo su atención, las trasladamos a un espacio seguro, obviamente se requiere fortalecer las partes devastadas. Como costeños sabemos que estas situaciones vienen también a fortalecer nuestra resiliencia, nosotros hemos sido capaces ante miles de emergencias, pero apelamos a la solidaridad de las personas, movimientos, organizaciones para poder continuar con el trabajo que realizamos», detalló.

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Enseguida, mencionó que otra de las necesidades a largo plazo es la recuperación emocional de las niñas, debido a que «son niñas que han vivido episodios de vida bien fuertes por su condición de abuso y ahora confrontar dos huracanes seguidos obviamente eso genera también afectación a nivel emocional y de su salud mental», apuntó.

Para Shira, la problemática de la violencia de género y la naturalización de la misma debe ser erradicada de una vez. «La violencia y el abuso contra las niñas, no puede ser parte de una cultura de un pueblo, que requieren generar adecuaciones propias para el territorio», señaló.

 

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