El papa León XIV da su bendición a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el miércoles pasado. AFP

El papa León XIV da su bendición a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el miércoles pasado. Filippo MONTEFORTE / AFP

Evangelización y migración: un viaje al corazón de los retos de Europa

De Madrid a Barcelona y a las Islas Canarias: los retos de la peregrinación de León XIV por España en el centenario de la muerte de Gaudí, el arquitecto de la Sagrada Familia

El viaje de siete días que el Papa León XIV se dispone a realizar por España, y que le llevará a la capital, Madrid, luego a Barcelona y finalmente a las Islas Canarias, es una peregrinación al corazón de los retos de Europa. O mejor aún, un viaje que, en tres etapas, resume los grandes retos para la Iglesia en el Viejo Continente.

Tras el realizado en Turquía y el Líbano, de profundo significado ecuménico y por la paz en una tierra —la del País de los Cedros— donde en los últimos meses se ha desatado un conflicto devastador para la población afectada por los bombardeos israelíes; tras el viaje relámpago al Principado de Mónaco y el del pasado mes de abril, que duró 11 días en cuatro países africanos (la peregrinación «misionera» que León hubiera querido que fuera la primera de su pontificado), hoy el Sucesor de Pedro se encuentra con una sociedad europea fuertemente polarizada, la española.

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Ni colateralismo ni intimismo

La primera etapa, Madrid, estará especialmente marcada por el encuentro con los miembros del Parlamento: un momento importante para recordar cuál es la mirada con la que la Iglesia considera la política y el compromiso por el bien común. Una mirada hoy ya alejada de toda forma de colateralismo, así como de toda reducción de la fe cristiana al intimismo que propugna la ideología laicista. Lejos del colateralismo, porque la Iglesia, para ser ella misma y anunciar el Evangelio, no puede ni debe apoyarse en el poder, estableciendo vínculos que acaban por empañar su misión. Lejos del intimismo, porque la fe es encarnada y los cristianos están llamados a dar testimonio del Evangelio a través del compromiso concreto por hacer de la sociedad una sociedad más humana, más justa, más atenta a los últimos.

La Iglesia española, llamada a dar testimonio de una unidad polifónica en tiempos de polarizaciones y contraposiciones, ha atravesado en el último siglo, junto con todo el pueblo ibérico, el drama de la guerra civil y ciertas heridas aún no han cicatrizado del todo.

Predicar el Evangelio en tiempos de un ascendiente secularismo

¿Cómo se anuncia hoy el Evangelio en el contexto de una sociedad fuertemente marcada por una gran tradición cristiana que ha forjado su identidad, pero que hoy parece cada vez más secularista? Esta es la pregunta que, de hecho, atravesará toda la peregrinación del Obispo de Roma.

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En Barcelona, precisamente en la visita a la grandiosa basílica de la Sagrada Familia, durante la cual el Papa inaugurará la torre más alta dedicada a Jesucristo, se encuentra una posible respuesta: a través del lenguaje de la belleza. Desde siempre, la Iglesia ha hablado a todos a través del arte y, en particular, a través de las imágenes. Gran parte de la catequesis a lo largo de los siglos se ha llevado a cabo mediante frescos, mosaicos y esculturas. La Sagrada Familia, fruto de la fe y del ingenio de un arquitecto catalán fallecido hace cien años y hoy en camino hacia los altares, es un poderoso ejemplo de este lenguaje de la belleza: quien se encuentra ante la basílica es acompañado en un viaje a través de la esencia de la fe cristiana. La lección de Antoni Gaudí es, por tanto, de gran actualidad, sobre todo para nuestro tiempo y para Europa, donde se ha interrumpido de hecho la transmisión de la fe en el seno de la familia y donde ya no se puede dar por sentada la primera evangelización.

La Sagrada Familia será visitada por el papa León XIV en su visita a España que debe comenzar el sábado 6 de junio. LLUIS GENE/AFP

El drama de los inmigrantes en el periplo papal

Por último, la parada en Gran Canaria y Tenerife, para conocer de primera mano el drama que viven los migrantes.

Estos, si sobreviven a la travesía, llaman a las puertas de Europa, aunque a menudo el Viejo Continente no afronta de manera coordinada y organizada esta emergencia, dejando solos a los países más expuestos, entre los que sin duda hay que contar a España. Es sabido que la parada en Canarias era un deseo ya expresado por el Papa Francisco, que su sucesor lleva ahora a cabo. León XIV publicó el pasado octubre la exhortación apostólica «Dilexi te», fruto de un trabajo iniciado durante el pontificado anterior.

En ese texto se ponía de relieve el nexo que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres, a los últimos, a los que sufren, a los «extranjeros» mencionados por Jesús en el Evangelio. En la encíclica «Magnifica humanitas», el Papa pide «adoptar un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los grandes; para mirar la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo». La etapa en Canarias se adentra, pues, en la carne viva de los sufrimientos de los últimos con una llamada al testimonio evangélico de los cristianos. Y, al mismo tiempo, una llamada a la responsabilidad de todos: la de seguir siendo humanos.

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