“Está evidenciado que una de las áreas más afectadas después de los desastres naturales es la salud mental por las pérdidas que hay”. Así introduce la psicóloga Ana Carolina Picado, referente nacional de apoyo psicosocial de Cruz Roja Nicaragüense, el tema de la atención brindada en este campo a familias de la Costa Caribe Norte que fueron afectadas por el paso del huracán Eta.
Es por ello que paralelo a la entrega de víveres y kit de higiene, un equipo de Cruz Roja brinda atención psicosocial en la zona, siendo Prinzapolka y sus comunidades el primer municipio en recibirlo y con planes de replicarlo en Waspam para los próximos días. «Estamos haciendo esto con traductores porque el idioma a veces se convierte en una barrera. Con los traductores nos apoyamos mucho para intervenir a nivel familiar, hacemos también intervenciones individuales con los padres y las madres y algo que hemos detectado es que muchos niños llegan solo con la mamá porque son madres solteras”, revela.
El grupo que por estos días se encarga de atender la salud mental ha detectado la repetición de varios estados en la mayoría de damnificados: tristeza y depresión por haber perdido sus medios de vida, techos o cultivos; y buscando alivio en las iglesias cristianas localizadas en los alrededores. Otro aspecto que identifican los psicólogos y personas que han sido preparadas para apoyar en el aspecto emocional, es el nivel de apoyo comunitario. «Eso es importante para situaciones como la que viven, vemos que son muy solidarios entre ellos», resalta Picado.

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Prinzapolka es el primer municipio donde Cruz Roja llevó ayuda humanitaria. El pasado sábado 7 de noviembre partió de Managua una caravana de vehículos en donde se llevaba 1,500 paquetes alimenticios para la zona. Esta entrega se ha prolongado durante toda la semana por las distancias que se deben recorrer en pangas para llegar a la comunidades lejanas.
De acuerdo a un informe preliminar elaborado y publicado el lunes 9 de noviembre por el régimen de Daniel Ortega, 71,145 personas fueron evacuadas de zonas de riesgo por el paso de Eta. De este número, 47,297 fueron llevadas a albergues y los daños se calculan en 6,128.5 millones de córdobas.
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Procesos del duelo
Estos escenarios de desgracia y desesperanza que dejan huracanes como el Eta, categoría cuatro en su paso por la Costa Caribe Norte, a juicio de Picado dejan en shock a los afectados y «te dicen que eso no puede estar sucediendo, pero toca aceptarlo. Nosotros lo que tratamos de llevar como mensaje con las brigadas es que acepten esa nueva forma de vivir después de las pérdidas que han tenido. Intentamos que las personas entiendan que esta situación es muy difícil pero recuperable y que de poquito en poquito van a ir levantando sus casas».
Niñas, niños y adolescentes también deben ser atendidos
Inseguridad, temor, miedo, tristeza, depresión y ansiedad son parte de las secuelas psicológicas que pueden presentar los niños y niñas después de sobrevivir a cualquier desastre natural como huracanes, terremotos y tsunamis, según explicó la especialista en protección de la niñez, María Lily Rodríguez. Las repercusiones responden a los escenarios que experimenten: pérdidas humanas, pérdidas de viviendas y hasta impactos físicos directos a los menores.
La especialista del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef por sus siglas en inglés), manifestó a LA PRENSA que los desastres son lo suficientemente perturbadores para provocar estrés en cualquier persona, incluidos a niños, niñas y adolescentes quienes comienzan a presentar alteraciones en su salud física, mental y emocional a corto o largo plazo.
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«En situaciones de emergencia como la que recientemente vivimos en el Caribe Norte — por el huracán Eta —, pueden generar a la niñez múltiples afectaciones en sus emociones y ocasionarles que ellos tengan temor, si han tenido una afectación directa, como la pérdida de familiar o separación de sus padres. Cuando ellos ven que en su alrededor está pasando algo diferente, desconocido, que hay afectaciones en su entorno, que hay muchas pérdidas materiales y humanas, ellos suelen desarrollar sentimientos como tristeza, temor, ansiedad y depresión», remarcó Rodríguez.

Según explica, los niños y niñas tienden a presentar cambios espontáneos como una forma de expresar las secuelas que les dejó el fenómeno natural. «El niño puede ser más exigente, irritable o tiende a depender de sus tutores. Los más pequeños comienzan a tener miedo al dormir solos, miedo a la oscuridad, pesadillas o incluso a mojar la cama, estos son indicadores que están sufriendo de estrés o ansiedad», explicó la especialista y llamó a los padres a estar pendientes a las reacciones o manifestaciones.
Recomendaciones
La especialista en protección de la niñez sugiere a los padres de familias explicar temas tan complejos como los desastres naturales o conflictos políticos a través de lenguaje sencillo y adecuado a su edad, grado de madurez y compresión. «Es necesario que a medida que los niños y niñas vayan creciendo ellos también puedan entender con palabras amigables los tipos de fenómenos naturales, que conozcan los cambios climáticos y que de hecho pueden afectar a distintos sectores y territorios dependiendo de la vulnerabilidad», describió.
Manifestó que es necesario preparar a los niños para los contextos de emergencia, para que puedan contar con números de familiares e instituciones a las que puedan recurrir y ser auxiliados. «Como adultos debemos transmitirle seguridad y tranquilidad, hacerles ver que vamos a cuidarlos hasta donde podamos, pero también ejecutar acciones en los que puedan ser incluidos y ellos se sientan útil», afirmó.
Acompañamiento psicosocial
Sobre la situación de pobreza y limitaciones a servicios públicos que por años sufren los pobladores de la Costa Caribe Norte, la psicóloga exhortó al Estado, la sociedad civil y todas las organizaciones internacionales a brindar al sector más vulnerable atención prioritaria.
«Hay que priorizar y dirigir la ayuda, respuesta humanitaria a este territorio para contribuir a que se brinden lo que necesitan. Nosotros como Unicef vamos a poner a disposición del Gobierno un espacio de recuperación emocional, apoyo psicosocial, acompañamiento a las familias para trabajar y superar los traumas que están viviendo», aseguró.
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«Espacios amigables para la niñez en situaciones de emergencia», forma parte de las metodología que pretende desarrollar Unicef en la zona que actualmente enfrenta los embates del paso del huracán Eta. Rodríguez explicó que el objetivo es «generar espacios comunitarios donde los niños y niñas acudan y participen en actividades con especialistas, para que ellos puedan liberar las emociones y la carga que estén presentando producto de la emergencia», detalló.
Vulnerables a situaciones de violencia
Además Rodríguez se refirió a que en momentos de emergencia la niñez está expuesta a situaciones de vulnerabilidad como explotación, violencia de género y familiar, por lo que llamó a los adultos a manejar sus emociones y ser más flexibles con los menores.
«Tenemos que estar muy atentos a las reacciones y emociones de los niños, muchas veces por el estrés que se vive en sus familias, la desesperación que viven los adultos y descargan sus frustraciones en los menores a través de castigos físicos, maltratos emocionales. Como adulto se debe tratar de manejar las emociones, dejar que los niños se expresen, a escucharlos, y un poco más flexible en estos momentos de emergencia, que para ellos se vuelven difíciles y duros», concluyó.